18 de junio de 2018

Kahlúa, el perro que me encontró

Cuando perdí a Lorco, no pensé que podría
querer a otro perro igual… o aún más. Lorco
era la compañía de mi tía abuela, un can
lanudo, negro y sato, hijo de otro animalito
recogido en casa, como tantos, a quien
bautizamos Lorca. Criados en el ambiente
teatral, a nadie le extrañaba que todas
nuestras mascotas llevaran nombres similares.
Así pasaron por nuestras vidas Shakespeare,
Yocasta, Medea, Edipo (un gatito ciego),
Segismundo, Macbeth, Hamlet, Romeo y Julieta.
El asunto es que Lorca parió a Lorco y se lo regalamos a mi tía que, para ese momento,
vivía sola. Cuando empecé mis estudios universitarios me hospedé en su casa y Lorco me adoptó.
Iba conmigo a todos lados, a la tienda, a los cursos, a caminar por el barrio, hasta dormía en mi
cama, tanto compartimos que mi tía ya lo consideraba mío. Con el tiempo, me mudé a un
apartamento cercano y Lorco, sin despedirse de nadie, se presentó en mi puerta. A veces,
le remordía la conciencia y se escapaba a visitar a mi tía, demostrando su alma noble y gitana.
Siempre se vio tan seguro de su camino que no me percaté de que se estaba poniendo viejo y
sus sentidos ya no respondían igual. Un día no vio ni escuchó un carro que transitaba a toda
velocidad y se fue a morar en mis recuerdos. Me enojé tanto conmigo, con la gente,  con mi suerte,
me juré que jamás volvería a amar a otro perro, no quería saber más de mascotas; sin embargo,
la vida que me lo arrebataba me regalaría a Kahlúa.

Trabajaba entonces como libretista en un programa de televisión  matutino. Una de esas
mañanas, presentaron un vídeo del rescate, desde una cueva subterránea, de un perro adulto de
padre pitbull y madre boxer.  Al parecer, era uno de esos animales usados como chatas para
entrenar canes de pelea. El pobre ya no le era útil a sus dueños y fue abandonado a su suerte,
prácticamente enterrado en vida. ¿Quién sabe cómo lo habían obtenido? ¿Qué tipo de vida le
dieron? ¡Cuánto sufrimiento innecesario! ¡Y nos atrevemos a llamarles animales! La animadora
del programa conocía mi tristeza y, con el programa transmitiendo en vivo, me preguntó si lo quería.
Sin pensarlo, casi por compromiso, dije sí.
Una semana después, supe haber hecho lo correcto.  Aquellos ojos tristes se encontraron con
los míos y ya nos reconocimos como amigos.  No era joven, estaba flaco, sucio,
el maltrato era visible, tenía sus colmillos modificados para morder , una cicatriz grande en el
vientre y otras más chicas en el cuerpo, supongo huellas  de luchas con otros perros.
¿Cómo lo llamarás? me preguntaron. Café, contesté. Sentí un silencio de rechazo; conociéndome,
esperaban algo especial... No, no, Kahlúa. Esta vez oí risas de aprobación. Sí, Kahlúa.  
Mejor evitar los nombres de héroes trágicos, tan comunes en mi familia. Ya Kahlúa era un
sobreviviente. Quizás así podría evitarle el destino fatal que lo amenazaba.
Con cuidados extremos y una sobredosis de cariño, Kahlúa dejó de ser el perro temible
que sospechamos podría ser y se convirtió en uno hogareño y tranquilo. Mis hijas jugaban con él
sin miedo alguno, ¡hasta los gatos abusaban de su paciencia!  Traté, por todos los medios, de que
cambiara la terrible opinión que tendría de los humanos, muy merecida por cierto.
Creo que lo logré. Gané un nuevo compañero de aventuras, un amigo sencillo y fiel,
un ejemplo de tesón y valentía.
El mes pasado Kahlúa desapareció Desde el interior de mi casa oí una voz que lo llamaba.
"Ven perrito, ven".  En lo que me vestí y salí, una mujer lo montaba en su auto y se lo llevaba.
Lo estuve buscando por todas partes, pasé su foto por internet, formé grupos de búsqueda física y
virtual.  Empecé a recibir avisos de gente que decían haberlo visto. Los seguí todos, siempre me
dio la impresión de llegar varios minutos tarde. “Estaba caminando hace unos días por la plaza”.
“Le dimos comida anoche a uno igual”. “Por aquí andaba ayer”.  “Esta mañana le di agua en ese
cacharro”. Allí todavía estaba el envase pero ni rastro de él. Caminamos por semanas el pueblo
de arriba abajo, recorrimos todas las rutas circundantes. Nada. Mi niña mayor cantaba a gritos:
“Kahlúa, Kahlúa, vuelve a tu casa siguiendo mi voz” con la ilusión de verlo salir de cualquier
esquina. Sin resultado. Todos los días terminaban en un llanto sin esperanza.
Una mañana me avisaron. “Tu perro está en la avenida...atropellado”. Salí corriendo.
Era cierto. Vi su piel cobriza, sucia y maloliente, llevaba horas sin vida, ya hinchado, abierta
la cicatriz del vientre, una horripilante imagen que desearía nunca haber presenciado. El espanto
y las lágrimas no me permitieron mirarlo. No toleré verlo putrefacto, no era justo que muriera
como un desconocido, Kahlúa era un guerrero, era digno de todos los honores. Lo tapé con un
paño y  fui por herramientas que me permitieran enterrarlo. "Espérame, compañero, volveré por ti".
Regresé a casa. Necesitaba calmarme.  Apenas si pude entrar, las rodillas me fallaron y
me derrumbé. Allí, en el patio, sus juguetes, su frazada, su bola, su plato.  El mundo daba vueltas,
quería encontrar a Kahlúa, era lo que más deseaba en el mundo, pero no así, no así. Sentí en ese
momento un fuerte escalofrío, una piel conocida rozaba la mía, un empujón me tiró al suelo y
una lengua intentó secar mis lágrimas. No sé cómo pero allí estaba Kahlúa, lamiendo mi cara e
intentando que reaccionara. Quedé estupefacto. ¿Cómo era posible? Lo acababa de dejar tapado
al borde de la avenida. ¿Qué perro lloré entonces si aquí estaba el mío, vivo? Se postró a mi lado,
venía, no sé de dónde, muy cansado. Le di agua. Bebió con calma. Le ofrecí comida, la probó
sin entusiasmo Era más su cansancio que su hambre y sed. Se acomodó en mi regazo y se durmió.
¿Dónde había estado? ¿Cómo encontró el camino de regreso? ¿Lo trajo alguien? ¿Por qué?  
No lo supe en aquel momento, no lo sé aún y creo que jamás lo sabré.
Pienso ahora en aquel perro solitario y vagabundo a quien nadie buscó o extrañó.
De alguna manera, pude despedirlo y agradecerle su paso por la vida.  Era él a quien seguí todo
el tiempo, el que me dejó pistas para que no perdiera la fe, quién provocó mi llanto desesperado
pidiendo en secreto un milagro.  Y me lo concedió. Como Lorco, fue Kahlúa quien me encontró.
Kahlúa…no sé cómo regresaste a tu Itaca pero lo lograste. ¡Tal vez debí llamarte Ulises!


