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23 de mayo de 2012

A la sombra de Atahualpa Yupanqui: Nenette

A la sombra de ellos
X. NENETTE (1908-1990) y ATAHUALPA YUPANQUI (1908-1992)


El 25 de noviembre de 1990, Atahualpa Yupanqui escribía la siguiente carta a su hijo Roberto.  Apenas días antes,  el 14 de noviembre, Nenette, su compañera de casi cincuenta años y madre de su querido "Kollita", había partido a la eternidad

París. Domingo 25 de Noviembre. 1990
Coya querido.
Estudié varias horas guitarra anoche. Hacía 2 semanas que no hacía una nota. Está ya vendida la salda de 2.000 plateas del Teatro de la Villa. Y hay publicidad, creo, exagerada, en todo París. Ojalá yo sea digno de ese interés y apoyo del público de Francia.
Los pocos amigos que frecuento – conozco a cientos- me acompañan y me llaman a diario. Pons, Mosalini, Enzo Gieco, Guillermo Hascke, jefe de turbinas de Air France, funcionarios de la Unesco, Chant du Monde.
Duros tiempos respiro, y sé que durarán. Temo que la casa nuestra se incline al naufragio si no decidimos algo firme y claro. A mi regreso hablaré con abogados y escribanos. La Fundación deberá organizarse y ser vigilada y cuidada, y sobre todo respetada. Trabajar con odios, rencores y resentimientos, llevará todo al fracaso, y perdida de cosas que fueron amadas por Mamá.
Aún vive fuertemente en mi corazón la mano de Mamá con una rosa clara entre sus dedos, y el rosto plácido, de amor, como un ruego profundo, total. Quiso decir algo que no pronunció. No sé decir más. Ruego, espero, anhelo. Sé que soy el próximo en partir al silencio.
Hasta pronto, hijo querido. Te abrazo, Coya.
Tata
Domingo de lluvia y frío. Fuera y dentro mío.*

Atahualpa y Nenette nacieron ambos en el 1908, él en enero y ella en abril. Él, con el nombre de Héctor Roberto Chavero en Peña, en el partido de Pergamino de la provincia de Buenos Aires y ella con el de Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick en la colonia francesa St. Pierre et Miquelon, en la costa atlántica del Canadá. Ella de padre francés y madre canadiense y él hijo de criollo y vasca, lleva en su sangre “el silencio del mestizo y la tenacidad del vasco”.
Durante la Primera Guerra Mundial, Nenette se traslada con sus padres a Francia. Tanto ella como su hermana Juana estudian bellas artes, ella siendo merecedora de doble medalla de oro en el Conservatorio Musical de Cannes, por piano y composición.  Sin embargo, el destino de Nenette no sería Francia, y los hilos se empiezan a mover sin ella darse cuenta. 
Juana se embarca hacia América con una compañía de danza y en Buenos Aires conoce al que sería su marido y allí se radica.  Al terminar Nenette sus estudios y tras la muerte de su madre, aceptan una invitación de Juana, ella y su padre venden propiedades en Francia y se establecen en Villa Ballester, en la zona norte del Gran Buenos Aires.
En el 1942 visita Tucumán en un viaje con la Orquesta Filarmónica.  Es en esta gira que conocerá a Atahualpa, con quien compartirá el resto de su vida, tanto como para olvidar su carrera de pianista y entregarse a la obra y al talento de su esposo.  Tiene unas sesenta y seis composiciones registradas, la mayoría musicalizando las letras de Atahualpa, bajo el seudónimo de Pablo del Cerro.
Su hijo Roberto cuenta:
Nenette “formó parte de los extranjeros que vinieron al país no a llevarse cosas, sino para dejar cosas para nosotros. Formó parte de una inmigración que vino a contribuir con el crecimiento de nuestra nación… El seudónimo Pablo del Cerro lo tomó primero porque en los tiempos en que ella y mi padre se unieron, mi padre estaba casado pero no divorciado de su primer matrimonio. Y no estaba bien visto el aspecto de la concubina, no estaba bien visto además el hecho de que Yupanqui, que ya era Yupanqui, firmara ahora con una francesa. Todos esos prejuicios que solían haber. Por eso mi madre firmaba como Pablo del Cerro, porque además, fue por el Cerro Colorado, que fue el lugar que nos albergó en tiempos duros y allí construimos ese rincón donde está el museo actualmente”.*

Muchas de las composiciones de la pareja han calado tan hondo que en ocasiones se atribuyen a la tradición popular.  Como decía el mismo Yupanqui: “Sí, la tierra señala a sus elegidos y al llegar el final tendrán su premio. Nadie los nombrará, serán lo anónimo, pero ninguna tumba guardará su canto”.**

Entre las composiciones más conocidas se encuentran:
Luna Tucumana
El alazán
Indiecito dormido
Chacarera de las piedras
Agua escondida
La del campo
De aquellos cerros vengo
Camino del indio
El cielo esta dentro de mi
Los hermanos
Guitarra, dímelo tu

Sigue contando su hijo:
“Alguna vez me comentó, ella porque en alguna medida se había puesto en segundo termino y es muy simple eso, y no lo dijo con resignación, se los puedo asegurar: ella comprendió que el tata era una personalidad descollante y necesaria para el mundo. Ella podía ser una gran pianista pero había muchos grandes pianistas, habían muchos grandes músicos. Pero Yupanqui había uno solo. Cuando tomó la decisión, les aseguro, como lo probó después que no hubo quejas. Siguió tocando el piano, siguió componiendo, siguió corrigiendo. Crió a sus nietos, no alcanzó a escribir un libro, plantó muchos árboles, eso sí. Gran parte de los árboles que hay en nuestra casa de Cerro Colorado los plantó ella, y una madrugada del 14 de noviembre, decidió que ya había cumplido con la vida, con su marido, con su hijo, con sus nietos y partió”.*

Hace veinte años, en la madrugada del 23 de mayo de 1992, en Nimes, al sur de Francia, Atahualpa muere, tras una presentación a teatro lleno.  No pudo cantar, salió del teatro, sin ánimos. “Quiero respirar aire puro”, dijo.  No volvió.
Recordamos sus palabras:Cuando muere un poeta, no deberían enterrarlo bajo una cruz, sino que deberían plantar un árbol encima de sus restos. Así lo pienso yo, por cuanto, con el tiempo, ese árbol tendrá ramas y un nido y en él nacerán pájaros. De ese modo, el silencio del poeta, se volverá golondrina". ***

Sus restos fueron cremados y dispersados bajo un roble sembrado por Nenette en su pago querido del Cerro Colorado el 8 de junio de 1992. Como vaticinó: "Andaré por los cerros, selvas y llanos toda la vida arrimándole coplas a tu esperanza, tierra querida."



Gracias a Mario Ferrari, por traer a colación esta pareja.  Va esta entrada como un homenaje a ambos con motivo del vigésimo aniversario del fallecimiento de Atahualpa, hoy, 23 de mayo de 2012.
Siluz

18 de marzo de 2011

A la sombra de Salvador Dalí: Gala

A la sombra de ellos:
IX. GALA (1894-1982)Y SALVADOR DALÍ (1904-1989)
Helena Dimitrievna Diakonova, nacida en 1894 en el seno de una familia de intelectuales, se cría como una chica enfermiza, ingenua, inexperta. Nadie habría podido adivinar que esa niña cándida se convertiría en Gala, icono del movimiento, cortesana y musa de los surrealistas del siglo XX
"Muchos surrealistas se han enamorado de Gala… y era tan fuerte su impresión en ellos que, cuando se hablaba de la pintura, el libro o la escultura de algún colega, decían: "¡Oh, sí, es bueno porque ha estado enamorado de Gala”
(Margaret Case Harriman, New Yorker, 1939)
"Todo buen pintor que aspire a crear auténticas obras de arte, antes de nada debe casarse con mi esposa. Cualquier hombre puede tener una esposa, pero solamente es Gala la que cura su espíritu, la que vive continuamente como una esposa...
la que hace algo cuando no hace nada”.
(S. Dalí)

1904: nace otro niño al matrimonio Dalí Domenech, en la provincia catalana de Gerona. Han pasado nueve meses desde la muerte del primogénito, ocurrida antes de cumplir los dos años. El nuevo bebé recibe el mismo nombre del hermano muerto, Salvador, y es mimado, consentido y sobreprotegido por sus padres. Es posible que lo hicieran creer merecedor de todas las atenciones y se criara egoísta y narcisista, pero también dependiente, inseguro y cohibido.

