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10 de noviembre de 2016

¿Debemos votar los viejos?

Mi hermana, Sandra Cruz Torruellas, escribe lo siguiente en su página de Facebook. Por estar completamente de acuerdo y por el valor de su exposición, le pedí permiso para compartirlo.  Es triste darse cuenta que en realidad hay personas que piensan que para que haya un verdadero cambio en la sociedad, "mucha gente debe dejar de votar - o morirse- lo que ocurra primero". Pero dejo que Sandra lo explique mejor: sus palabras son más que suficientes.

A raíz de las elecciones, leo una serie de comentarios de jóvenes adultos en Facebook. Muchos de ellos nos responsabilizan a nosotros, los "baby-boomers", de los resultados, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Algunos me sorprendieron sobremanera: "nuestros viejos deberían morirse", "deben prohibir el voto a los mayores de 60 años", "a costa de los jóvenes", "This is the reality - a lot of people have to stop voting (or die - whichever comes first) for change to come", etc.

Me pregunto entonces, ¿cuándo cambió todo? ¿desde cuándo ya los viejos no representan sabiduría? ¿cómo los viejos dejaron de ser objeto de veneración y respeto? Me temo que ya hace décadas, reflexiono... pero ya esos son otros veinte pesos.
¿Así que deberíamos morirnos? (Aquí me acuerdo de "Soylent Green", no sé porqué...) "Los viejos están viviendo mucho, son una amenaza para la economía, hay que hacer algo sobre eso", recuerdo que alguien dijo hace un tiempo. ¿Realmente es lo que piensan las nuevas generaciones? ¿Nos quieren en silencio, o mejor, muertos?
Y sigo con mi interrogatorio interno: Si bien es cierto que muchos viejos votaron por alguno de los dos partidos principales, ¿no es cierto igual que muchos jóvenes también lo hicieron? ¿No es cierto que muchos llamados viejos, los viejos de ahora, son muy diferentes a sus padres y abuelos, y que incluso mantienen una mentalidad y una actitud de vanguardia? De la misma forma, ¿no hay jóvenes que votan, como escuché en algunas entrevistas, como lo hicieron sus padres y abuelos, por tradición, porque "siempre ha sido así"? En cualquier caso, ejercen su derecho.
Prohibir que votemos... ¿aplicaría solo a los votantes? ¿se prohibiría a los candidatos postularse después de los 60? ¡Anda!, entonces, ni Cidre (63 años), ni Clinton (69 años), ni Trump (70 años), y quizás ni siquiera estuviera yo ahora comentando sobre esto.
Aquí ya me refugio en las palabras del querido Pepe Mujica (81 años). Al dirigirse a un grupo de jóvenes, les recuerda que la juventud física es pasajera pero que hay que recordar algo muy importante:
“No se dejen robar la juventud de adentro. La de afuera, inevitablemente, se la lleva el tiempo. Pero hay una juventud peleable, territorio adentro, mirándonos hacia nosotros mismos, y está unida a una palabra muy simple y muy pequeña: solidaridad con la condición humana”.
Esa es la que yo conservo.
Sandra

7 de mayo de 2013

´Fracasados" exitosos


"La mayor parte de los fracasos 
nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos". 
Amado Nervo.

Hace poco me llegó un meme en facebook que hablaba de fracasos famosos.  Me puse a pensar si serían ciertos, y aparentemente sí lo son.  Por lo menos, hay muchas biografías que así lo narran.  Que no quita que sean fabricados o exagerados para acrecentar el brillo del diamante.  Verídicos o no, nos motivan a superarnos, pues ¿quién no ha tenido algún fracaso?
Todos los hemos tenido. Y todos pensamos que es el fin del mundo. Pero el tiempo nos demuestra que no lo es.  Está en nuestras manos lo que hagamos después de una caída.  ¿Nos quedamos en el suelo o echamos a andar?  Siempre encontraremos tropiezos, pero ¡a caminar!  Que la vida es corta y el camino largo.
A continuación esos exitosos "fracasados" de que hablaba el meme y muchos otros que encontré en la red.

LO IMPORTANTE ES PERSEVERAR


Elvis Presley: Fue despedido en el 1954 por Jimmy Denny, manager del Grand Ole Opry después de una actuación. Le dijo: "No vas a llegar a ninguna parte, hijo. Deberías volver a manejar un camión." No lo hizo y se convirtió en el Gran Rey del Rock & Roll "Nunca te doblegues al primer fracaso, ni al primer comentario que te hagan... porque más que te derrumben un sueño, te los derrumbas tú mismo"

Thomas Edison: Su profesor le dijo que “era demasiado estúpido para aprender alguna cosa”. Edison se hizo famoso, entre otras cosas, por inventar la bombilla (¡aunque antes de encontrar la que realmente funcionaba tuviese que hacer 1000 bombillas diferentes!) "Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito."