Siluz
Basado en una historia real

Mayo 2018

21 de agosto de 2017

El día en que se apagó el sol

“Otros pueblos tienen santos,
los griegos tienen sabios.”

F. Nietzsche


Astiages ascendió al Monte Parnaso por la Vía Sacra.  Era requisito purificarse en alguno de los manantiales que brotan de las rocas.  Leyó la inscripción sobre la fuente de Castalia:  “Al buen peregrino le basta una gota, al malo ni el océano podría lavar su mancha.”  Tranquilo y seguro de sí mismo, se bañó en las aguas puras.  Su misión: consultar al oráculo de Delfos, famoso por sus predicciones tan ambiguas como certeras.  No defraudaría a su padre.

Tras el ritual de purificación, la pitonisa fue vestida de gala y colocada en un trípode en la profundidad del santuario.  La emanación de gases provenientes de una grieta en el suelo la sumergía en un  profundo trance.  De los labios de la sibila saldría  la voz de Apolo esclareciendo cuestiones humanas.  Era una mujer joven, virgen, escogida para ser instrumento divino y residir por siempre en el santuario.

Estaba próximo el día siete, fecha en que se celebraba el nacimiento del dios.  Los consultantes ofrecieron sobre un altar los pasteles requeridos, luego salpicaron con agua fría cabras y ovejas.   Solo aquellos animales que reaccionaran serían aceptados para el sacrificio.  Era la señal necesaria, el permiso para formular una pregunta.  La cabra que ofreció Astiages tembló. 

“Ciaxares, rey de los medos,  ha dispuesto separar los lanceros, arqueros y jinetes.  ¿Conseguirá con esta nueva formación dominar a los lidios y controlar Anatolia? ¿Funcionará esta estrategia y podrá ganar la guerra?”

El sacerdote tomó la tabla escrita por el joven y se la llevó a la pitonisa.  Desde una distancia prudente Astiages observaba cada movimiento de la doncella.  A pesar de que no podía definir sus rasgos con claridad sí percibió su silueta hermosa y la mirada perdida de unos ojos que simulaban no verlo.  También pudo escuchar palabras sueltas y algunos balbuceos incoherentes que el profeta interpretó.

—Cuando la noche devore al sol los soldados, temerosos,  guardarán sus espadas.  Tras el día de la obscuridad total, reyes enemigos se convertirán en abuelos de los mismos niños y... firmarán  la alianza entre sus pueblos.

Misión cumplida. Llevaría este mensaje al rey. Para su padre era muy importante el vaticinio.  Desde que los medos derrotaron a los asirios y pactaron con los caldeos, su pueblo empezaba a verse como una nueva potencia.   Hasta su hermana, Amitis, había sido entregada en matrimonio al entonces príncipe Nabucodonosor. De nada sirvieron sus súplicas, Ciaxares sabía que era esta alianza la estocada final para el imperio sirio y su otrora ejército invencible.  Para expandir su reino hacia el oeste y el Egeo, ya solo le quedaba un obstáculo:  vencer a Alyattes, rey de los lidios.
Iba a ayudarlo a obtener esa importante victoria aunque con una nueva meta trazada:  regresar a Delfos, buscar a aquella muchacha entregada al servicio de Apolo, liberarla, devolverle la vida y la sonrisa y ¿por qué no? amarla.  Su soledad, congoja, entrega e inteligencia lo cautivaron.  No podría escoger a una reina mejor.

Seis años duró la guerra.  Unas batallas ganadas por los lidios, otras por los medos.    Y en cada una, Astiages no pudo olvidar la voz ni los ojos tristes de aquella pitonisa.  Tan pronto los reyes firmaran la alianza vaticinada, la buscaría.  Mas pasaba el tiempo y no se vislumbraba aún una solución. La esperanza de soltar las armas y volver por ella parecía cada vez más distante.

Un integrante del ejército lidio, Tales de Mileto, había hecho los cálculos precisos. Las creencias egipcias y su sabiduría matemática fueron su herramienta.  Lo predijo. Y ocurrió.  Corría el cuarto año de la  cuadragésima octava  Olimpiada. 170 después de la fundación de Roma, 585 antes de Cristo.  28 de mayo. El día en que la oscuridad abarcó el infinito, la luz abandonó la tierra  y rigió el caos sobre el orden celeste. El día del eclipse solar.  El día en que se apagó el sol.   Era una señal de los dioses.  ¿Estaría Apolo enfurecido por la intención de Astiages de rescatar a su servidora?