“Yo nací doble, con un hermano de más, que tuve que matar para ocupar mi propio lugar, para obtener mi propio derecho a la muerte … Todas las excentricidades que he cometido, todas las incoherentes exhibiciones proceden de la trágica obsesión de mi vida. Siempre quise probarme que yo existía y no era mi hermano muerto. Como en el mito del Cástor y Pólux, matando a mi hermano, he ganado mi propia inmortalidad".

1913: Helena enferma de tuberculosis y es internada en un sanatorio en Suiza. Allí conoce al poeta francés, Paul Eluard (1895-1952). Cuatro años más tarde, se convertirá en su esposa y su musa. En el 1918 nace Cécile, su única hija, quien permaneció gran parte de su vida con su abuela paterna. Esta relación con Eluard, la inició en un mundo distinto, donde el amor libre, el voyerismo, el exhibicionismo, los cambios de pareja, los “menajes a trois” y la bisexualidad eran habituales. Quizás por todo esto se ganó la definición de “mujer sin sexo, violenta y estéril” que le dieron los surrealistas.

Mientras, Salvador huye al contacto físico y evita las relaciones cercanas. Un libro sobe enfermedades venéreas que dejó su padre, intencionalmente, sobre el piano del comedor pudo ser el causante. En el vio imágenes de órganos deformados y purulentos que le parecieron repulsivas. Su padre quiso que él y su hermana se educaran en esa materia, pues siempre temió, sin razón, ser el culpable de la muerte de su primer hijo, por la posibilidad de haberle contagiado alguna infección contraída en un burdel. La visión nunca abandono a Dalí.
Tampoco olvidó una fotografía que vio en la escuela, de una niña rusa, a quien presentía que conocería algún día, abrigada con una piel blanca de oso, montada en un trineo y perseguida por lobos.

1922: Max Ernst, el mejor amigo de su Paul, y quien ha sido definido como “el más surrealista de los surrealistas”, se fue a vivir con los Eluard. En la casa, pintó todos los muros y puertas, inspirado por Gala. Vivirán los tres juntos, en una relación extraña. “Amo a Max Ernst mucho más que a Gala” le dijo Paul en una ocasión a la mujer de Max. Sin embargo, un día, cansado de este trío, los deja. Meses después envía a su esposa una carta desde Saigón donde le propone una reconciliación. Gala va... pero con Max.

1929: Se cruzan los mundos de Gala y Salvador y las vidas de ambos cambiarán de rumbo.

Gala viaja junto a su esposo y unos amigos a visitar a Dalí, para ese entonces, un prometedor pintor catalán. Él queda prendado, tanto que frente a ella, se comporta como un excéntrico y sufre de ataques de risa. No obstante, cuando le confiesa su amor, ella, diez años mayor le contesta: “Pequeño, ya nunca más nos separaremos”. Y así fue. Durante los cincuenta y tres años de vida en común que seguirán a este momento, se fundirán en lo común y lo bizarro, en el arte y los negocios, en el amor y la infidelidad, en lo cotidiano y en la grandeza, en lo sublime y lo vulgar.

"Gala me ha dado, en el verdadero sentido de la palabra, la estructura que faltaba en mi vida. Yo no existía más que en un saco lleno de agujeros, blando y borroso, siempre en busca de una muleta. Ciñéndome a Gala he encontrado una columna vertebral y, haciendo el amor con ella, he rellenado mi piel. Hasta este momento mi esperma se perdía por la masturbación como arrojado a la nada, con Gala lo he recuperado y me ha vivificado. Primero creí que ella iba a devorarme; pero por el contrario, me ha enseñado a comer lo real. Firmando mis cuadros como Gala-Dalí, no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque no existiría sin mi gemela Gala".

Gala organizó su vida, encarriló su locura, administró su talento y su dinero, fue su inspiración, fuerza, guía y estímulo. Dalí fue el genio que ella necesitaba a su lado, el puerto seguro que le permitía anclar tras sus viajes a la deriva, la mano proveedora que cumplía todos sus caprichos, gustos y lujos.

"Gala me liberó de mi crimen y me curó de mi locura. ¡Gracias! ¡Quiero amarte! Te desposaré. Mis síntomas histéricos desaparecieron uno tras otro como por encantamiento y yo volvía a ser el dueño de mi sonrisa, de mi risa, de mis gestos. Una salud nueva brotaba como una rosa de mi cabeza"

Se casaron dos años después por lo civil pero no fue hasta el 1958 que lograron casarse por la Iglesia. Aprovechando una audiencia con el Papa Pío XII, a quien Dalí le regala una Madonna, le solicitan la dispensa. Es una de muchas vírgenes, diosas, ninfas, figuras femeninas que tendrán su rostro. Gala vino a desplazar a Ana Máría, hermana de Dalí, como modelo, dato que influyó en la antipatía y desconfianza que esta última le profesó.
"Yo estaba solo con Gala. Mis pretendidos amigos surrealistas ya me detestaban… Las revistas de arte, las galerías de la época, dominadas por una falsa vanguardia, me ignoraban. No teníamos dinero… Pese a la conspiración del silencio, de la idiotez, del interés mal enfocado, la época de 1930 no consiguió asfixiarme. Pero si no quedé amargado por los golpes recibidos, las humillaciones que me infligieron, se lo debo a Gala. A su coraje. Ella nunca se quejó de sus gestiones cansadísimas, de las esperas, de las rechiflas, de las burlas, de las cobardías que hubo de soportar".
Mientras Dalí se confiesa fiel, (solo habló una vez de otro amor, Amanda Lear) Gala se pasea con sus amantes.  Él lo sabe y parece no importarle.
"Yo soy de una fidelidad tan grande hacia mi esposa que, aunque quizás nadie me crea, puedo asegurar algo que es completamente verdad: yo nunca he hecho el amor con otra persona que con Gala! ¡Jamás, jamás, jamás! ¡La primera y nunca más!” (1972)
Para los años 70, el terror al envejecimiento y la miseria hace mella. Gala hace que su esposo firme lienzos en blanco, los que vende. Se hace más de diez operaciones estéticas y se rodea de hombres jóvenes, a quienes convierte en perritos falderos que comen de su mano. Una fractura de fémur, producto de un confuso accidente, inicia la ruta hacia el final. Muere en junio de 1982 en el castillo que él le había regalado catorce años antes. A partir de esa fecha, Dalí se encierra en él, deprimido, inapetente y sin ganas de vivir.
"...no está muerta, no morirá nunca...".
(1982) "
Sobrevivirá a Gala siete años, con la certeza que Salvador, sin Gala, no hubiera sido el “divino” Dalí.
«Cada mañana, al levantarme,
experimento un supremo placer:
ser Salvador Dalí».
“Sin el amor, sin Gala, yo no sería Dalí.
Esta es una verdad que no cesaré de gritar y de vivir.
Ella es mi sangre, mi oxígeno”.

Gracias a mi hermana Sandra, lectora fiel, por sugerir esta pareja. 

14 de marzo de 2011

A la sombra del General San Martín: Remedios Escalada

A la sombra de ellos:
VIII. María de los Remedios de Escalada (1797-1823), su hija Mercedes Tomasa San Martín Escalada (1816-1875) y José de San Martín (1778-1850)

María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciano Escalada de la Quintana, vivió rodeada de comodidades y prestigio pero también de ideas libertadoras y revolucionarias. Su familia estaba vinculada a la lucha patriótica y fue uno de los primeros contactos que José de San Martín hizo a su llegada a Buenos Aires. Cuando el entonces teniente coronel comenzó a organizar el Regimiento de Granaderos a Caballo, Remedios redactó una nota al gobierno, firmada por muchas damas de la sociedad- en la que se comprometían a contribuir con pequeñas sumas sacadas de sus presupuestos hogareños, para la compra de armas para el nuevo Regimiento. Don Antonio Escalada, su padre, se encargó de recibir los donativos. Fue en una tertulia en su casa, para el 1812, que Remedios y José de San Martín se conocieron.