Steven Spielberg: lo rechazaron 3 veces de la universidad de sus sueños, la University of Southern California. Buscó otro sitio para estudiar pero lo abandonó para poder ser director. "Yo estaba obcecado por la idea de ser director de cine y pensé que la única forma de conseguirlo sería entrar en el estudio. Entonces, me vestí como un ejecutivo y fingí durante tres meses."

Charlie Chaplin: Su forma de actuar fue rechazada por varios ejecutivos porque pensaban que era demasiado retorcido para que la gente lo entendiera. Pero entonces alguien le dió una oportunidad y acabó convirtiéndose en la primera auténtica estrella de cine estadounidense.

Marilyn Monroe: Su primer contrato con Columbia Pictures terminó porque le dijeron que no era ni suficientemente bonita ni tenía el talento adecuado para ser actriz. Ella insistió, y hoy en día, más de 50  años después de su muerte, aún es considerada una de las actrices más emblemáticas y un símbolo sexual eterno.

Fred Astaire: En su primera prueba, los jueces escribieron: “No sabe actuar. No sabe bailar. Un poco calvo. Puede bailar un poco”. Astaire se convirtió en uno de los bailarines más famosos de todos los tiempos.

Abraham Lincoln: A los 9 años, murió su madre, a los 26, cuando estaba a punto de casarse, su novia. A los 27, permaneció en cama por 6 meses, por una crisis nerviosa.  Comenzó numerosas empresas, se declaró en quiebra en dos ocasiones y fue derrotado en 26 campañas que hizo para asumir un cargo público. Sin embargo a los 51 años, fue electo Presidente de los Estados Unidos de América.   “El camino era difícil y resbaladizo. Resbalé, pero me recuperé, diciéndome que aquello era un resbalón y no una caída.”

J.K. Rowling: Famosísima por haber escrito la saga de Harry Potter. Sin empleo, luchando contra una depresión severa y viviendo de los beneficios que le otorgaba el Estado, completó su primera novela escribiendo en cafés mientras dormía a su hija. Envió el libro a doce editoriales, las cuales rechazaron el manuscrito hasta que un año más tarde, Bloomsbury, una pequeña editorial británica de Londres, aceptó publicar el libro. Sin embargo, el editor Cunningham le sugirió a Rowling conseguir un trabajo, ya que creía que tenía pocas posibilidades de ganar dinero con libros para niños. No sabía que a este primer libro, le seguirían seis más, abriendo a los lectores el mundo de Harry Potter y que se autora pasaría de la pobreza a ser millonaria en solo cinco años.


Ludwig van Beethoven: En sus años de estudio, Beethoven era muy torpe con el violín y no practicaba demasiado. A pesar de que componía su propia música, sus maestros no tenían esperanzas y pensaban que no tendría éxito pues prefería ejecutar sus propias composiciones en vez de mejorar su técnica. Su profesor consideraba que no tenía futuro como compositor. Luego, a los cuarenta y seis años se había quedado sordo. A pesar de eso compuso su mejor música, incluidas cinco sinfonías, durante sus últimos años.

Stephen King: El primer libro de este autor: Carrie, recibió 30 rechazos e hizo que King bajara los brazos. Estaba tan frustrado que la tiró a la basura. Su esposa encontró el manuscrito y lo rescató. Hasta la fecha, sus 49 novelas han vendido más de 350 millones de copias.

Bill Gates: Abandonó la Universidad de Harvard y comenzó un negocio con Paul Allen (hoy co-fundador de Microsoft), el cual terminó en fracaso. Por fortuna no se rindieron y luego crearon Microsoft, una de las empresas más grande del mundo.

Vincent Van Gogh: En vida Van Gogh vendió un solo cuadro y a cambio de muy poco dinero. Se dice que prácticamente murió de hambre para terminar sus cerca de 800 obras. Hoy cada una de estas vale millones de dólares.

Gabriel García Márquez: Su novela "La horajasca" fue rechazada por las editoriales. En el 1951, recibió una carta de un crítico literario español famoso donde declaraba que aunque le reconocía cierto talento poético, no le veía futuro como novelista y sugería que buscara otra profesión.