Los soldados soltaron sus espadas presos de terror.  Los reyes de ambos ejércitos decidieron pactar y surgió una alianza que parecía imposible minutos antes.  Los asesores reales consideraron que aún  faltaba un lazo permanente, algo que evitara que pudiera romperse esa coalición.    Una vez más estos hombres de guerra con el propósito de avalar la paz olvidan el amor.  Y se decretó la orden:  Astiages, hijo de Ciaxares, se casará con Aryenis, hija de Alyattes. Por la unificación de sus reinos.

Mientras allá en Delfos, una pitonisa sabe lo que nadie le ha dicho.  Sin alucinógenos, sin talismanes, sin rituales, predice su propio destino.  Servirá al dios del sol hasta el fin de sus días y callará lo que hubiera preferido ignorar.

—Imposible te será ahora volver por esta pitia, Astiages. Me abrigó tu mirada amorosa y podría haberte correspondido.  Pero presentí quién eras y quién serías.  Por eso oculté parte de la profecía:   “Cuando la noche devore al sol los soldados, temerosos,  guardarán sus espadas.  Tras el día de la obscuridad total, reyes enemigos se convertirán en abuelos de los mismos niños y sus hijos firmarán  la alianza entre sus pueblos antes de que sus biznietos los derroquen.”  Sus hijos, Astiages, sus hijos.  No son los reyes los que firmarán el pacto. Lo harán tú y ella. Jamás seremos tú y yo. Nuestros sinos están escritos y van por diferente camino.  No hay escapatoria.  Solo te queda obedecer, hijo de Ciaxares.  Pero cuídate de tu propia sangre que te llevará a la perdición.

Apolo ha hablado. 


Elsia Luz Cruz Torruellas
2007 - Historias del Oráculo


Herodoto de Halicarnaso, que vivió entre 485-420 a.C., escribió dos referencias al eclipse del año 585 a.C. En Historias, I: 74 leemos:
"Tuvo lugar una guerra entre los lidios y los medos durante cinco años, en los que muchas veces los medos vencieron a los lidios y muchas los lidios a los medos. Dentro de ella incluso llevaron a cabo una batalla de noche: a ellos, que proseguían en condiciones de igualdad la guerra, en el sexto año, iniciado el combate, les aconteció que, trabada la batalla, el día de repente se hizo noche. Tales de Mileto había predicho a los jonios que sucedería esta mutación del día, habiendo propuesto como término el año ese en el que ciertamente tuvo lugar el cambio. Y los lidios y los medos, cuando vieron que se hacía de noche en lugar de día, pusieron fin a la batalla y de manera especial se apresuraron también ambos a que se hiciera la paz entre ellos. Y quienes los reconciliaron fueron estos: Siénesis, cilicio, y Labineto, babilonio. Éstos fueron los que se esforzaron por que se produjera la alianza entre ellos, e hicieron un intercambio matrimonial: en efecto, decidieron que Alyattes entregara a su hija Aryenis a Astiages, el hijo de Ciaxares; pues sin un lazo fuerte unos tratados firmes no pueden mantenerse. Y, en cuanto a los pactos, hacen esos pueblos lo que los helenos y, además de esto, una vez que se cortan los brazos a nivel de la piel, chupan mutuamente la sangre" 
Tomado de: http://www.astrosafor.net/Huygens/2005/56/Eclipse-585.htm