"Esa mujer me ha mirado para toda la vida",(San Martín en carta a su amigo Mariano Necochea)

Poco después, y con solo quince años, Remedios de Escalada se casa con San Martín, casi veinte mayor que ella, en la Catedral de Buenos Aires. Disfrutan de una corta luna de miel pues los compromisos militares de su esposo los obligan pronto a separarse. Mientras San Martín marcha junto a los Granaderos a San Lorenzo, Remedios permanece en casa de sus padres. Es el comienzo de una corta vida en común donde tendrá que aceptar la idea de que primero estaba la Patria.

No fue hasta dos años después que se reúnen en Mendoza, siendo su esposo gobernador de la provincia de Cuyo. Se integra con prontitud a las actividades políticas. Fue la fundadora de la Liga Patriótica de Mujeres y colabora en la organización del Ejército de los Andes. Bajo su iniciativa, ella y un grupo de mujeres mendocinas, donaron todas sus joyas para equipar a las tropas. Tras la sugerencia de su esposo de dotar al ejército de una bandera, ella y unas amigas la confeccionan en pocos días. El 31 de agosto de 1816, nació en Mendoza, su única hija, Mercedes Tomasa, quien años después sería la compañía del General en el exilio.

Antes de partir hacia Chile, san Martín le pide a Remedios, enferma de tuberculosis, que regrese a la casa de sus padres en Buenos Aires. No se volverán a ver. Ya grave, se instala en una quinta donde muere el 3 de agosto de 1923, solicitando la presencia de su esposo. San Martín no llega, hasta meses después. Dispone entonces la construcción de un mausoleo donde se lee: "Aquí descansa Remedios Escalada, esposa y amiga del general San Martín." Tenía solo 27 años; de los once años que duró el matrimonio, vivieron más de seis separados.

En el 1824, José de San Martín marcha con su hija Mercedes, a quien no ha visto en siete años, a Francia. Considera que de quedarse con su abuela materna, será una malcriada consentida ("¡Que diablos!, la chicuela era muy voluntariosa e insubordinada, ya se ve, como educada por la abuela".) Por eso se dedica, en una forma casi obsesiva, a supervisar su educación.

MÁXIMAS DEL GRAL. JOSÉ DE SAN MARTÍN A SU HIJA
(escritas en el año 1825)
1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos".
2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.
3. Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
4. Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
5. Respeto sobre la propiedad ajena.
6. Acostumbrarla a guardar un secreto.
7. Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.
8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.
9. Que hable poco y lo preciso.
10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
11. Amor al aseo y desprecio al lujo.
12. Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad
 Cuando ambos enferman de cólera, es el joven Mariano Balcarce, hijo del General Antonio González Balcarce, quien los atiende. Para el 1832, Mariano se convertirá en el esposo de Mercedes.

"Antes del nacimiento de mi Mercedes, mis votos eran porque fuese varón; contrariado en mis deseos, mis esperanzas se dirigieron a que algún día se uniese a un americano, hombre de bien, si posible, el que fuese hijo de un militar que hubiese rendido servicios señalados a la dependencia de nuestra patria. Dios ha escuchado mis votos, no sólo encontrando reunidas estas cualidades en su virtuoso hijo don Mariano, sino también coincidir en serlo de un amigo y compañero de armas”.

A excepción de dos años que pasa en Buenos Aires, la pareja residirá siempre cerca de San Martín. A pesar de que confiesa que quiso tener un hijo, es su hija Mercedes (en la fotografía a la izquierda)  y las dos niñas que tendrá, quienes acompañan al General hasta su muerte. Esa hija y sus “dos nietecitas cuyas gracias no dejan de contribuir a hacerme más llevaderos mis viejos días”, vivirán, como su esposa Remedios, adorando a José de San Martín. Será Mercedes la custodia, tanto de los documentos y recuerdos del General, como de sus restos. No es hasta después de su muerte, a los 58 años, que se permite que las cenizas de San Martín regresen A Buenos Aires, como él lo había deseado. Y es su nieta, Josefina Balcarce, única sobreviviente de la familia para el 1899, quien lega al Museo Histórico Nacional todos los muebles y objetos, guardados por ella en el mismo orden en que los tenía su ilustre abuelo.

"Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz." (San Martín, 1844)

Dibujo de boda - Alberto Breccia (1982)
Gracias a Mayra Alejandra Ponce, por sugerir a San Martín, esposa e hija.

12 de marzo de 2011

A la sombra de Sigmund Freud: Martha Bernays

A la sombra de ellos:
VII. Martha Bernays (1861-1951) y Sigmund Freud (1856-1939)
Martha Bernays no fue solo una “gran mujer” que vivió a la sombra de un “gran hombre” más de medio siglo sino que además siempre fue desplazada de su posición en la vida de su esposo por alguien más: los compañeros de profesión de Freud, sus discípulos, su propia hermana Minna, quien era la secretaria de él y hasta su hija menor Anna, también sicoanalista y compañera inseparable del padre. Sin embargo, lo amaba como nadie lo hizo y sin comprenderlo bien (En una ocasión comentó: "Debo confesar que, si no supiera con cuánta seriedad trabaja mi marido, creería que el psicoanálisis es una especie de pornografía".) le dio apoyo, inspiración y estabilidad tanto en tiempos de estrechez como de gloria.

«Mi madre jamás ha creído en el psicoanálisis: sólo creía en mi padre». Anna Freud

Por él, abandonó sus intereses personales, la literatura y la poesía. Por él, se dedicó por entero a la crianza de los seis hijos (tres de cada sexo) que tuvieron, todos en un plazo de ocho años. Por él, se ocupó de todo lo relacionado con el hogar para darle libertad y tiempo. Poco después de la muerte de su esposo, escribió a un amigo: "Es un débil consuelo tomar conciencia de que, en cincuenta y tres años de matrimonio, nunca hubo palabras desagradables entre nosotros, y que siempre me he esforzado, en la medida de lo posible, por mantenerlo al margen de las pequeñas miserias de la vida cotidiana. Ahora mi vida ha perdido sentido y todo contenido"
Martha conoció a Sigmund Freud en la casa de éste. Había sido invitada a una cena ya que su hermano estaba comprometido con la hermana de él. Freud, que por lo general cenaba solo en su cuarto, al verla, decidió sentarse a la mesa y desde entonces supo ella sería su compañera en la vida.  “Aquella chica, sentada a la larga mesa, hablaba con un encanto sorprendente mientras pelaba manzanas con sus pequeños dedos; desde ese día creo en los milagros”.

Proveniente de una familia de intelectuales y revolucionarios destacados judíos, Martha fue educada de manera estricta, bajo la autoridad de su madre, muy similar a esas madres descritas por Freud en los “Estudios sobre la histeria”. Siempre estuvo opuesta a la relación de su hija con ese judío sin clase, pobre y para colmo, ateo. Cuando se dio cuenta de que el noviazgo iba en serio, se llevó a vivir a su hija a Viena. Pero el noviazgo duró cuatro años, podría decirse que por correspondencia. Miles de cartas han sido guardadas por los herederos (se escribían a diario, y a veces, dos o tres veces al día), ya que solo se ha permitido publicar un centenar de las mismas.
Viena, jueves, 17-8-1882

