Mostrando las entradas con la etiqueta La navaja de Occam. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta La navaja de Occam. Mostrar todas las entradas

1 de diciembre de 2007

PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE LITERATURA VIRTUAL


Invitada por la compañera del taller “La belleza de la sencillez: La navaja de Occam”, Carmen Amaralis Vega, participé de varias actividades del Primer Congreso Internacional de Literatura Virtual Iceberg Nocturno 2007. El mismo se celebró en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, desde el 27 al 30 de noviembre.
Una de las mayores satisfacciones fue conocer a varias personas que como yo, disfrutan de escribir en sus páginas y blogs y compartir en foros y talleres. Digo conocer, pero como he dicho antes, no es la palabra correcta. Afirmo con seguridad que ya nos conocíamos a través de nuestros mensajes, opiniones, comentarios, pero sobretodo a través de nuestros textos. Ahora pudimos vernos en persona, olvidarnos de la pantalla y mirarnos a los ojos, hablarnos cara a cara, abrazarnos, sentirnos. Y todo en tierra boricua, entre nuestras colinas, bajo nuestro sol y cerca de nuestro mar.

Jesús Fernández, a quien llamamos "Quixano,el manchego” presentó dos de sus trabajos. Un docudrama, "CENIZAS", sobre la violencia de género y un largometraje "ARAÑANDO LAS PUERTAS DE LA NOCHE", sobre la traición y la corrupción. Ambos excelentes. Bien digidos, actuaciones sobresalientes, temas profundos.
Gina Rivera, de Ecuador, representó nuestro taller, que se caracteriza por ser un foro libre, donde se respira respeto y compañerismo. Manuel Rosa y Carmen Amaralis Vega de Puerto Rico, también navajeros, presentaron sus páginas y sus escritos.


Disfruté de la excursión que hicieron a las Cavernas de Camuy y al Observatorio de Arecibo, pero en especial de la compañía de Gina, Jesús, Carmen, Manuel, Norma, Alvaro, Ernesto quienes hicieron que mi hija y yo nos sintiéramos parte del grupo. Felicito a Carmen Amaralis, una de las organizadoras de este evento, por el éxito obtenido. Espero que el año siguiente haya un segundo congreso. Y que esta vez “Tallerines”, del que soy una de las coordinadoras, esté representado también.

No podemos negar la importancia y popularidad de los blogs y las páginas personales. No solo permiten una fácil publicación de textos sino una interrelación con los lectores. Interactúan además diferentes formas y medios: música, sonido, literatura, imágenes. Los mismos han sido elogiados y criticados, como ocurre por lo general cuando aparece alguna innovación, algo que atenta contra lo tradicional. Lo que no podemos negar es el alcance que éstos tienen. ¿Hubiera sido posible, sin los talleres y foros, que escritores de diferentes países, profesionales y aficionados, se encontraran en un congreso como éste? ¿Estaría siquiera en nuestras mentes que encontráramos lectores de países tan distantes como Australia, Japón o Hawai? Estemos de acuerdo o no, con sus pro y sus contra, sus limitaciones y maravillas, sus logros y fracasos, la literatura virtual llegó para quedarse.

Y aquí estoy, escribiendo en voz alta,
de mi isla al mundo,
conociendo gente real a través del mundo virtual
y llamándolos amigos.
Amén.

17 de octubre de 2007

¿Por qué escribimos?