27 de marzo de 2017

Mensaje del Día Mundial del Teatro 2017, por Isabelle Huppert

Por Isabelle Huppert - Domingo, 26 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h.
Así que, aquí estamos una vez más. Reunidos de nuevo en la primavera, 55 años desde nuestra reunión inaugural, para celebrar el Día Mundial del Teatro. Sólo un día, 24 horas, está dedicado a celebrar el teatro en todo el mundo. Y aquí estamos en París, la principal ciudad del mundo para atraer a grupos teatrales internacionales, para venerar el arte del teatro.
París es una de las ciudades del mundo, apta para contener las tradiciones del teatro en un día de celebración. Desde aquí en la capital de Francia podemos transportarnos a Japón experimentando el teatro Noh y Bunraku, trazar una línea desde aquí a pensamientos y expresiones tan diversas como la Ópera de Pekín y Kathakali. El escenario nos permite permanecer entre Grecia y Escandinavia mientras nos envolvemos en Esquilo e Ibsen, Sófocles y Strindberg. Nos permite volar entre Gran Bretaña e Italia mientras reverberamos entre Sarah Kane y Prinadello. Dentro de estas veinticuatro horas podemos ser llevados de Francia a Rusia, de Racine y Moliere a Chejov;incluso podemos cruzar el Atlántico como un rayo de inspiración para servir en un Campus en California, atrayendo a un joven estudiante allí para reinventar y hacer su nombre en el teatro.
De hecho, el teatro tiene una vida tan próspera que desafía el espacio y el tiempo. Sus piezas más contemporáneas se nutren de los logros de los siglos pasados, e incluso los repertorios más clásicos se vuelven modernos y vitales cada vez que se juegan de nuevo. El teatro renace siempre de sus cenizas, derramando sólo sus convenciones anteriores en sus nuevas formas: así es como se mantiene vivo.
El Día Mundial del Teatro entonces, obviamente, no es un día ordinario para ser integrado como un día más. Nos da acceso a un inmenso espacio-tiempo continuo a través de la pura majestad del canon global. Para permitirme la capacidad de conceptualizar esto, permítanme citar a un dramaturgo francés, tan brillante como discreto, Jean Tardieu: Al pensar en el espacio, Tardieu dice que es sensato preguntar “¿cuál es el camino más largo de uno a otro?”... Para el tiempo, sugiere “medir en décimas de segundo el tiempo que tarda en pronunciar la palabra eternidad”... Para el espacio-tiempo, sin embargo, dice: “antes de que te duermas, pon tu mente sobre dos puntos del espacio, y calcula el tiempo que tomas, en un sueño, ir de uno a otro”. Es la frase en un sueño que siempre ha pegado conmigo.
Parece que Tardieu y Bob Wils se conocieron. También podemos resumir la singularidad temporal del Día Mundial del Teatro citando las palabras de Samuel Beckett, que hace que el personaje Winnie diga, en su estilo expedito: “Oh, qué hermoso día habrá sido”. Al pensar en este mensaje, que me siento honrada de haber sido invitada a escribir, recordé todos los sueños de todas estas escenas. Como tal, es justo decir que no vine sola a esta sala de la UNESCO. Cada personaje que he tocado está aquí conmigo, papeles que parecen salir cuando cae el telón, pero que han tallado una vida subterránea dentro de mí, esperando para ayudar o destruir los papeles que siguen: Fedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche DuBois .... También me complemento con ellos como estoy ante ustedes hoy son todos los personajes que amé y aplaudí como espectadora. Y así es, por lo tanto, que yo pertenezco al mundo.
Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, una neoyorquina, un marsellés, un filipino, un argentino, un noruego, un coreano, un alemán, un austriaco, un inglés. Del conjunto personal que existe dentro de mí. Porque es aquí, en el escenario y en el teatro, donde encontramos la verdadera globalización.
Laurence Olivier anunció en el Día Mundial del Teatro en 1964 que, después de más de un siglo de lucha, se acaba de crear un Teatro Nacional en el Reino Unido, al que inmediatamente quiso transformarse en un teatro internacional, al menos en términos de su repertorio. Sabía muy bien que Shakespeare pertenecía al mundo.
Al investigar la escritura de este mensaje, me alegró saber que el mensaje inaugural del Día Mundial del Teatro de 1962 fue confiado a Jean Cocteau, un candidato apropiado debido a su autoría del libro Around the World Again in 80 Days.Esto me hizo darme cuenta de que he ido por el mundo de manera diferente. Lo hice en 80 programas o en 80 películas. Incluyo películas en esto como sin diferenciar entre hacer teatro y cine, lo que me sorprende incluso cada vez que lo digo, pero es cierto, así es, no veo diferencia entre los dos. Quien habla aquí no soy yo, no soy actriz, soy sólo una de las muchas personas que utiliza el Teatro como un conducto para existir, y es mi deber ser receptiva a esto, o, en otras palabras, no hacer que el teatro exista;es más bien gracias al teatro que existimos. El teatro es muy fuerte. Resiste y sobrevive a todo, guerras, censores, penuria.
Basta con decir que “el escenario es una escena desnuda de un tiempo indeterminado”, todo lo que necesita es un actor. O una actriz. ¿Qué van a hacer? ¿Qué dirán ellos? ¿Hablarán? El público espera, lo sabrá, porque sin el público no hay teatro, nunca tenemos que olvidar esto. Una sola persona es una audiencia. ¡Pero esperemos que no haya demasiados asientos vacíos!
Las producciones de Ionesco están siempre llenas, y él representa este valor artístico franco y hermoso teniendo, al final de una de sus obras, una vieja señora que dice: “Sí, sí, muere en plena gloria. Vamos a morir para entrar en la leyenda ... al menos tendremos nuestra calle ...”.
El Día Mundial del Teatro existe desde hace 55 años. En 55 años, soy la octava mujer en ser invitada a pronunciar un mensaje -si usted puede llamar a esto un “mensaje”- . Mis predecesores (oh, cómo se impone el macho de la especie) hablaron del teatro de la imaginación, la libertad y la originalidad para evocar la belleza, el multiculturalismo y plantear preguntas sin respuesta.
En 2013, hace apenas cuatro años, Dario Fo dijo: “La única solución a la crisis radica en la esperanza de la gran caza de brujas contra nosotros, especialmente contra los jóvenes que quieren aprender el arte del teatro: así en una nueva diáspora, surgirán actores que indudablemente extraerán de esta limitación beneficios inimaginables al encontrar una nueva representación”. Beneficios inimaginables -suena como una fórmula agradable, digna de ser incluida en cualquier retórica política, ¿no les parece?-.
Como estoy en París, poco antes de una elección presidencial, quisiera sugerir que aquellos que aparentemente anhelan gobernarnos deben ser conscientes de los beneficios inimaginables que trae el teatro.
El teatro para mí representa el otro y el diálogo con el otro, y es la ausencia del odio.
«Amistad entre los pueblos»: no conozco demasiado lo que esto significa, sino que creo en la comunidad, en la amistad entre espectadores y actores, en la unión duradera entre todos los pueblos que el teatro reúne -traductores, educadores, artistas escénicos, académicos, profesionales y audiencias-. El teatro nos protege;nos acoge ... Creo que el teatro nos ama ... tanto como nos gusta ...
Recuerdo a un antiguo director de escena con el que yo trabajé, que antes de levantar el telón de la noche gritaba con firmeza: “¡Hagan sitio al teatro!” Y estas serán mis últimas palabras esta noche.
¡Hagan sitio al Teatro!
Gracias.

Isabelle Huppert

Se le encomendó a la actriz francesa Isabelle Huppert dar el mensaje oficial del Día Mundial del Teatro 2017. La protagonista de Elle es la octava mujer que lo ofrece en sus 55 años de historia, como ella misma recuerda en su misiva. Aunque ha alcanzado la fama internacional gracias a su trabajo en el cine, Isabelle Huppert tiene una veintena de obras de teatro en su haber.  Medea, Juana de Arco, Orlando o Hedda Gabbler son algunos de sus papeles más aplaudidos sobre las tablas. Nacida en París en 1953, Huppert se subió por primera vez al escenario del Teatro Odeón a los veinte años y por última vez el año pasado con la obra Fedras. Para ella, "nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos".  (datos tomados de: http://www.eldiario.es/cultura/Isabelle-Huppert-resistiendo-Dia-Mundial_0_626437439.html) 

25 de enero de 2017

Diez años escribiendo en voz alta

Lo escribo y me parece imposible. ¡Diez años!   Fue el 25 de enero de 2007 cuando me presenté en la primera entrada de este blog: Bienvenido a leer lo que escribo en voz alta.  
"Soy puertorriqueña. Vivo en una isla latinoamericana y caribeña. Una isla, unida al resto de esta América hispana, que como toda ella, quiere ser libre. Una isla, la menor de las Antillas Mayores, que habla y piensa en español, que ha sufrido más de 500 años de coloniaje, que lucha por su identidad y su cultura. Borikén, Borinquen, Puerto Rico. Soy boricua".