Mi amada niña:
     Hoy hace ya un mes que mis ojos te espiaban mientras estabas sentada en la terraza de la casa de Philipp, cuando aún no nos conocíamos, y llevamos dos meses siendo novios. Desde entonces han ocurrido muy pocas cosas que puedan contribuir a la unión que anhelamos en realidad. Sin embargo, tampoco hemos desperdiciado el tiempo. Éramos extraños y teníamos que conocernos y vivir algunas cosas juntos, lo cual hemos conseguido, y si los dos podemos conservar nuestra buena salud y no se ocupa algún demonio de destruir nuestros sentimientos, los siguientes aniversarios mensuales nos encontrarán más avanzados en nuestro destino. Para ti, pobre amada mía, la esperanza de ir hacia un futuro mejor tendrá que compensarte por los muchos sacrificios que haces por el momento. Para mí, el valor que tuve para cortejarte se ha visto ya satisfecho con mi buena suerte. Si me permites una petición, te ruego que no seas taciturna ni reticente conmigo, sino que compartas conmigo cualquier infortunio que podamos superar y soportar juntos como amigos y buenos compañeros. Siempre he actuado así, a veces como consecuencia de tu naturaleza delicada, y tú me has dicho que estabas de acuerdo con mi forma de ser […]. Solo la influencia de mi mal humor habitual me lleva a referirme a estas cosas, ya que actualmente no existe discrepancia entre nosotros ni yo albergo el temor de que pueda aparecer, desechando la posibilidad de que en el futuro cualquier acontecimiento lograra separarnos.
     Solo me duele mi incapacidad para poder demostrarte mi amor, pero mientras mantengas la fe en mí y me ames –y sé que en ambas cosas eres honesta–, no hay duda de que nos llevaremos bien y seremos capaces de gozar tiempos mejores. No te molestes por mi actitud tan seria Marty, pues ya sabes que, en cambio, suelo ser alegre cuando estás conmigo.
     Cariñosos saludos y en espera impaciente de ese monstruoso mes, que tan pronto se desvanecerá en el pasado.
Tuyo,
Sigmund
“Cuando recibo carta tuya, todo el ensueño se disipa y la vida real se introduce en mis células. Los problemas extraños quedan borrados en mi cerebro; se desvanecen las misteriosas concreciones pictóricas de las diversas enfermedades y desaparecen las teorías vacías. Hasta ahora habías compartido mi tristeza. Comparte hoy conmigo mi alegría, amada mía, y no creas que existe otra cosa sino tú en la médula de mis pensamientos”.

1893
Novia mía:
Escribes unas cartas tan inefablemente dulces, tan conmovedoramente tiernas, que sólo podría contestarlas como se merecen, con un beso prolongado y abrazándote amorosamente. (...) Martha, no apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos porque me doy cuenta de la insignificancia de otros deseos comparados con el hecho de que seas mía. Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme con escribirte en vez de besar tus dulces labios.

Para casarse con Martha, abandonó sus estudios de medicina, y en el 1886 abrió un gabinete neurológico, donde profundizó en el psicoanálisis. Freud acepto casarse por lo judío pero luego, por mutuo acuerdo, sacaron el tema religioso de sus vidas.

Vivieron un matrimonio tranquilo, sin subirse la voz ni faltarse el respeto. Una de sus biografías menciona que Freud se quejaba de que Martha suprimiera su agresividad natural y no manifestara sus sentimientos y emociones aunque en realidad lo agradecía. Pero añade que en el fondo Freud lo prefería así pues “como trataba tanto con la ira y la rabia del mundo a través de sus pacientes, necesitaba mantener la ilusión de que no la hubiese en su propia casa. Martha tenía que ser mejor que el resto”.(Behling-Fisher)

En el 1886, Minna, hermana de Martha pierde a su prometido, Ignaz Schönberg, a causa de la tuberculosis. Ella permanece soltera y cuando nace su sobrina Anna, se muda con Martha para ayudarla en la crianza de los seis niños. Vivirá con ellos cuarenta y dos años y se convertirá en la secretaria personal de Freud. Minna lo admiraba, le apasionaban los temas que Martha consideraba inmorales, compartían estudio, trabajo y viajes, mucho más que con la misma Martha, relación que algunos interpretaron como más allá de fraternal. La única evidencia (descubierta en el 2006) de que pudo haber habido un romance entre ellos es un registro del 1898 en el que aparece la firma de Freud “y esposa” en un hotel suizo donde se había hospedado con su cuñada. En vida de los tres, nunca pasó de un mero rumor callejero y Freud mantuvo su fama de “monógamo en un grado muy inusual". "Su esposa fue, sin duda, la única mujer en la vida amorosa de Freud, y fue lo primero antes de cualquier otro mortal”. (Ernest Jones, biógrafo)

Desde el 1923, cuando se le diagnostica a Freud cáncer en el paladar, Martha y Anna no vuelven a separarse de él. Dieciséis años y más de treinta operaciones después, Freud se da cuenta de lo avanzado de su caso cuando ve que su propio perro lo rehúye por su aliento. Le recuerda a su doctor el pacto que habían hecho tiempo atrás: no permitiría que la vida se le convirtiera en una tortura ni que perdiera la dignidad de su espíritu. Sin decirle nada a su esposa y tras convencer a su hija Anna, pide que le inyecten varias dosis graduales de morfina. Muere el 23 de septiembre de 1939. Martha escribe a sus parientes notificando su muerte e indicando que lo importante era que él había estado, hasta el último de sus días en plenas facultades mentales. En la misma carta daba gracias por la vida disfrutada a su lado y por todo lo que había podido hacer por él para que se convirtiera en lo que fue: el padre del sicoanálisis y arqueólogo de la mente humana.

Martha falleció en el 1951, a los noventa años.  Fue cremada, como Freud y sus cenizas depositadas en la misma urna, para que como en vida, permanecieran juntos por siempre.

“Querida Martha, qué pobres somos.
Cuando alguien nos pregunte qué bienes poseemos para vivir juntos,
lo único que podremos decir es:
nada más que este desmesurado amor mutuo”.


(Gracias, José Arraiza por sugerir esta pareja.)



9 de marzo de 2011

A la sombra de Juan Antonio Corretjer: Consuelo Lee Tapia

A la sombra de ellos
VI. Consuelo Lee Tapia (1904-1989) y Juan Antonio Corretjer (1908-1985)

¿Qué tienes, Consuelo
¿Qué consuelo queda?
No debes llorar aunque la pena te muerda.
¿Qué tienes ahora, tú, Consuelo, sola?
…siempre quise saber cómo ser madre, poeta,
amante, soldado y armadura.
Siempre dudé que alguien lo lograra
Hasta mirarte erguida sin locura.
(Zoraida Santiago)
Pensar en Consuelo sin mencionar a Juan Antonio Corretjer, poeta nacional de Puerto Rico, es imposible. A pesar de que se conocieron en la mitad de sus vidas, éstas corrían en caminos tan cercanos que era imposible no encontrarse.

"Juan es la parte masculina que compone conmigo esta alianza amorosa de dos opuestos".

Nieta de don Alejandro Tapia y Rivera, padre de la literatura puertorriqueña, Consuelo Lee Tapia conoció desde pequeña los ideales de justicia e igualdad social. Estudió arte y música, y tal vez hubiera sido concertista de piano si la entrega a sus ideales políticas no la encaminaran hacia otro destino.

Dos acontecimientos en el 1936 definieron su pensar: el arresto y juicio de miembros del partido Nacionalista y la Guerra Civil Española. La vida la lleva a Estados Unidos, donde se unió al Partido Comunista. En un principio, debido a pertenecer a una familia acomodada, no fue mirada con agrado pero se ganó la confianza del liderato por su constancia y organización. Su dominio del español, inglés y conocimiento del francés la hacen pieza necesaria en la dirección del Partido. Es ya una militante activa y reconocida cuando en el 1942, conoce a Juan Antonio Corretjer, poeta nacionalista, recién salido de la penitenciaría.

El primer trabajo junto a él fue la organización de un periódico hispano que uniera la lucha de la independencia de Puerto Rico con los problemas de la América Latina. El mismo se llamó “Pueblos Hispanos”, dirigido por Corretjer pero organizado por Consuelo. A su inauguración asistieron numerosas personalidades, entre ellas, Pablo Neruda. El periódico se publicó semanalmente por casi dos años.

“Mariana Bracetti nos dio su vida para que ningún hijo de puertorriqueña naciera en la esclavitud. Puertorriqueña que no luche por la libertad del suelo patrio no cumple con el deber materno y sagrado que esta valerosa mujer interpretó en el sacrificio. Mariana Bracetti es más que luchadora por redimir su tierra del tirano; es también luchadora por libertar las madres puertorriqueñas. Mariana Bracetti no creyó suficiente dar vida a su hijo, sino que supo que el solo dar vida no es maternidad sino se lucha para que esta vida respire el aire de la libertad".
(De: Consuelo Lee: “La mujer y la identidad puertorriqueña”,
publicado en Pueblos Hispanos. 23 de sept. de 1944)

Ya casados, Consuelo y Juan Antonio se van a Cuba para el 1945, donde hacen importantes trabajos de traducción del inglés al español. En el 1946 regresan a Puerto Rico. Fundan el periódico “El Boricua”, dirigido por Juan Antonio pero es ella, como del anterior “Pueblos Hispanos”, su alma organizativa. Funda la escuela Betances en el pueblo de Guaynabo donde residen, de enseñanza gratuita, pero que fue arrasada por la Policía tras la Revuelta Nacionalista de 1950. Estos sucesos llevan a Corretjer a la cárcel. Ver a Consuelo andar sola le inspira uno de sus poemas más conocidos, "Andando de noche sola". Famosos son también:  "En la vida todo es ir", Boricua en la luna", "Oubao Moin", muchos de los cuales han sido musicalizados por Roy Brown.

