7 de marzo de 2011

A la sombra de Simón Bolívar: Manuela Sáenz y Aizpuru

A la sombra de ellos
V. MANUELA SÁENZ (1797-1856) y SIMON BOLIVAR (1783-1830)

Para muchos: Heroína de la independencia, madre del continente americano, luchadora de la libertad y “libertadora del libertador”. Para algunos: ramera, infiel, la “loca de Bolívar”, una más de sus mujeres. Para todos, una pieza imborrable en el tablero de la historia de Latinoamérica y la más leal soldado de las tropas bolivarianas. Nacida de una aventura extramarital de su padre y huérfana de madre, Manuela Sáenz fue criada por su madrastra y educada en los mejores colegios de su Ecuador natal. En el 1810, su padre, Simon Sáenz, contribuyó a la matanza de los próceres en Quito. Ese hecho, del que fue testigo, le dio conciencia de la injusticia de las autoridades españolas y marcó su actitud rebelde contra la tiranía. Manuelita no es revolucionaria porque se sintió atraída por Bolívar, sino que la atrajo Bolívar porque era revolucionaria. Antes de conocerlo a él ya había participado en luchas armadas contra el virreinato del Perú, y afianzado ideales más cercanos a los de su madre americana que a los de su padre español.

A los diecisiete años, estando interna en un colegio de monjas, huyó con un oficial del ejército real, Fausto D’Elhuyar. Parece ser que él la sedujo y abandonó pues en el 1816, su padre pactó un matrimonio de conveniencia con un acaudalado médico inglés, James Thorne, veintiséis años mayor que ella. La boda se celebró en Lima en el 1817, entre una sociedad que no conocía las condiciones ilegitimas de su origen.

Su vida social eran las tertulias revolucionarias. Poco después, deja a su marido y se va de viaje con su padre. En julio 28 de 1821, Manuelita participó en todo el proceso de la declaración de independencia del Perú. Por sus servicios patriotas el General José de San Martín la nombra “Caballero de la Orden del Sol”. El 24 de mayo de 1822, día del triunfo de Pichincha. Manuela tuvo la oportunidad de entablar amistad con el general Sucre. También conoció al General Juan José Flores y al hombre que sería su norte, Simón Bolívar.

En su diario narra:
“Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tome la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S. E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano”.


En un encuentro posterior, él le diría: «Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España». Manuela y Simón Bolívar se convirtieron en amantes y compañeros de lucha durante ocho años, hasta la muerte de éste en 1830.
Manuela:
     Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya. Toda. Mis palabras. Mis sonrisas. El viento que respiré y te enviaba en suspiros. El tiempo fue cómplice por el tiempo que alargué el discurso frente al Congreso para verte frente a mí, sin moverte, quieta, mía…

     Utilicé las palabras más suaves y contundentes; sugerí espacios terrenales con problemas qué resolver mientras mi imaginación te recorría; los generales que aplaudieron de pie no se imaginaron que describía la noche del martes que nuestros caballos galoparon al unísono; que la descripción de oportunidades para superar el problema de la guerra, era la descripción de tus besos. Que los recursos que llegarían para la compra de arados y cañones, era la miel de tus ojos que escondías para guardar mi figura cansada, como me repetías para esconder las lágrimas del placer que te inundaba.
     Y después, escuché tu voz. Era la misma. Te di la mano, y tu piel me recorrió entero. Igual… que los minutos eternos que detuvieron las mareas, el viento del norte, la rosa de los vientos, el tintineo de las estrellas colgadas en jardines secretos y el arco iris que se vio hasta la media noche. Fuiste todo eso, enfundada en tu uniforme de charreteras doradas, el mismo con el que agredes la torpeza de quienes desconocen cómo se construye la vida.
     Mañana habrá otra sesión del Congreso. ¿Estarás?
Simón

En una carta del 9 de junio de 1824, Bolívar le advierte sobre la dureza de las condiciones a enfrentar y trata de disuadirla de acompañarlo en la lucha.
     ¿Quiere usted probar las desgracias de esta lucha? Vamos. El padecimiento, la angustia, la impotencia numérica y la ausencia de pertrechos hacen del hombre más valeroso un títere de guerra... Hay que estar dispuesto al mal tiempo, a caminos tortuosos a caballo sin darse tregua; tu refinamiento me dice que mereces alojamiento digno y en el campo no hay ninguno. No disuado tu decisión y tu audacia, pero en las marchas no hay lugar a regresarse. Por lo pronto no tengo más que una idea que tildarás de escabrosa: pasar al Ejército por la vía de Huaraz, Olleros, Chovén, y Aguamina al sur de Huascarán. ¿Crees que estoy loco? Esos nevados sirven para templar el ánimo de los patriotas que engrosan nuestras filas. ¿A qué no te apuntas? Nos espera una llanura que la providencia nos dispone para el triunfo. ¡Junín! ¿Qué tal?”