Al leer los comentarios de esa primera entrada de introducción y a la que le sigue Iguazú, Agua grande, publicada ese mismo día, me sorprende ver seis lectores que todavía me siguen comentando, ya sea aquí o a través de la página hermana en facebook: Rocío, Hek, Claudia, Hilda, mi hija Maritza y Sandra, mi hermana.  ¡Gracias! Ellos, junto con Ivonne y Olga, excelentes blogueras, han sido mis lectores más fieles y consecuentes.  Gracias por este intercambio de ideas, por su constante presencia, por dejar huella.

Un año después escribía:  "Ese día abrí la puerta hacia un mundo nuevo. Una de esas puertas que luego se hace imposible cerrar".  No me imaginaba entonces cuan ciertas eran esas palabras. Van diez años y, aunque con menos frecuencia, las puertas continúan abiertas. 

Me propuse escoger las entradas más significativas por años y se me hizo muy difícil. Hay entradas que los son para mí pero apenas fueron leídas o comentadas, Hay otras que me parecieron triviales y sin embargo, fueron más aceptadas. Algunas salieron casi sin pensar, otras requirieron trabajo investigativo. Unas me tomaron poco tiempo, otras días. como esta, la primera del 2017. Mientras voy preparando este resumen, encuentro muchas entradas que me parecen desconocidas, otras las recuerdo como si las acabara de escribir, unas han sido compartidas, otras cayeron en el olvido.    

¿Ama de casa, vos? - donde relato mis primeras experiencias de esta boricua como ama de casa en Argentina
El día señalado - versión libre de los sucesos del Cerro Maravilla, como homenaje a los dos muchachos asesinados, Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví
Mi Roosevelt viejo - recuerdos del pequeño mundo donde me crié
Diez días en tierra lejana - historia de un amor otoñal
Marejada - interpretando los embates del mar
Serrat y yo - un amor puro y eterno
Niños infinitos - la más dolorosa historia, el daño causado por los adultos a los más indefensos e inocentes
Mi herencia - recordando a mi mami
Un cuento para Urayoán - historia para mi nieto motivada por su nombre
La Borinqueña - sobre nuestro himno nacional
Precioso pero no es mío - historias que se corren por Internet con autor equivocado
Señora de las seis décadas - un recuento de estas seis décadas vividas - enlazando hilos de una misma historia
Recordándote, querida titi - en memoria de mi querida titi Lydia
Dejé mi piel en Isla de Cabras - cuento dedicado a mi abuelita Esperanza, quien vivió allí sus primeros seis años.
Nombres inmortalizados por un poeta - nombres que se han hecho eternos por la poesía
Gracias, Vega Baja - por el reconocimiento que me hicieron con motivo del día del teatro
Mi mejor reportaje - un cuento a diez años del huracán Katrina

Las entradas más leídas según las estadísticas:
Día del Maestro - celebración en distintos países
Tener 60 años - discurso de la Dra. Mirta Nuñez  en Colombia con el que muchos baby boomers nos identificaremos
A la sombra de Simón Bolívar: Manuela Sánz - parte de la serie "A la sombra de ellos" que incluye además a las parejas: Atahualpa y Nenette, Dalí y Gala, San Martín y Remedios, Freud y Martha, Corretjer y Consuelo, Juan Ramón y Zenobia, Gibrán y Mary, St. Exupéry y Consuelo.
Feliz día de las madres y Un ramo de canciones para mamá
La revolución nacionalista de 1950 - recuento de ese momento histórico
Verdades amargas - sobre el poema del hondureño Ramón Ortega, "el poeta olvidado"
Maestros del sarcasmo - frases  famosas, quizás hirientes pero no por eso menos ingeniosas

Son diez años, en los que he conocido mucha gente, compartido mucho. Diez años que me han dado un vehículo de expresión, tan necesario para que no se acumulen los pensamientos y las ideas en el alma. Diez cortos y largos años. ¡Una década  escribiendo en voz alta!



¡Gracias!
Los quiere siempre,
Siluz 

21 de diciembre de 2016

Lo mejor que la vida me dio


Siempre conté contigo, recuérdalo, 
Y aunque haya crecido, nada cambió. 
Y te pido que tengas presente 
Que siempre serás lo mejor que la vida me dio. 

Pimpinela



10 de noviembre de 2016

¿Debemos votar los viejos?

Mi hermana, Sandra Cruz Torruellas, escribe lo siguiente en su página de Facebook. Por estar completamente de acuerdo y por el valor de su exposición, le pedí permiso para compartirlo.  Es triste darse cuenta que en realidad hay personas que piensan que para que haya un verdadero cambio en la sociedad, "mucha gente debe dejar de votar - o morirse- lo que ocurra primero". Pero dejo que Sandra lo explique mejor: sus palabras son más que suficientes.

A raíz de las elecciones, leo una serie de comentarios de jóvenes adultos en Facebook. Muchos de ellos nos responsabilizan a nosotros, los "baby-boomers", de los resultados, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Algunos me sorprendieron sobremanera: "nuestros viejos deberían morirse", "deben prohibir el voto a los mayores de 60 años", "a costa de los jóvenes", "This is the reality - a lot of people have to stop voting (or die - whichever comes first) for change to come", etc.

