20 de junio de 2009

El instante en que tuve un padre


"Su árbol estaba torcido siempre. Un árbol deforme.
Las ramas de la izquierda tenían cartelitos con nombres y apellidos,
las de la derecha no las dibujaba.
Su árbol parecía caerse hacia la izquierda,
porque no tenía ramas a la derecha".
Graciela Alemis

Siempre supe que nací gracias a una reconciliación. Una contentura de poco tiempo. Mis padres se divorciaron cuando apenas tenía cuatro meses. Alguien se encargó de decirme que entre mi hermana y yo, quienes tan solo nos llevamos once meses, había una medio hermana. Que en total éramos seis… siete... ¡no sé bien! mayores y menores.  De éstos, solo he conocido a uno que, por esas cosas de la vida, se dedicó también a las bellas artes. El lado derecho de mi árbol genealógico estuvo por siempre vacío y éste se acostumbró a estar torcido.
Llamaba "Papi" a mi abuelo, tronco de los Torruellas. Esa era la figura paterna en casa. Mi abuelo Juan, nacido en Matanzas, Cuba, en el 1880. De su vida anterior no supe mucho. Solo conocí a dos medio hermanos menores, nacidos en Puerto Rico y residentes en Nueva York, ambos de apellido Luna. Con certeza, pocos datos: trabajó en el ferrocarril en San Juan y fue presidente de la unión, en el 1919 se casó con mi abuela, doce años menor que él, vivieron en Santurce, Puerto Rico hasta los años 50 cuando construyeron la casa familiar de Río Piedras, fue católico práctico y en su vejez, eterno acompañante de mi madre. No podré olvidar tres cicatrices de vacunas en sus brazos las cuales siempre creí eran las marcas de los dedos de una bruja quien al capturarlo, lo apretó tan fuerte hasta dejarlo marcado. Tampoco el olor de su cigarro, infaltable en las tardes cuando se sentaba a mecerse en su sillón en el amplio balcón frente a la puerta de entrada. Dejó como recuerdo: una verja construida con granadas huecas, remanentes de la segunda guerra mundial y un semáforo de la antigua vía del tren que aún se enciende, en la esquina de la casa.
Mi abuelito me duró muy poco. A mis diez años descubrí una enfermedad temible llamada cáncer y éste sería el primer amor de muchos otros que me arrebataría a lo largo de mi vida.
Un día de Acción de Gracias, pasados mis treinta años y madre ya tres veces, nos reuniríamos como de costumbre en la casa familiar. Al llegar, me pareció raro aquel auto desconocido y en el balcón, unas personas a quienes nunca había visto. Era obvio: me esperaban no sé si porque temían mi reacción o no querían perderse mi cara.
Solo he tenido en dos ocasiones esa sensación tan desconcertante. La segunda fue cuando me avisaron de la gravedad de mi madre. Al llegar pude observar, a través de las ramas del árbol de acerolas, rostros largos esperándome en ese mismo balcón. Ya era muy tarde. Pero esa es otra historia.
De momento vi a un hombre alto, de barba bien cuidada, pelo lacio y abundante, más canoso que negro, a quien los años no le restaban elegancia ni fortaleza. Estaba recostado de la pared del pasillo, sostenido de un bastón el cual en lugar de hacerlo lucir débil o enfermo le daba un aire distinguido. Me dio la mano y sentí cómo temblaba. Entonces oí una voz, creo que la de mi hermana, diciéndome: es tu papá. Terminé el saludo por no ser descortés, una sonrisa intentó escaparse antes que yo y huí a refugiarme en el cuarto de mi infancia. Por alguna extraña razón no pude dejar de llorar, ni esa noche ni muchas otras. Me pareció un golpe bajo, nadie me preguntó si yo quería verlo, nadie pidió mi opinión. Si nunca tuvo ningún interés en verme, ¿por qué de momento la vida me lo ponía enfrente?, ¿para qué ahora?
Me dieron muchas respuestas; no las entendí o quizás ni las escuché. Solo una hoy me parece lógica, pasados ya tantos años. Yo era la única de sus hijos sin conocer y no quería morirse sin hacerlo.

Fue la primera y la única vez que nos vimos. Meses después alguien me comento: tu padre falleció.
Se equivocaba. Mi padre había muerto hace muchos años. Mi padre fue aquel que esperaba cada tarde el autobús a la salida de la escuela, el que iba con una sombrilla junto a mí para que no me mojara por miedo a mi asma, el que me hacía cuentos a la hora del almuerzo, el que jugaba conmigo y me dejaba acompañarlo en sus caminatas por el barrio. Ese es al único que recuerdo, a mi Papi.
Elsia L. Cruz Torruellas
21 de junio de 2009 - Día de los Padres

10 comentarios:

Don Segundo dijo...

Siluz:

Gracias por la historia.

Saludos.

maria dijo...

Un padre ausente,que cuando esta por partir,se acuerda de que tuvo mas hijos,hay muchos asi.

Eso siempre me hace acordar a los presos (salvando las distancias),
que cuando cometen algun crimen,roban,etc.no se acuerdan que hay un Dios,pero cuando se ven en una situacion limite,como es la carcel,lo primero que hacen es pedir una Biblia,de ahi surgen los famosos sanadores,predicadores,etc.
que nada de eso tienen,pero creen que yendo por ese camino ya sus delitos seran perdonados y si no logran eso,vuelven a delinquir.