¡Qué triste es una paloma
cantando al oscurecer!
¡Más triste es una mujer
andando de noche sola!
(De una décima jíbara)

Al caer de monte en monte
el lindo manto del día
y ya en la azul lejanía
liquidarse el horizonte;
cuando al vuelo del sinsonte
se ha enternecido la loma
y la dulce luna asoma:
cercana al canto del río
y oída desde el bohío
¡qué triste es una paloma!

Por la vereda sombría
habiendo dejado el llanto
en la paz del camposanto,
hasta la ‘cienda volvía.
Una sequedad me hacía,
en el largo atardecer,
el ansia de fenecer;
y esa soledad que espanta
un lazo por la garganta,
cantando al oscurecer!

Duele mucho, mucho y hondo,
esto que estamos mirando.
El mundo se está salvando
y nosotros tocando fondo.
Mientras más la voz ahondo
más fiera vibra en mi ser,
pues si es duro en cárcel ver
mi frente que no ha pecado,
más triste es mirar al lado:
más triste es una mujer.

Cuando en traje de sudores
te miro sin compañía,
pesado el fardo y sin guía
en un ciclón de rencores:
incendios son mis amores
a los que el canto se inmola
como en llamas de amapola
—¡ay patria! ¡por suerte viva
y por desgracia cautiva,
andando de noche sola!

Juan Antonio Corretjer
escrito el 5 de noviembre de 1950 en el
Cuartel General de la Policía de Puerta de Tierra
San Juan, Puerto Rico

Desde el 1964, pertenecen a la Liga Socialista Puertorriqueña. Como muchos dirigentes de esta organización, ambos son arrestados en octubre de 1969 con el cargo de conspiración contra el gobierno de Estados Unidos. En el 1971 es condenada a cinco años de prisión pero se logra que sea excarcelada bajo fianza. En el 1973, año que publica su poemario “Con un hombro menos”, sufre un infarto. Para el 1977 ha perdido mucha visión que la obliga a disminuir, no cesar, su actividad revolucionaria.

Cárcel de mujeres
en Vega Alta, P. R.
y a 30 de junio, 1971

Mi juani querido:
Llegamos anoche como a las 10:00 después de un bello paseo através de la Divisoria, pasando por Ciales. Miré para casa de Padilla y la casa de Tití. Todo el tiempo pienso en ti y en los muchachos.
Nos han tratado bien. Esto está tan y tan lleno que me pusieron en sección máxima pero no te alarmes — es limpio, todas las presas me han venido a saludar. Y las más jóvenes me llaman abuelita.
No sé que cura es pero ya me dejaron lavar y me dieron un excelente café (2 tazas) y un buen pedazo de pan con mantequilla. Carmín es la Carmín que conocí. Ha sido bueno para las dos.
Lo que me hace falta aparte de tí y mis compañeros y compañeras son tus libros. Me la paso recitando los que recuerdo y oigo la vocecita de Aidita recitando “Distancias”.
Espero que Myriam se quede en Ponce y Alberto en San Juan hasta ver que pasa con nosotros.
Aquí está todo el mundo cantando, hablando un avíspero lleno de energías y deseos de vivir.
Hay gente de Cantera (Ponce) y de Guaynabo. Muchas conocen a Isabelita, Carmín (recepción especial) y a las demás. Todas nos han tratado bien así que no te intranquilices. Ustedes son los que me preocupan.
Mi Juani, has que salgan tus grandes poemas para el
Perdona que deje el pensamiento trunco pero todas las presas me vienen a saludar y las interrupciones son grandes y biográficas.
El bello cielo de Puerto Rico debe asomarse para ustedes también aunque “recortado”. No me siento deprimida pues ya tú sabes como soy; extraño tu ausencia. Nos veremos y a la alegría es a la que hay que vigilar que no traicione a una.
Te adora tu
Consuelo

[Posdatas escritas al margen del papel:]
Ahora me acordé del párrafo inconcluso: que termines el poema o los dos cantos que te faltan para tu libro.
Carmín está en Admisiones, nos pondrían juntas.
Te quiero más que nunca y mi cariño es más grande por tu noble ejemplo.
Una presa canta:
Esta maldita pared
yo la voy a tumbar algún día
ya lo verás mi querer

(Carta del archivo de Casa Corretjer)

Consuelo era mayor que Juan Antonio. Como dato curioso, nació cuatro años antes y murió cuatro años después que él. Sin embargo, cuenta un “incidente”, ocurrido en el 1970. que le cumplió su deseo: nacer juntos. Cuenta Consuelo:
Pensando en nuestras vidas juntas son muchos los “incidentes” (palabra frívola para las cosas grandes), experiencias buenas y malas que hemos convivido. Pero todas han sido dentro de la experiencia de un amor indestructible. A pesar que haya tenido momentos que fuera machacado por el hambre, las enfermedades y la persecución, pero siempre nuestro amor ha vencido cuanta crisis trató de meterse entre nosotros. Es bueno que él en su afán inútil de ser “mayor que yo o alcanzarme”, haya llegado a los 75 intacto y a mi lado. Esa carrera no la ganará nunca. Yo seguiré con mis cuatro años menos unos días en la delantera. La vida de él ha sido tan azarosa que yo necesitaba llegar antes para lo que nos esperaba.

Este preámbulo es a modo de ambientar los 41 años de nuestro encontronazo (que viene de encuentro). Mi preocupación al conocernos fue y siempre ha sido que perdimos mucho tiempo por no haber nacido el mismo día, a la misma hora, en cunas adyacentes.
El “incidente” que les voy a contar es uno en que Juan me dijo: —se cumplió tu deseo: Nacimos juntos.

Una noche entre las 10:30 y las 11:00 regresábamos a Guaynabo de la reunión semanal de la Liga Socialista Puertorriqueña, de la cual somos miembros fundadores antes de que algunos se nos unieran. Al llegar a la entrada de la casa y por ser temprano y el tránsito pesado aun, tuvimos que retenernos antes de virar a la izquierda hacia el caminito que lleva a casa.
Venía la “escolta policíaca” de rigor que se detuvo en la estación de gasolina antes de llegar a casa a velarnos entrar. Pero esa noche tenían un fin nefasto especial. Era cerciorarse de que se cumpliera el mandato de matarnos a Juan y a mí por carambola.
Juan miraba por el retrovisor esperando la vía clara para virar. Pasaron varios autos.
Inmediatamente un auto que no voy a describir en detalle porque no viene al caso, se nos pegó al lado, lo más cerca que lo puede hacer un auto sin chocar otro. Delante iba un chofer y en el asiento detrás iba otro hombre con los brazos descansando en la puerta, que nos miraba fijamente.
Todo esto ocurrió en segundos. Me extrañó la inmovilidad del auto. Juan seguía mirando por el retrovisor. Otro auto pequeño con dos hombres pasó a gran velocidad o a gran ruido. El que guiaba por poco se lleva a uno jóvenes que caminaban y tuvieron que saltar a la entrada de nuestro caminito. El que lo acompañaba me llamó la atención porque sacó la cabeza y parte del cuerpo para mirarnos.
Entonces miré el auto del lado nuestro, y en el segundo que dije —Juan—, para llamarle la atención sobre su inmovilidad, él inclinó la cabeza y veo un arma que apuntaba a la sien de Juan. Al instante él movió la cabeza para atenderme. No me dio tiempo a decirle nada, ya que en ese mismo momento un disparo con “sordina” atravesó por detrás de nuestras cabezas y rompió el cristal del auto de mi lado, que siempre lo llevo arriba. Me llovió cristal roto como leve lluvia, pasándome la falda y sacándome puntitos de sangre en los muslos. Pero lo que me aturdió fue el ruido del “silenciador”. Por eso le digo sordina. Juan me miró y me preguntó: —¿Estás bien— y yo le contesté: —Un poco sorda.
— Pues se cumplió tu deseo: Nacimos juntos. Eso fue un atentado. ¿Qué hacemos?—. Yo contesté: —Lo sé. Pero que fecha antipática: el 17 de julio, cumpleaños de Muñoz Rivera.
Los asesinos del gobierno de turno esperaban en otra estación de gasolina más adelante. Me imagino el susto que pasaron cuando vieron un auto guiado por un cadáver con otro al lado. Porque el arma apuntaba a la sien, como he dicho, de Juan, y no podía fallar. Lo que faltó fue no conocer la filosofía jíbara que nos asegura: “Nadie muere en la víspera”. Y ese día no nos tocaba.