Me pregunto entonces, ¿cuándo cambió todo? ¿desde cuándo ya los viejos no representan sabiduría? ¿cómo los viejos dejaron de ser objeto de veneración y respeto? Me temo que ya hace décadas, reflexiono... pero ya esos son otros veinte pesos.
¿Así que deberíamos morirnos? (Aquí me acuerdo de "Soylent Green", no sé porqué...) "Los viejos están viviendo mucho, son una amenaza para la economía, hay que hacer algo sobre eso", recuerdo que alguien dijo hace un tiempo. ¿Realmente es lo que piensan las nuevas generaciones? ¿Nos quieren en silencio, o mejor, muertos?
Y sigo con mi interrogatorio interno: Si bien es cierto que muchos viejos votaron por alguno de los dos partidos principales, ¿no es cierto igual que muchos jóvenes también lo hicieron? ¿No es cierto que muchos llamados viejos, los viejos de ahora, son muy diferentes a sus padres y abuelos, y que incluso mantienen una mentalidad y una actitud de vanguardia? De la misma forma, ¿no hay jóvenes que votan, como escuché en algunas entrevistas, como lo hicieron sus padres y abuelos, por tradición, porque "siempre ha sido así"? En cualquier caso, ejercen su derecho.
Prohibir que votemos... ¿aplicaría solo a los votantes? ¿se prohibiría a los candidatos postularse después de los 60? ¡Anda!, entonces, ni Cidre (63 años), ni Clinton (69 años), ni Trump (70 años), y quizás ni siquiera estuviera yo ahora comentando sobre esto.
Aquí ya me refugio en las palabras del querido Pepe Mujica (81 años). Al dirigirse a un grupo de jóvenes, les recuerda que la juventud física es pasajera pero que hay que recordar algo muy importante:
“No se dejen robar la juventud de adentro. La de afuera, inevitablemente, se la lleva el tiempo. Pero hay una juventud peleable, territorio adentro, mirándonos hacia nosotros mismos, y está unida a una palabra muy simple y muy pequeña: solidaridad con la condición humana”.
Esa es la que yo conservo.
Sandra

31 de octubre de 2016

Dolor de patria

     La patria me duele, me duele mucho,  pero sigo sentada frente a mi computadora pensando en lo que podría ser, en lo que debería ser. Desde la comodidad tranquila de mi revolución virtual, de mi rebeldía de teclas, me desespera ver a los políticos enfrentarse en debates absurdos, burlescos. Juro que no votaré por los mismos y se aparecen sonrisas burlonas diciéndome: claro que lo harás, no solo tú sino todos ellos, los que hablan mucho y dicen poco, los que hablan poco y hacen menos, los que siguen las masas, los que son dominados por los medios, los súbditos y creyentes, los ingenuos y fanáticos, todos votarán por los mismos colores e insignias que votaron antes sus padres y sus abuelos. Intentarán evitar que gane el hijo de papá, del  autodenominado “mesías” pero, él triunfará de todas formas, porque lo dicen las encuestas, las probabilidades, el FBI, la justicia de doble vara, el destino y hasta la rueda más hermosa, la que brinca la tortuga. 

     Sí, mi patria me duele, porque mi suerte va unida a la suya, la mía y la de mis descendientes, los de sangre pirata y leones conquistadores ligada a mi casta negra, taína y caribeña. Porque anudamos nuestra estrella a las del norte, mientras ellos se aferran a escuchar a la humillada ex primera dama discutir con el ridículo y decadente millonario sin poderse explicar cómo ambos llegaron a dónde están.  Cuando nos olvidamos de que, la mayoría de ellos, los amos de antes y los de ahora, no sabe que existimos, ni siquiera dónde está la pequeña isla desconocida y hermosa que consideraron un rico puerto y no lo era, que no resultó ser más que una manchita apenas visible en el planeta, esa esfera que sigue girando alrededor del brillante astro que juraban grande pero nunca lo fue, ese mundo que ocupa  el rinconcito que le dejaron en este vasto universo, esa tierra que pensaron plana y  tampoco lo era pues, si lo habrían creído de veras no se hubieran lanzado a la mar y, tal vez, seguiríamos descontaminados de la hipocresía de los civilizados, de sus misioneros sanguinarios, de sus buscadores de tesoros, de los gobernantes codiciosos, de reyes y reinas y hasta del Cordero. Y nadie hubiera dicho Juan es su nombre, y seguiríamos siendo Borikén, la tierra del altivo señor y, quizás, yo estaría en mi bohío, preparando casabe y no me dolería la patria tanto como hoy me duele.


Siluz

12 octubre 2016

29 de septiembre de 2016

A oscuras


“Había salido una luna de este tamaño, mira, y amarilla amarilla como si estuviera hecha de oro, y el cielo estaba todito lleno de estrellas como si todos los cocuyos del mundo se hubieran subido hasta allá arriba y después se hubieran quedado a descansar en aquella inmensidad. Igual que en Puerto Rico cualquier noche del año, pero era que después de tanto tiempo sin poder ver el cielo, por ese resplandor de las millones de luces eléctricas que se prenden aquí todas las noches, ya se nos había olvidado que las estrellas existían”.
La noche que volvimos a ser gente
José Luis González

Mientras chateaba con mi hermana de sus últimas investigaciones sobre nuestros antepasados,  veo que escribe ¡Eureka!  Había descubierto el enlace que le permitía probar nuestros orígenes. De pronto... se apaga todo; ventiladores, luces, televisor. Silencio total. ¿Regresarían los fantasmas del pasado por estarlos invocando?
Por un momento pensé que era un problema local. No tenía idea de la magnitud de la situación  hasta que entra un mensaje de texto de mi hermana: Colapso del sistema. Apagón total.