Michael Jordan : Nadie pone en duda que fue el mejor basquetbolista de la NBA. Sin embargo, en su escuela no siempre fue el MVP (Most Valuable Player). Incluso, cuando nadie lo eligió para formar parte de su equipo escolar, el luego famosísimo jugador se pasó todo un día encerrado en su cuarto llorando y se prometió no volverse a rendir.   “He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mí para hacer el tiro que ganaba el juego y lo fallé. He fallado una y otra vez, y otra vez en mi vida. Pero nunca me he dado por vencido. Y es por eso que he tenido éxito en la vida” .

The Beatles: revolucionaron la industria musical. Pero por sorprendente que parezca también escucharnos varios "no" en su camino. De hecho, Decca Recording los rechazó porque "no nos gusta su sonido". Es más, en ese momento hasta les dijeron que "no tienen futuro" en el mundo de la música. "Nos dimos cuenta de que pudimos lograrlo porque éramos los cuatro. Ninguno de nosotros lo hubiera logrado solo, porque Paul no era lo suficientemente fuerte, yo no tenía suficiente atractivo para las chicas, George era demasiado callado y Ringo era el baterista. Pero pensábamos que todos serían capaces de gustar por lo menos de uno de nosotros; y así fue como sucedió"  (John Lennon)

Eminem: el rapero hoy es un éxito, pero su pasado fue difícil. Con problemas en la escuela y otros tantos personales, se perdió en el mundo de la droga y la pobreza, al punto de llegar a un intento suicida. Sin embargo, supo ponerse en pie y hoy tiene un lugar bien ganado en el mundo de la música.

Steve Jobs: cofundó y fue la mente creativa de Apple, la empresa más revolucionaria en el ámbito de la tecnología. Pero tuvo un momento muy duro en medio de su carrera: fue despedido de su propia empresa y volvería años después para rescatarla. En un discurso él mismo reconoció que esa cesantía fue "lo mejor que me podría haber pasado".

Walt Disney: creó un imperio en el ámbito del entretenimiento, con parques de diversiones, películas, dibujos animados... Sin embargo, por irónico que parezca, alguna vez escuchó la frase "usted está despedido porque no tiene suficiente imaginación". Y es que Disney trabajaba en un diario que consideró que su empleado "no tenía ideas creativas". "No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños estan para cumplirse”.

Oprah Winfrey: Antes de que triunfara su talkshow y se convirtiera en presentadora estrella, Oprah fue despedida de un canal porque "no servía para trabajar en la televisión". Incluso la criticaron porque le ea imposible “no involucrarse emocionalmente con las historias" que contaba.

Albert Einstein: Sus maestras decían que "nunca aprendería mucho" porque no habló hasta los 4 años y no leyó hasta los siete. Su maestra lo describió como mentalmente lento, insociable y encerrado siempre en sueños tontos. Lo expulsaron y no lo dejaron ingresar en la Escuela Politécnica de Zurich. Luego, en 1905, la Universidad de Berna rechazó una tesis doctoral por considerarla irrelevante y fantasiosa. “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

Lucille Ball: Cuando empezó a estudiar arte escénico en 1917, el jefe de instructores de la Escuela Dramática le dijo: "Pruebe con otra profesión. Cualquier otra." y le dejaron una nota que decía: "Pierde el tiempo, es demasiado tímida como para dar lo mejor de sí misma" .Sin embargo, Lucille Desiree Ball fue una de las más importantes comediantes femeninas de los Estados Unidos, especialmente gracias a sus exitosos trabajos en la radio y en la televisión.

Wilma Rundolph: Niña prematura, tuvo una doble neumonía a los cuatro años, y con seis, un ataque de poliomielitis que le dejó paralizada la pierna izquierda. A los nueve años se quitó la pierna metálica de la que dependía hasta ese momento, para caminar sin ella y a los trece, decidió dedicarse a correr, aunque siempre llegaba última. Por su esfuerzo llegó a ser parte del equipo olímpico de Melbourne 56 pero fue eliminada.  No obstante, en Roma 60, llegó a ganar tres medallas de oro convirtiéndose en la mujer más veloz del mundo por lo que se conoció como “la gacela negra”.