Sin lugar a dudas, cada escritor o aspirante a serlo, podría preguntarse lo mismo. Quizás no solo por qué escribimos, sino por qué nos lanzamos en paracaídas, por que “surfeamos”, por qué nos tatuamos el cuerpo, por qué escalamos el Everest, por qué hacemos teatro, por qué competimos en deportes, por qué componemos. La lista de preguntas es interminable.
Me llamó la atención lo que respondieron dos amigos talleristas , a quienes conocí en Buenos Aires, Martha Ferrari y Alejandro Panizzi a esta pregunta.
Martha asegura que:
“Escribir para mí es una pasión, un divertimento, una compañía, una ocupación gratificante y un antídoto del aburrimiento, pero sobre todo, es una plataforma de ensoñación, para que mi personalidad -tan apegada a la tierra - venza por un rato susentido práctico y con las alas de la utopía se anime a volar.”
Alejandro alega que :
“...es un acto tortuoso, que conlleva una gran dificultad,
trabajoso y capaz, incluso, de causar pena.
Lo maravilloso, acaso, sea haber escrito."
Sus argumentos me hicieron reflexionar. Y yo, ¿por qué escribo? Acepto que me gusta, lo disfruto, me entretiene, me libera, pero confieso que mucho más me gusta haber escrito. Empezar un texto cuesta y desarrollarlo mucho más...casi como un parto. (Que si no olvidáramos el proceso al tener a nuestro primer hijo en brazos, todos seríamos hijos únicos.) Y me pregunto: ¿por qué lo hacemos si nos causa ansiedad y tensión? ¿Por qué, aún así, al terminar un escrito ya estamos pensando en el próximo? ¿Por qué tenemos una lista de "cosas" que vamos a trabajar algún día? ¿Por qué una cantidad de ideas sin abordar qué nos exigen ser atendidas? Generalizando: ¿Por qué sentimos la necesidad de realizar actos que nos producen satisfacción al lograrlos pero angustia en el trayecto?

Le decía a mis estudiantes de teatro que el temor escénico es parecido a subirse al más alto trampolín de una piscina. Estás ahí, mirando desde lo alto, ves el agua tan distante, sientes mariposas en el estomago, quisieras bajar por donde mismo subiste, y te preguntas "¿qué diablos hago yo aquí? Pero cuando te tiras de clavado y te sientes volar sin necesidad de alas, deseas repetir la emoción y subes para tirarte otra vez.

Esa sensación de mariposeo, el preguntarse "¿por qué yo me meto en esto?" y prometerse "no vuelvo más", el ajetreo estrésico antes de la primera función, el cosquilleo antes de salir a escena, esa nostalgia según cierra el telón para ya estar pensando en la próxima producción; todo eso también es parecido a lo que siente un escritor frente a la computadora mientras trabaja.

Coincido con Alejandro es que el proceso es difícil. Se cruzan las ideas y los personajes, te ataca la inseguridad, te agobia la búsqueda de las palabras precisas, la prisa, el deseo de concluir el texto, la incertidumbre, el temor de no hacernos entender, el hastío de corregir, la necesidad de re-escribir, la tentación de borrarlo todo y volver a empezar. Sin embargo, necesitamos escribir. Secundo a Martha cuando dice: “Nunca le encuentro el punto justo y lo único que me hará interrumpir la obsesiva tarea, será el proyecto del próximo cuento”.

Porque cuando por fin dejamos un cuento como terminado, la satisfacción de haberlo logrado es similar a vencer el miedo y lanzarnos al vacío o a recibir el aplauso del publico en el saludo final. Para entonces, ya tenemos algo nuevo que decir. Y vuelta a volar...
Debe ser que cuando nacemos para escribir, del cielo nos cae el lápiz. O que el ser humano siempre quiso tener alas y de una manera u otra, necesitamos emprender vuelo.

O quizás es mucho más sencillo. Lo hacemos porque sí. Como diría mi abuela: “sarna con gusto, no pica”.

Siluz

4 de octubre de 2007

Redescubriendo a Gioconda Belli

En uno de los talleres literarios a los que pertenezco se dio la consigna de escribir sobre una poeta a la que admiráramos. Busqué en mi memoria y de momento solo se me ocurrió Julia de Burgos. Tengo que confesar que a mi mente llegaron muchos nombres de hombres. Busqué entonces en la memoria de mi computadora (que es mucho más confiable que la mía) y me recordó, entre otras, a esta escritora de nuestro tiempo, de quién no solo me identifico con muchos de su poemas sino también con su obra narrativa: Gioconda Belli. Junto a Rubén Darío y Ernesto Cardenal, se consideran las voces representativas de su natal Nicaragua.

Comparto con ustedes:
REGLAS DEL JUEGO PARA LOS HOMBRES
QUE QUIERAN AMAR A MUJERES MUJERES

I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.



II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
conque yo estaré al lado suyo.

III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.


XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria
.


Gioconda Belli