¿Y ahora, que hacemos? Era casi la hora de buscar a mi hija a la escuela, así que sin remedio, salí a la calle. Terrible el tránsito. Los semáforos apagados, toda una aventura tratar de cruzar una intersección. Me di cuenta entonces que  apenas tenía gasolina.  Y, por supuesto, eran kilométricas las filas en las pocas gasolineras brindando servicio.  Me acordé que tampoco traía efectivo. No me iban a aceptar la tarjeta y los cajeros automáticos no funcionaban. Mirando a cada segundo la aguja, que cada vez se acercaba más a la E, llegué a la escuela  y regresé a mi casa.  Acá estamos a salvo.  Ya llegará la luz, pensamos. Y nos quedamos tranquilos.   Buscaríamos gasolina en cuánto volviera.  Pero no volvió.

Primera noche, todo muy romántico.  Nos acordamos del cuento  “La noche en que volvimos a ser gente”, esta noche volvíamos a serlo. Dejamos de mirar a la pantalla del celular y dirigimos la vista hacia el cielo. Redescubrimos las estrellas, antes opacadas por las luces de la ciudad, que esta noche se lucían ante nosotros, brillantes, orgullosas. Nos olvidamos de las novelas, de los chats, de los juegos virtuales, de la computadora. ¡A hacer adivinanzas!

Fotos desde la Estación Experimental la noche antes y después del apagón.
—Veo, veo
—¿Qué ves?
—Una cosita,
—¿Con qué letrecita?
—¡Con la letrecita E!
—¡Estrellas!

La segunda noche ya no era lo mismo….  Tiene que volver pronto, pensábamos optimistas. Pasó la noche y llegó la luz… del sol. Porque la bombillita seguía  apagada. La señal en los teléfonos era muy débil, casi inexistente.  Y, ¡lo peor, sin Internet! Volvimos a los viejos radios de batería, ¡era la única forma de saber qué estaba pasando fuera de nuestras paredes. La pregunta se repetía en todas partes;  ¿hasta cuándo? Nos empezamos a desesperar al ver la batería de los celulares reduciéndose ¡y no podíamos cargarlos!   Ni de reloj ni linterna nos servirían.

¡Y todavía sin saber porque mi hermana escribió Eureka!

Sentía cómo se iba cerrando un círculo agobiante. Sin poder salir. Sin gasolina. Sin estufa de gas. Sin cafetera. Sin ventilador. Saqué mi viejo abanico de mano. El calor no me dejaba dormir. Ni los mosquitos. Ni la planta eléctrica  de un local vecino que rompía la noche con su escándalo burlón.

Trato de convencerme: Tranquila, aquí  no ha pasado nada. No es un huracán, no es un terremoto, no hay inundaciones, ni  tornados, ni ventarrones, ni derrumbes. Solo se fue la luz.  Dos noches se pasan como quiera.

Al tercer día: ¡Abuela, estoy aburrido!  Y más juegos, y más adivinanzas, y más estrellas. Nos espera otra noche de velas, quinqués, linternas.  No encontramos hielo, nos preocupamos por la carne que se nos va a dañar  en la nevera. Por lo menos, acá no se fue el agua. No me arriesgo a hacer la fila en una gasolinera. Me resigno a quedarnos  en casa. Sin luz. Sin ventilador. Sin hielo. Sin café. Sin gas. Sin TV. Sin internet.

¿Y saben qué? Cautiva pero tranquila. Hasta diría feliz. Porque aquí no ha pasado nada. Estamos bien.  Estamos juntos. Eso es lo importante.

Además, mi hermana gritó Eureka.  Una buena noticia espera.

Siluz
Septiembre 2016




9 de septiembre de 2016

A 4 años de haber empezado el “homeschooling”