(Tomado de: Reintegro-Extraordinaria, Año 3 #2, Agosto-Diciembre 1983)

Para los 80, Consuelo participó en la lucha por la excarcelación de los prisioneros políticos y de guerra puertorriqueños. Después de la muerte de Juan Antonio en el 85, fue miembro fundadora de la Fundación Pro Museo Biblioteca Corretjer y pudo participar de la inauguración de la sede de la Casa Corretjer, en el pueblo de Ciales, Puerto Rico. Allí permanecerán juntos sus recuerdos, libros, fotografías, obra; siempre unidos, como vivieron.
Si quieres comprender cómo te amo
pídeme de la Vida hasta la Muerte.
Por ti desafiaré los Elementos,
los Astros y la Suerte.
Y en pago de mi amor sólo te pido
tu mano en lazo con la mía unida.
Tu corazón mi corazón moviendo
para toda la vida.
Mírame con tus ojos amorosos.
Piénsame, pensamiento idolatrado.
Bésame, beso tuyo, beso mío.
Llévame en ti como un relicario.
Que hoy más que nunca soy como la hechura
de tu amor, de tu beso, tu caricia:
del encendido óleo de tus ojos,
del molde de tu arcilla.
Juan Antonio Corretjer

óleo: Oscar Lopez

7 de marzo de 2011

A la sombra de Simón Bolívar: Manuela Sáenz y Aizpuru

A la sombra de ellos
V. MANUELA SÁENZ (1797-1856) y SIMON BOLIVAR (1783-1830)

Para muchos: Heroína de la independencia, madre del continente americano, luchadora de la libertad y “libertadora del libertador”. Para algunos: ramera, infiel, la “loca de Bolívar”, una más de sus mujeres. Para todos, una pieza imborrable en el tablero de la historia de Latinoamérica y la más leal soldado de las tropas bolivarianas. Nacida de una aventura extramarital de su padre y huérfana de madre, Manuela Sáenz fue criada por su madrastra y educada en los mejores colegios de su Ecuador natal. En el 1810, su padre, Simon Sáenz, contribuyó a la matanza de los próceres en Quito. Ese hecho, del que fue testigo, le dio conciencia de la injusticia de las autoridades españolas y marcó su actitud rebelde contra la tiranía. Manuelita no es revolucionaria porque se sintió atraída por Bolívar, sino que la atrajo Bolívar porque era revolucionaria. Antes de conocerlo a él ya había participado en luchas armadas contra el virreinato del Perú, y afianzado ideales más cercanos a los de su madre americana que a los de su padre español.

A los diecisiete años, estando interna en un colegio de monjas, huyó con un oficial del ejército real, Fausto D’Elhuyar. Parece ser que él la sedujo y abandonó pues en el 1816, su padre pactó un matrimonio de conveniencia con un acaudalado médico inglés, James Thorne, veintiséis años mayor que ella. La boda se celebró en Lima en el 1817, entre una sociedad que no conocía las condiciones ilegitimas de su origen.

Su vida social eran las tertulias revolucionarias. Poco después, deja a su marido y se va de viaje con su padre. En julio 28 de 1821, Manuelita participó en todo el proceso de la declaración de independencia del Perú. Por sus servicios patriotas el General José de San Martín la nombra “Caballero de la Orden del Sol”. El 24 de mayo de 1822, día del triunfo de Pichincha. Manuela tuvo la oportunidad de entablar amistad con el general Sucre. También conoció al General Juan José Flores y al hombre que sería su norte, Simón Bolívar.

En su diario narra:
“Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tome la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S. E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano”.


En un encuentro posterior, él le diría: «Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España». Manuela y Simón Bolívar se convirtieron en amantes y compañeros de lucha durante ocho años, hasta la muerte de éste en 1830.
Manuela:
     Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya. Toda. Mis palabras. Mis sonrisas. El viento que respiré y te enviaba en suspiros. El tiempo fue cómplice por el tiempo que alargué el discurso frente al Congreso para verte frente a mí, sin moverte, quieta, mía…

     Utilicé las palabras más suaves y contundentes; sugerí espacios terrenales con problemas qué resolver mientras mi imaginación te recorría; los generales que aplaudieron de pie no se imaginaron que describía la noche del martes que nuestros caballos galoparon al unísono; que la descripción de oportunidades para superar el problema de la guerra, era la descripción de tus besos. Que los recursos que llegarían para la compra de arados y cañones, era la miel de tus ojos que escondías para guardar mi figura cansada, como me repetías para esconder las lágrimas del placer que te inundaba.
     Y después, escuché tu voz. Era la misma. Te di la mano, y tu piel me recorrió entero. Igual… que los minutos eternos que detuvieron las mareas, el viento del norte, la rosa de los vientos, el tintineo de las estrellas colgadas en jardines secretos y el arco iris que se vio hasta la media noche. Fuiste todo eso, enfundada en tu uniforme de charreteras doradas, el mismo con el que agredes la torpeza de quienes desconocen cómo se construye la vida.
     Mañana habrá otra sesión del Congreso. ¿Estarás?
Simón

En una carta del 9 de junio de 1824, Bolívar le advierte sobre la dureza de las condiciones a enfrentar y trata de disuadirla de acompañarlo en la lucha.
     ¿Quiere usted probar las desgracias de esta lucha? Vamos. El padecimiento, la angustia, la impotencia numérica y la ausencia de pertrechos hacen del hombre más valeroso un títere de guerra... Hay que estar dispuesto al mal tiempo, a caminos tortuosos a caballo sin darse tregua; tu refinamiento me dice que mereces alojamiento digno y en el campo no hay ninguno. No disuado tu decisión y tu audacia, pero en las marchas no hay lugar a regresarse. Por lo pronto no tengo más que una idea que tildarás de escabrosa: pasar al Ejército por la vía de Huaraz, Olleros, Chovén, y Aguamina al sur de Huascarán. ¿Crees que estoy loco? Esos nevados sirven para templar el ánimo de los patriotas que engrosan nuestras filas. ¿A qué no te apuntas? Nos espera una llanura que la providencia nos dispone para el triunfo. ¡Junín! ¿Qué tal?”

A lo que Manuela responde:
     Mi amado: las condiciones adversas que se presenten en el camino de la campaña que usted piensa realizar, no intimidan mi condición de mujer. Por el contrario: yo las reto.
     ¿Qué piensa usted de mí? Usted siempre me ha dicho que tengo más pantalones que cualquiera de sus oficiales, ¿o no? De corazón le digo: no tendrá usted más fiel compañera que yo y no saldrá de mis labios queja alguna que lo haga arrepentirse de la decisión de aceptarme.

Al producirse la Batalla de Ayacucho, Manuela desafió, una vez más, las advertencias de Bolívar y participó de manera activa. Francisco Antonio Sucre nos revela el carácter de Manuela, en su carta al Libertador del 10 de diciembre de 1824, donde solicita se le otorgue el grado de Coronel del Ejército Colombiano.
"Se ha destacado particularmente [...] por su valentía; incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos".