Tuve un papa hasta mis 18 años,que me hizo regresar de un viaje que hice,solo para tener a todos sus hijos reunidos y decirnos que se iba de casa,ya tenia sus valijas hechas.

Deje de verlo porque asi lo quise por algunos años,no podia perdonar su infidelidad.
El supo que se equivoco,porque hasta el dia que murio,dijo no haber dejado de amar a mama.

Basto irse de casa,para darse cuenta de lo que habia perdido,pero ya era tarde.

Cuando cumplio 70 años,me pidio por favor que lo perdone y que festeje con el su cumpleaños.Lo perdone,lo que nunca pude fue olvidar,sentia pena por el,porque fue un gran padre.

Hoy en dia me alegro de haberlo perdonado,porque tuve la oportunidad de seguir disfrutandolo como papa,
si el se hubiera muerto estando distanciados,para mi seria hoy en dia una gran carga.

Entendi que era una problema de pareja,no era un problema de hijos.
Mi papa murio muy joven,a los 72 años y lo recuerdo con mucho cariño.

Hoy tambien lo recuerdo,porque es el Dia del Padre.Que lindo Papi -abuelo tuviste Siluz.Junto con tu mama hicieron un buen trabajo.

Besos
Biki

Fabiana dijo...

Me parece increíble tu historia, aunque lamentablemente de estas, conozco muchas.

¡Qué fácil les resulta a algunos hombres traer hijos al mundo sin ninguna responsabilidad!

Muchas veces me pregunto cómo una persona después de un divorcio puede borrar de su corazón una parte de su vida. Cómo se puede eliminar de esas cabezas la presencia de un hijo como si fuera nada...

Yo creo que hubiera obrado igual que vos, con indiferencia.
Por suerte, si hay algo que agradezco en mis padres (a quienes critico bastante) fue su presencia durante mi niñez y adolescencia.

Gracias por contarnos tu historia.
Besos.

Rocío dijo...

Me dejas muda... Gracias por compartir algo tan personal.

Un abrazo.

Siluz dijo...

Don Segundo:
Gracias a usted por siempre leer y comentar.

Biki:
Gracias por compartir tus recuerdos. Tu padre debe haber lamentado mucho haberse distanciado de ustedes y debe haberse sentido feliz cuando te recobró. Nunca sabemos cuando vamos a despedirnos para siempre... Un abrazo, amiga. Nos seguimos conociendo cada día.

Fabiana:
Esa sería la palabra apropiada: indiferencia. Mi madre supo llenar el vacío que pudo haber dejado. No me hizo falta, no lo extrañé pero tampoco lo odié pues tampoco me habló mal de él. Recuerdo que me decía que no podía hablar mal de alguien que le había dado lo mejor de su vida: sus dos hijas.
Gracias por comentar, amiga.

Rocío:
Gracias a ti por siempre leerme. Un beso.

Prometeo dijo...

Llegué tarde pero gracias por compartir la historia.

Adelante y éxito.

Siluz dijo...

Gracias a ti por la visita, Prometeo. Espero que hayas pasado un lindo día

Anónimo dijo...

una historia triste, pero te contare la mia, y luego me dices cual es mas triste,hace 12 anos mi padre fallecio,hace un mes perdi a mi madre,unico ser que me dio amor y ternuraen mis 50 anos,y justo hace apenas 24 horas me acabo de enterar que aquel al que llame padre por 50 largos anos, no lo era, ahora entiendo porque nunca me quiso, jamas se preocupo por mi, jamas expreso una palabra de amor o un gesto de ternura o carino, mi verdadero padre es aquel hombre que dedicaba tiempo a mis hermanos y que levemente y con temor acariciaba mis cabellos a escondidas , por miedo de que alguien lo viera y se diera cuenta de la ternura que habia en sus ojos por aquella nena flaquita y de ojos grandes, y yo que pensaba que ya no tenia familia, y justo ahora confirmo mis lrgas sospechas, de que me ocultaban algo, hoy tengo 6 hermanos y hermanas, y un padre al que mi corazon me mueve amar.es un hombre con su pelo canoso y piel curtida por el sol y el trabajo, y sus palabras fueron , mi casa es tu casa,24 horas si quieres toda la vida, 7 dias , un ano, mil mas si tu quieres. DIme que crees? mi e mail es mercedesagonia@yahoo.com. si quieres aconsejarme, escribeme necesito consejos,los que crei mis hermanos me dejaron sola cuando mami murio, la llore y enterre con mis 5 hijos, y mis 2 maridos.uno actual y un ex. porsi acaso no crean que estoy casada 2 veces.

Siluz dijo...

Mercedes:
La vida te da la oportunidad de abrazar a tu padre, de llamarlo así. Creo que tú lo deseas y él también; entonces, ¿qué esperas?
Suerte. Recuerda que las oportunidades son como los amaneceres. Si los dejas ir, se pierden.

Anónimo dijo...

Por que te conozco de muchos años, me gustó leer tu historia sobre ese instante en que tuviste un padre biológico. Sé que fue importante para ti y tus hijos, el decidir escribir estas líneas. Que diferente vemos las cosas desde esta óptica que nos da la vida después de los 50. Y como buena maestra de teatro, es muy agardable como nos cuentas 'tus cuentos'.
Besos y abrazos. Lucy