 “Mi abuela quiso que aprendiera,
por eso no me mandó a la escuela”
Margaret Mead

     A la edad en que Nahuel empezaría el kínder, estudiamos la posibilidad de que estudiara en casa. Tras considerar los pro y los contra, y dispuestos a aceptar el reto, nos decidimos por el “homeschooling”. En realidad, no distaba mucho de lo que ya hacíamos, pero claro, como no estaba en edad escolar, no lo considerábamos así. Ya hoy tiene nueve años y, si estuviera en la escuela tradicional, estaría en cuarto grado. Pero nunca ha ido a la escuela. De lo que no nos arrepentimos.
      A menudo me preguntan si es lo mejor.  No lo sé. Yo también me lo pregunto muchas veces. Solo puedo hablar de nuestra experiencia. No puedo decir que tenemos un sistema perfecto pero tampoco la escuela lo es.  He leído mucho, analizado, buscado información, ido a orientaciones. Sin embargo, no tengo en mis manos el plan ideal ni el método infalible. Esto es un proyecto que vamos trabajando en la marcha y lo que funciona para mi familia, quizás no funciona para otra. Todos los niños y sus padres (también abuelos, en muchos casos) son diferentes.  Cada escuela en casa también lo es.  Lo que no se puede pasar por alto es que es un compromiso de toda la familia y cada miembro tiene que aportar.
     No se necesita ser maestro para estar a cargo del “homeschooling”.  En nuestro caso, soy maestra retirada pero esto no es un requisito. No tenemos que saberlo todo, solo dónde  buscar. La lógica, el sentido común, la disposición, nuestros conocimientos, el Internet,  los libros de texto y referencias son recursos que nos ayudarán a dirigir a nuestro niño en su aprendizaje. El nivel depende de las habilidades, desarrollo e intereses del mismo niño.  No hay que etiquetarlo en un grado, el niño puede estar “ubicado” (por decirlo de alguna manera) en ciencia de quinto grado y en matemáticas de cuarto. No se estudia para pasar de grado, ni para una calificación ni para pasar un examen. Se estudia para aprender.
     Tampoco se necesita separar una habitación de la casa como salón de clases. Por supuesto que, si tiene espacio disponible, es muy conveniente que cuente con su área de estudio, esté o no en “homeschooling”.  Así sea un rinconcito de la casa o en su propio cuarto, debe disponer de un espacio donde pueda dejar un trabajo sin terminar sin temor a que se le dañe o para leer sin ser interrumpido.
     Cada día tiene 24 horas y todas son nuestras.  Pero no todos los días son iguales. Aprovechamos el tiempo según lo necesitemos.  No tenemos horarios estrictos ni timbres que controlen. Hay días más activos que otros, tampoco nosotros amanecemos siempre igual. En un día, de mucho entusiasmo e interés, podemos tomar tres horas discutiendo nuestra historia.  En otra ocasión, podemos acortar la clase a media hora porque surge otro tema que lo impresiona.  Digamos que hablábamos de la organización de nuestros taínos y como le llama la atención el lenguaje, se le ocurre escribir un cuento usando ese vocabulario. Ahí termina una clase y comienza la otra. ¡A escribir que la musa no vuelve! No hay cadenas, se sigue un fluir lógico y espontáneo.  Y si de ahí quiere ir a pintar un yucayeque, ¡buscamos los pinceles! Después de todo, la vida nos presentará todos los temas a la vez y no por asignaturas.
     Y no es que no hagamos una rutina. Una rutina  te da seguridad y cierta estabilidad pero no puede aprisionarte. No tenemos una hora fija para comenzar  aunque, por lo general, lo hacemos a eso de las 9:00.  No usamos uniformes, no nos presionan exigencias ni prisas. No hay una hora para merendar, paramos el trabajo cuando queramos o sintamos la necesidad. No se pasa hambre, ni sed ni se sufre por tener que ir al baño. No interrumpimos cuando estamos entusiasmados en una tarea pero tampoco la seguimos cuando nos sentimos muy cansados. Por lo general, cubrimos una o dos materias en la mañana y una en la tarde. Pero igual podemos estudiar algún tema por la noche, completar algún proyecto o practicar alguna destreza.  Que un niño pida la computadora para buscar, por su propia iniciativa, cuáles son las estrellas más grandes que el Sol o cómo son los distintos tipos de célula, o que escoja un libro para leer cada noche antes de irse a la cama, es algo que no lo logra ninguna asignación impuesta.
     Aunque, más o menos, nos guiamos por el currículo del Departamento de Educación y los libros de texto del grado a que corresponde su edad, eso no nos limita.  Hemos usado libros de niveles más bajos o más altos, dependiendo del propósito.  Hay ilustraciones que aparecen en libros de los primeros grados que son más llamativas y nos aclaran dudas, así como hemos leído obras de teatro, cuentos y poemas recomendados para nivel intermedio. Lo importante es que lo estimulemos a leer, que nos vea leer, que le leamos. Verá el libro como un amigo, no un villano, que sienta que leer es una diversión y no una obligación. Cuando se lee por gusto, se disfruta lo leído, cuando se lee para un examen, terminamos odiando la historia y al autor.
     La biblioteca está siempre a su alcance. Puede usar los diccionarios, la enciclopedia, los mapas,  los materiales, todos los libros. Que pueda aclarar todas sus dudas en el momento que surjan. También puede usar la computadora y el Internet, los buscadores de información y  vídeos  en cualquier momento. Con la debida supervisión, no debe limitarse la curiosidad del niño. ¿Para qué dejarlo como asignación si él quiere saber ahora? La vida tampoco se le presentará por capítulos. Déjalo buscar, crear, investigar, inventar, experimentar, en el momento que lo necesite. No te sorprenda si dentro de poco sea él  quién te estará ensenando a ti los nuevos programas y tecnología.
Sobreviví al millón de personas
preguntando sobre socialización
     Y ¿la socialización? ¡Qué mucho les preocupa a la gente la socialización! Se imaginarán que los “homeschoolers” son niños retraídos, solitarios, callados. Y yo me pregunto qué entienden por socialización. ¿Estar sentado con otros chicos con los que solo se tiene en común el año de nacimiento? ¿Recibir regaños o castigos si se habla con el estudiante sentado al lado? ¿Compartir una hora en el almuerzo con chicos más grandes que te acosan y molestan? ¿Participar en peleas? Yo entiendo por socialización el compartir con otras personas, de cualquier edad, menores y mayores que él. Poder conversar con niños y adultos, jóvenes y ancianos.  Participar en eventos y actividades con amigos y familiares. Practicar deportes, tomar cursos de bellas artes, ser miembro de organizaciones de la comunidad. No debemos olvidar que nuestra meta es el desarrollo integral del niño y que debemos darle la oportunidad  de adquirir sentido de responsabilidad, respeto y solidaridad.
     Y ¿no hay disciplina?  Por supuesto que sí. No podemos permitir que el niño falte a las más elementales reglas de cortesía y respeto. En la vida hay leyes que tendrá que cumplir. Pero si se procurará que se sienta libre de expresarse, de preguntar, de sugerir, de dudar, de cuestionar, de disentir.

     Recordemos que no tenemos un manual del maestro ni un libro de instrucciones.  Que muchas veces tocamos de oído. Pero es precisamente eso lo que nos permite descubrir nuestra propia melodía.  Es un proceso agotador, en ocasiones más para nosotros que para él. Demanda prepararnos, organizarnos, tantear alternativas, fallar muchas veces, indagar, estudiar, comparar, trabajar.  No tenemos todas las respuestas, pero sí mucha fe en los que hacemos. Y mucha paciencia. Con el niño, con nosotros mismos y con la gente a nuestro alrededor. Tendremos que seguir contestando preguntas de quienes no creen en el “homeschooling”, aguantando sus miradas suspicaces y recriminatorias.  Tendrás que repetir una y mil veces que no se dan notas,  que no tiene que tomar exámenes, que no hay que ubicar al niño en ningún grado ni registrarlo en ningún departamento, que es completamente legal y que sí lo aceptarán en la Universidad cuando llegue el momento.  Que el niño está aprendiendo y lo más importante, que es feliz haciéndolo. Y nosotros también.

Referencia sobre la legalidad en Puerto Rico: http://nche.hslda.org/hs/state/pr/FAQspa.asp