Durante los primeros meses de 1825, hasta abril, y a partir de febrero de 1826, reside con Bolívar en el palacio de la Magdalena, cerca de Lima. Su marido desea regresar con ella pero Manuela se niega:
No, no y no; por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución? ¡Mil veces no! Señor mío, eres excelente, inimitable. Pero, mi amigo, no es grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin sus méritos no sería nada. ¿Crees por un momento que después de haber sido amada por este hombre durante años, de tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo, o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero, ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? Déjame en paz, mi querido inglés. Amas sin placer. Conversas sin gracia, caminas sin prisa, te sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas. Son atributos divinos, pero yo miserable mortal que puedo reírme de mí misma, me río de ti también, con toda esa seriedad inglesa. ¡Cómo padeceré en el cielo! Tanto como si me fuera a vivir a Inglaterra o a Constantinopla. Eres más celoso que un portugués. Por eso no te quiero. ¿Tengo mal gusto? Pero, basta de bromas. En serio, sin ligereza, con toda la escrupulosidad, la verdad y la pureza de una inglesa, nunca más volveré a tu lado…

De esta carta, le envía copia al Libertador quien le contesta:
Plata, 26 de noviembre (1825).
"Mi amor: ¡Sabes que me ha dado mucho gusto tu hermosa carta! Es muy bonita la que me ha entregado Salazar. El estilo de ella tiene un mérito capaz de hacerte adorar por tu espíritu admirable. Lo que me dices de tu marido es doloroso y gracioso a la vez. Deseo verte libre pero inocente juntamente; porque no puedo soportar la idea de ser el robador de un corazón que fue virtuoso, y no lo es por mi culpa. No sé como hacer para conciliar mi dicha y la tuya, con tu deber y el mío: no sé cortar este nudo que Alejandro con su espada no haría más que intrincar más y más; pues no se trata de espada ni de fuerza, sino de amor puro y de amor culpable: de deber y de falta: de mi amor, en fin con Manuelita la Bella.
Bolívar"

Cuando Bolívar sale del Perú en septiembre de 1826, es apresada por los adversarios de Bolívar y enviada al destierro (1827). Bolívar la llama a su lado y viven en la residencia que hoy es llamada Quinta de Bolívar. En el 1828, en el Palacio de San Carlos de Bogotá, Manuela se da cuenta de que se fragua un atentado contra Bolívar. Se interpone frente a los rebeldes dándole tiempo suficiente para escapar. En otra ocasión hallándose Bolívar en el teatro, se presenta gritando como una loca que el Alcalde de la ciudad no la dejaba entrar. Su verdadera intención era obligar al Libertador a salir porque se había enterado que pretendían apuñalarlo en su propio palco. No sin razón, Bolívar la llamó “la Libertadora del Libertador”.


Manuela Sáenz fue la primera mujer con conciencia de la identidad americana, aseguraba que su país era el continente americano. Rechazaba los conceptos regionalistas y localistas, las«republiquitas» impuestas por la fuerza de las armas. Su país, como el de Bolívar, era América. .En una carta pública en el diario La Aurora de Bogotá, en 1830, Manuela Sáenz escribe: "Lo que sé es que mi País es el continente de la América y he nacido bajo la línea del Ecuador… ¿Por qué llaman hermanos a los del sur y a mí forastera?''


Tras la muerte de Bolívar es expulsada de Colombia y parte para Jamaica. Intenta regresar a su país pero le han revocado el pasaporte por lo que se instala en Perú. Durante los siguientes veinticinco años, vive en el anonimato, vendiendo artesanías, dulces y tabaco. A los cincuenta y nueve años muere, víctima de una epidemia de difteria y se presume que su cuerpo fue enterrado en una fosa común. De no haberle entregado gran parte de documentos que tenía bajo su custodia al irlandés Daniel Florencio O’Leary, para elaborar una biografía sobre Bolívar, se hubieran perdido, pues al morir, todas sus posesiones (incluyendo cartas de amor que aún conservaba) fueron incineradas.


“Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero”.

No es hasta el 5 de julio de 2010, que se le da a Manuela una honrosa sepultura en el sitial que le corresponde como luchadora emancipadora y compañera del Libertador.

En conmemoración del 199° aniversario de la Firma del acta de Independencia de Venezuela, el presidente del Ecuador, Rafael Correa, y su homólogo venezolano, Hugo Chávez, depositaron en el altar principal del Panteón Nacional de Caracas los restos simbólicos de la ecuatoriana Manuela Sáenz para que reposaran junto a los restos del Libertador Simón Bolívar. El Jefe de Estado venezolano, como homenaje post mortem, ascendió a la Libertadora del Libertador al grado de Generala del Ejército Bolivariano.

“Si a Bolívar lo llamamos el padre de la patria,
 a ti, Manuela,
te llamamos la madre de la patria, de la revolución”.
(Hugo Chávez)

*dibujo pareja a caballo: Juan Crlos Silva (Perú)

6 de marzo de 2011

A la sombra de Juan Ramón Jiménez: Zenobia Camprubi Aymar

A la sombra de ellos
IV. Zenobia Camprubi Aymar (1887-1956) Y Juan Ramón Jiménez (1881–1958)

“Fío, en absoluto, en mí. Pero es absolutamente preciso que nos casemos pronto. No sabes la paz, la fuerza, la tranquilidad, el tiempo, que esto me daría. Piensa tú que tu presencia me es necesaria, Zenobia, que mi vida sin ti está falta de vida. La mañana que yo amanezca a tu lado, ¡qué nuevo va a parecerme el mundo! -El porvenir, además, ¡nos traerá tanto y tanto! Ya tú verás".


Juan Ramón Jiménez, “el poeta de Moguer” y Zenobia, de raíces puertorriqueñas por la vía materna, se conocieron en el 1913 en una conferencia en la Residencia de Estudiantes en Madrid. Se casaron en el 1916, en Nueva York, matrimonio que duraría cuarenta años. Era una joven de familia acomodada, conocía idiomas, literatura, música, historia, estaba al tanto de los movimientos feministas y participaba de reformas politíco-sociales. Después, la admiración por el autor de “Platero y yo” y su obra poética la convertiría en su traductora, secretaria, agente, enfermera, apoyo, asesora, chófer, administradora, amiga, musa. Zenobia dejó de ser ella misma para ser “la esposa de Juan Ramón” y es posible, que sin ella, él no llegara a convertirse en la figura que fue.

Tras la guerra Civil Española vivieron en el exilio. Durante veinte años Zenobia estuvo escribiendo un diario en español y en inglés. Cuando estaba en una ciudad hispana escribía en inglés, y viceversa. Este diario salió publicado en tres tomos en el 2006, a cincuenta años de su muerte: Cuba (1937-39), Estados Unidos (1939-51) y Puerto Rico (1951-56). A través de sus confidencias conocemos, no al genio literario, sino al hombre quien fuera el centro de su vida y a quien se entregó por completo.

21 de diciembre de 1938
Las cosas entre J.R. y yo llegaron a su punto culminante. Yo me doy cuenta de que tengo un gran defecto al no poder tolerar acusaciones, pero mi indignación fácilmente provocada y probablemente injusta la mayor parte de las veces, me saca toda la que tengo normalmente reprimida por estar mortificada todo el tiempo.(…) Armé un infierno. Le dije que todos los hombres que él desprecia y critica, por lo menos se mantienen, y a su mujer y a sus hijos, y él, que no tiene que preocuparse por casa y comida, no puede resolver ni los problemas más pequeños y está desperdiciando su vida tirado en la cama o perdiendo el tiempo en los vestíbulos de los hoteles con un montón de gente poco interesante.

25 de diciembre de 1938
Yo estaba muy preocupada por J.R., por sus largos silencios, su cara de pena y sus respuestas medio distraídas, pero esta tarde parecía más animado, más como él, y al regreso me habló mucho sobre Unamuno, sus fuerzas rudas, su absoluta falta de sentimiento por la belleza, su completa indiferencia a la música. También habló de lo difícil que se les hacía a los hombres de su generación aprender bien las lenguas; de la facilidad con que algunos valores menores aprovechaban las ventajas de la vida y de la total falta de adaptación de otros como Rilke, que casi se murió de hambre. Creo que después que exploté anteayer, él ha estado pensando en sí mismo. De todos modos, los dos hablamos mucho tiempo, disfrutando el uno del otro y escuchándonos el uno al otro. Me gustó tanto que se lo dije.