A lo que Manuela responde:
     Mi amado: las condiciones adversas que se presenten en el camino de la campaña que usted piensa realizar, no intimidan mi condición de mujer. Por el contrario: yo las reto.
     ¿Qué piensa usted de mí? Usted siempre me ha dicho que tengo más pantalones que cualquiera de sus oficiales, ¿o no? De corazón le digo: no tendrá usted más fiel compañera que yo y no saldrá de mis labios queja alguna que lo haga arrepentirse de la decisión de aceptarme.

Al producirse la Batalla de Ayacucho, Manuela desafió, una vez más, las advertencias de Bolívar y participó de manera activa. Francisco Antonio Sucre nos revela el carácter de Manuela, en su carta al Libertador del 10 de diciembre de 1824, donde solicita se le otorgue el grado de Coronel del Ejército Colombiano.
"Se ha destacado particularmente [...] por su valentía; incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos".

Durante los primeros meses de 1825, hasta abril, y a partir de febrero de 1826, reside con Bolívar en el palacio de la Magdalena, cerca de Lima. Su marido desea regresar con ella pero Manuela se niega:
No, no y no; por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución? ¡Mil veces no! Señor mío, eres excelente, inimitable. Pero, mi amigo, no es grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin sus méritos no sería nada. ¿Crees por un momento que después de haber sido amada por este hombre durante años, de tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo, o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero, ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? Déjame en paz, mi querido inglés. Amas sin placer. Conversas sin gracia, caminas sin prisa, te sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas. Son atributos divinos, pero yo miserable mortal que puedo reírme de mí misma, me río de ti también, con toda esa seriedad inglesa. ¡Cómo padeceré en el cielo! Tanto como si me fuera a vivir a Inglaterra o a Constantinopla. Eres más celoso que un portugués. Por eso no te quiero. ¿Tengo mal gusto? Pero, basta de bromas. En serio, sin ligereza, con toda la escrupulosidad, la verdad y la pureza de una inglesa, nunca más volveré a tu lado…

De esta carta, le envía copia al Libertador quien le contesta:
Plata, 26 de noviembre (1825).
"Mi amor: ¡Sabes que me ha dado mucho gusto tu hermosa carta! Es muy bonita la que me ha entregado Salazar. El estilo de ella tiene un mérito capaz de hacerte adorar por tu espíritu admirable. Lo que me dices de tu marido es doloroso y gracioso a la vez. Deseo verte libre pero inocente juntamente; porque no puedo soportar la idea de ser el robador de un corazón que fue virtuoso, y no lo es por mi culpa. No sé como hacer para conciliar mi dicha y la tuya, con tu deber y el mío: no sé cortar este nudo que Alejandro con su espada no haría más que intrincar más y más; pues no se trata de espada ni de fuerza, sino de amor puro y de amor culpable: de deber y de falta: de mi amor, en fin con Manuelita la Bella.
Bolívar"

Cuando Bolívar sale del Perú en septiembre de 1826, es apresada por los adversarios de Bolívar y enviada al destierro (1827). Bolívar la llama a su lado y viven en la residencia que hoy es llamada Quinta de Bolívar. En el 1828, en el Palacio de San Carlos de Bogotá, Manuela se da cuenta de que se fragua un atentado contra Bolívar. Se interpone frente a los rebeldes dándole tiempo suficiente para escapar. En otra ocasión hallándose Bolívar en el teatro, se presenta gritando como una loca que el Alcalde de la ciudad no la dejaba entrar. Su verdadera intención era obligar al Libertador a salir porque se había enterado que pretendían apuñalarlo en su propio palco. No sin razón, Bolívar la llamó “la Libertadora del Libertador”.


Manuela Sáenz fue la primera mujer con conciencia de la identidad americana, aseguraba que su país era el continente americano. Rechazaba los conceptos regionalistas y localistas, las«republiquitas» impuestas por la fuerza de las armas. Su país, como el de Bolívar, era América. .En una carta pública en el diario La Aurora de Bogotá, en 1830, Manuela Sáenz escribe: "Lo que sé es que mi País es el continente de la América y he nacido bajo la línea del Ecuador… ¿Por qué llaman hermanos a los del sur y a mí forastera?''


Tras la muerte de Bolívar es expulsada de Colombia y parte para Jamaica. Intenta regresar a su país pero le han revocado el pasaporte por lo que se instala en Perú. Durante los siguientes veinticinco años, vive en el anonimato, vendiendo artesanías, dulces y tabaco. A los cincuenta y nueve años muere, víctima de una epidemia de difteria y se presume que su cuerpo fue enterrado en una fosa común. De no haberle entregado gran parte de documentos que tenía bajo su custodia al irlandés Daniel Florencio O’Leary, para elaborar una biografía sobre Bolívar, se hubieran perdido, pues al morir, todas sus posesiones (incluyendo cartas de amor que aún conservaba) fueron incineradas.


“Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero”.

No es hasta el 5 de julio de 2010, que se le da a Manuela una honrosa sepultura en el sitial que le corresponde como luchadora emancipadora y compañera del Libertador.

En conmemoración del 199° aniversario de la Firma del acta de Independencia de Venezuela, el presidente del Ecuador, Rafael Correa, y su homólogo venezolano, Hugo Chávez, depositaron en el altar principal del Panteón Nacional de Caracas los restos simbólicos de la ecuatoriana Manuela Sáenz para que reposaran junto a los restos del Libertador Simón Bolívar. El Jefe de Estado venezolano, como homenaje post mortem, ascendió a la Libertadora del Libertador al grado de Generala del Ejército Bolivariano.

“Si a Bolívar lo llamamos el padre de la patria,
 a ti, Manuela,
te llamamos la madre de la patria, de la revolución”.
(Hugo Chávez)

*dibujo pareja a caballo: Juan Crlos Silva (Perú)

12 comentarios:

Cartas en la noche dijo...

maravilloso trabajo el suyo, maravilloso, limpio, competente, original...
Gracias...

Siluz dijo...

Gracias a ti, por leer y comentar. Es lindo conocer las recciones de nuestros lectores. Un abrazo.

HMCG dijo...

Comencé con curioso entusiasmo la lectura de esta entrada y la finalizo entre lágrimas.
¡Gracias por esta publicación que ya recomiendo a otros!.
Pondré si me permites una referencia con link a este espacio, en mi blog
http://www.elespiritudemayo.com.ar/
¡AbrazO!

Siluz dijo...

Gracias a ti por leer y comentar. Muy interesante tu blog. Me emocionó la asignatura pendiente que incluyes. ¡Falta Puerto Rico para que América Latina sea libre! Gracias por la solidaridad. Un abrazo.

Una opita, socióloga y feminista dijo...

Hola que lindo escrito, lloré y pensé que estaba demasiado sensible, pero cuando vi los comentarios anteriores donde también habían llorado, me dí la oportunidad de seguir llorando, hermoso me encanto!!
gracias.

Siluz dijo...

Gracias por dejar huella. Agradezco conocer sus reacciones, y más si son tan emotivas y sinceras.

Manuela Capó dijo...

Saludos compañer@s! Me uno a sus comentarios, excelente artículo! Al igual que HMCG, lo comencé a leer con entusiasmo, pues desde las primeras líneas captura la atención por la forma de cómo se valora y rescata en el escrito la participación de Manuelita en la gesta independentista mucho antes de conocer a Bolívar, y que sea ello, en gran medida, lo que le atrajo a Simón. Además de todas esas cartas tan tremendamente hermosas, diáfanas que ambos se compartían... Al igual que muchos de ustedes, terminé llorando por tantas emociones juntas que se logran transmitir..! pensaba también que estaba muy sensible, pero que bueno que otros compas hayan sentido lo mismo.
Abrazos desde Venezuela
Manuela Capó

Siluz dijo...

Es una pena que mucha de la correspondencia entre Manuela y Bolívar se haya perdido. Tremendo amor el de ellos, luchando juntos por el mismo ideal. Como diría Benedetti, una pareja que son "mucho más que dos". Más si recordamos que estamos hablando de una mujer en el siglo 19, de la que se esperaría una actitud muy distinta.
Gracias por comentar, Manuela.

aida dijo...

Que bonito todo mil gracias.

Siluz dijo...

Gracias, Aida, me alegra te guste.

ana patricia mendiola zamalloa dijo...

Siempre, es bueno saber algo mas acerca de como se forjo nuestra historia Republicana y de sus protagonistas, donde Simon Bolivar y Manuelita Saenz, quien fue más que su amada compañera, y muchos otros más dejaron hasta la vida, para liberar la Patria que disfrutamos. Que pena me da leer, que en su momento, no hubo una sociedad justa para ellos, que después de la muerte de Bolivar, la expulsen de Colombia y no pueda ingresar a su país. que termine vendiendo reliquias, que muera casi abandonada, y quemen toda su historia? que injusto por Dios, pero bueno, la ingratitud es parte de la sociedad.Los gobiernos deberían intensificar mas los cursos de Historia,para que las generaciones actuales y las por venir, sepan quienes fueron estos insignes personajes. ya que son un ejemplo de Amor a la Patria, así habría menos corrupción y mas amor al pueblo que merece una vida digna y justa, por la cual peleo, luchadores, como Bolivar y Saenz.

Javier morales abad dijo...

hola gracias por tu valioso trabajo esfuerzo , soy de Paita .