Lunes 27 de febrero de 1939
.. [J. R.] acababa de dictar su llamamiento para empezar a recoger dinero para los intelectuales españoles que sufren en los campos de concentración de Francia cuando al abrir el periódico se le hundió la cabeza de pena al leer sobre la muerte de Antonio Machado. Trató que lo invitaran a la Universidad de La Habana, pero los más jóvenes, Gaos en particular, que fue el primero en beneficiarse, no querían tener nada que ver con los mayores (solamente los de su generación) y prevaleció sobre J. R. Ahora era más grande su dolor por no haber podido ayudarle. Quizás se hubiera salvado. Pero como dice J. R.: «Ha sido una muerte noble, acorde a su vida —sobre todo física— esforzada y lastimosa». Me parece que a ratos había algo de envidia en los pensamientos de J. R. en cuanto a su muerte. Lo más probable es que J. R. estuviera muerto o completamente loco de haber seguido su suerte, pero el día en que juntó su destino al mío, cambió ese fin. Después de todo, yo soy, en parte, dueña de mi propia vida y J. R. no puede vivir la suya aparte de la mía. Y yo no acabo de ver ningún ideal que valga el arrojar una vida, pese a todo lo que se proclama. En esta empresa nuestra, yo siempre he sido Sancho.

Domingo 7 de enero de 1940.
Se me vino encima la vida entera y la anulación gradual de mi personalidad en todo lo que no sea ayuda para los objetivos de J. R. y sobre todo la idea de que cuando J. R. quiere algo siempre estoy dispuesta a hacer sacrificios para que él pueda tenerlo, mientras que cuando yo quiero algo, aunque sea la cosa más mínima, si implica cooperación de su parte, basta que yo lo quiera para que él quiera lo contrario.

20 de mayo de 1945. Domingo
La gripe de J. R. y el que Inés pasara el domingo en Alexandria hicieron que me quedara en casa este fin de semana. Hoy J. R., que se ha negado a dejar de trabajar, ha llegado a asegurarme que un poco de fiebre ayuda a aclarar la mente y hoy ha resuelto 4 problemas importantes para su trabajo: se dio cuenta de cómo debía ser "Con la rosa", de qué poemas deberían ir al comienzo y al final de cada parte, etc. Ha sido un fin de semana muy provechoso y me dice a cada rato lo bien que va todo. Me dice cuánto disfruta y cuánto le ayudo y: "Habla un poco conmigo que después de muertos ya no podremos hablar".

La prioridad de Zenobia, al saber que sus días estaban contados por el cáncer que la aquejaba, era darle fuerzas a Juan Ramón para continuar su obra.Le preocupaba dejarlo solo porque sabía cuánto él dependía de ella. Su muerte, ocurrida en el 1956 en Puerto Rico, dejó sumido en tal depresión al poeta que ni el haber recibido, tres días antes, el Premio Nobel de Literatura lo pudo mitigar. Fue ella quien le dio la noticia, quizás la última alegría de su vida. Poco después, presintiendo también su final, arañó la vieja victrola que les había regalado su cuñado, y grabó el nombre “Zenobia” al frente y encima, las iniciales “ZJR” y “JZR” entrelazadas. La misma permanece en la Sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez de la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico, donde ambos fueron profesores. Dos años más tarde, Juan Ramón se iría tras su amada Zenobia.

"A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de Juan Ramón,
que la adoró como a la mujer más completa del mundo,
y no pudo hacerla feliz.
J.R.
Sin fuerza ya".

5 de marzo de 2011

A la sombra de Kahlil Gibran: Mary Haskell

A la sombra de ellos
III. Mary Haskell (1873-1964) y Kahlil Gibran (1883-1931)

Kahlil Gibran nació en el Líbano; Mary Haskell en Carolina del Sur, Estados Unidos, una década antes. Él, pintor y escritor; ella, directora de una escuela para niñas en Boston. Él, sin ingresos fijos, ella le pagaba todos sus gastos: comida, alquiler, estudios, viajes.


Gibran había llegado con su madre a los Estados Unidos a los doce años. Su mamá y dos hermanos murieron al poco tiempo de distintas enfermedades. Su hermana Mariana se ocupó de cuidarlo, mantenerlo y velar por él, mientras él pintaba, estudiaba y escribía. Sus versos, escritos en árabe, se hicieron populares. A los veintiún años conoce a Mary, de treinta, quien lo envía a estudiar a Paris. A su regreso, se compromete con ella pero nunca llegaron a casarse. En 1911 decide irse para Nueva York, Mary le alquila un apartamento. La separación inspira sus cartas de amor, palabras que quedaron en el papel, pues no hay evidencia de que alguna vez hayan tenido relaciones íntimas. Aparentemente, él nunca quiso. Y ella se conformó, como escribió en su diario, con que la gente “supiera que él me amaba porque era el más grande honor que tuve y quería que me lo reconocieran”.

10 de marzo de 1912
Mary, mi adorada Mary, ¿cómo puedes pensar que me estás dando más sufrimiento que alegrías? Nadie sabe bien cuál es la frontera entre el dolor y el placer: muchas veces pienso que es imposible separarlos. Tú me das tanta alegría que llega a doler, y me causas tanto dolor que llego a sonreír.

20 de Junio de 1914

Yo te amo. Mi deseo es mayor que tu deseo hacia mí. Cada vez que te encuentro tu presencia llena todo el espacio que me rodea.

Yo te amo y sé que el contacto físico tiene su momento. Después, este momento desaparece.

No quiero que nada de lo que sea muy importante entre nosotros termine por desaparecer, porque no sabemos qué puede suceder después de eso. Nuestra relación ya es suficientemente fuerte, pero no sé a dónde pueden llevar los límites que se le imponen al amor.

A pesar de todo, me entrego en tus manos. Un hombre solamente puede entregarse en las manos de alguien cuando el amor es tan grande que el resultado de esta entrega es libertad total.

Yo te amo con todo lo que existe en mí. La punta de mis cabellos, el borde de mis uñas, todo está repleto de este amor que te tengo, Mary.


18 de abril de 1915

Los dos días que pasamos juntos fueron magníficos. Cuando hablamos sobre el pasado, siempre tornamos más real el presente y el futuro. Durante muchos años tuve pavor de mirar aquello que viví y sufrí en silencio. Hoy entendí que el silencio nos hace sufrir más profundamente.

Pero tú me haces conversar, y yo descubro las cosas empolvadas que se escondían en mi alma, y entonces puedo arrancarlas de allí.

Cuando decide escribir en inglés, ella se convierte en su correctora. “Él siempre daba todas las grandes ideas y a veces yo simplemente encontraba las frases”. ¿Cuánto hay de Mary en los libros en inglés de Gibran? Nunca lo sabremos pero todos y cada uno de los libros en inglés de Kahlil Gibran, incluyendo la traducción de “El Profeta”, fueron corregidos por Mary Haskell.

10 de Septiembre de 1920
Para vivir es necesario coraje. Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades. Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.
Esta aventura requiere una única osadía: descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros, y estar dispuesto a entregarse. No se puede tener los ojos de uno, los oídos de otro, para saber de antemano lo que va a ocurrir; cada existencia es diferente de la otra.
No importa lo que me espera, yo deseo estar con el corazón abierto para recibir. Que yo no tenga miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien, hasta que me lo corten. Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes.
Déjenme ser tonto hoy, porque la tontería es todo lo que tengo para dar esta mañana; me pueden reprender por eso, pero no tiene importancia. Mañana, quién sabe, yo seré menos tonto.
Cuando dos personas se encuentran, deben ser como dos lirios acuáticos que se abren de lado a lado, cada una mostrando su corazón dorado, y reflejando el lago, las nubes y los cielos. No logro entender porqué un encuentro genera siempre lo contrario de esto: Corazones cerrados y temor a los sufrimientos.
Cada vez que estamos juntos, conversamos durante cuatro, seis horas seguidas. Si pretendemos pasar juntos todo este tiempo, es importante no tratar de esconder nada, y mantener los pétalos bien abiertos.
Kahlil Gibrán

Gibran tenía cuarenta y ocho años cuando es encontrado, gravemente enfermo, en su habitación. Muere al otro día. A pesar de que en ese momento tiene una relación con su secretaria, Barbara Young, deja el manejo de su colección de arte (pinturas y escritos) a Mary, quien en ese momento está casada con Jacob Florance Minis. De ahí en adelante, Mary dedicará su vida a divulgar su obra.

'La relación entre tú y yo es
lo más hermoso que me ha sucedido en la vida,
Es la cosa más maravillosa que yo haya conocido en cualquier vida.
Es eterna".
( “El Diario de Mary Haskell”, Septiembre 11, 1922)

Mary dibujada a lápiz por Gibran, 1910