27 de diciembre de 2012

Un clóset de recuerdos

Con las presuntas profecías mayas, la proximidad de mi cuarto quinceañero y la llegada de un nuevo año, respiro renovación.  He recorrido un camino de transformaciones: de maestra de escuela a feliz jubilada, de madre de jóvenes adultos a consentidora abuela; cambios reflejados en mi físico, mi talla, mis necesidades, mis costumbres y rutina.  Esta realidad me hizo chocar con la impostergable tarea que, por dejadez, estaba evitando.  Sí, sin remedio, ¡tenía que limpiar mi closet!
Parada frente a las puertas abiertas me pregunté: ¿Cómo es posible que haya dejado acumular tanta cosa que no uso ni necesito?  Como maestra de teatro, sabía que toda pieza pasada de moda, podía servir en una obra, ya sea como vestuario o utilería.  Y que cualquier cosa, guardada por años, iba a ser necesitada el día después que lo botara. Pero estaba decidida a tomarme el riesgo.   Lo sorprendente es que con cada pieza sacada del clóset, salían también recuerdos perdidos, la nostalgia de momentos idos y aquella frase, cierta o no, que decía mi abuela: “todo tiempo pasado fue mejor”.
Allí estaba el traje que usé para la boda de mi hijo. Un traje sencillo, sobrio, tal como fue la recepción en la casa de la novia, en Argentina. Qué nervios ¡yo era la madre del novio! Era el menor y el primero que se casaba.   Como invitados especiales teníamos a los periodistas del diario Primera Hora que habían convertido a Juan Noel en un “Boricua en la luna”. Para entonces, él y Ale estudiaban en la Escuela de Teatro de San Miguel, donde se conocieron.  Quién me hubiera dicho que, seis años después, regresarían a casa bendiciéndome con dos nuevos nietos. Junto al traje, toda esa “ropa de invierno” que, por razones obvias, me sobra en la isla.  Los abrigos sí los conservé, por si algún día, mi Buenos Aires querido, “yo te vuelva a ver”.
        a ese traje lo siguen una camisa violeta y dos en blanco y negro. Las compré para el velorio y entierro de mi titi. A su lado, el vestido que usé para asistir a una obra de teatro, culminación de un taller, que me dedicaban esa misma semana. Recuerdo ese domingo; al despedirme de Titi, me di cuenta que no le había dicho sobre el homenaje, pero me fui pensando: “se lo cuento el próximo domingo”.  No hubo otro.  Se me fue el viernes, calladita, tranquila. Ni siquiera sé si escuchó, desde el lecho, nuestro adiós.
Un sentimiento muy distinto me evoca una camisa de líneas rosas y blancas. Con ella me retraté, frente a “aguas grandes”,  en uno de los paisajes más hermosos de este planeta.  Mis vivencias no se van al cesto con ella.  Sí se van un montón de pantalones y blusas, los cuales tuve la esperanza de un día volverme a poner y ahora tengo  la certeza de que nunca lo haré. 
Añado otro conjunto; lo usé para el rencuentro de mi clase graduada.  No sospechaban nuestros diecisiete años,  al despedirnos en los “70”, que cada uno tomaría rumbos no imaginados y que la mayoría de nosotros, juntos desde los años primarios, no volveríamos a vernos hasta cuarenta años después.
Y así seguía sacando piezas del fondo, muy al fondo:  la ropa escogida para conocer a un amigo virtual a quien quería dar una buena impresión, la sudadera heredada de mi madre con el logo de nuestro equipo de béisbol y que había que usar para ganar, la camiseta comprada como souvenir de ese rinconcito que visitamos y tanto nos emocionó, el ajuar usado para lucir especial en una noche especial con esa persona más especial aún,  y aquella otra pieza que jamás volví a tocar pues era la imagen de la decepción y la rabia. 
Todo el pasado encerrado en un clóset, reflejado en los artículos guardados y olvidados. Lleno, como también  se nos llena el alma de tiempos pasados sin dejar lugar para los que vendrán. 
Es Navidad. Época de renovación.  En lo espiritual y en lo físico.  Es el momento para deshacernos de todo lo que nos moleste, nos atrase, nos amarre.  ¡Fuera rencores, frustraciones, desengaños, fracasos! Aún hay tiempo para soñar, planear, ilusionarse, fijarse metas. Sí, ¡es Navidad! Final y comienzo.  Otra oportunidad para empezar a acumular nuevos  y mejores tiempos.  Les hago espacio. ¡Viene el mañana! Salgo a recibirlo.

9 de junio de 2009

Tengo miedo

Al enfrentarnos a un peligro, sea real o imaginario, presente o futuro, individual o colectivo, reaccionamos con mayor o menor intensidad en una forma instintiva.  Esa emoción inevitable ante una amenaza la llamamos miedo y no es exclusiva del ser humano.

Puede ser un mecanismo de defensa y provocar una respuesta rápida y apropiada ante una situación adversa.  Además, no es siempre involuntaria.  A veces la provocamos y lo raro, es que la disfrutamos.  Por eso, hacemos bromas que pueden ser de mal gusto o hasta peligrosas. Nos divierte asustarnos unos a otros, provocarle al otro un grito o un brinco.  Vemos películas de vampiros, de monstruos, diabólicas, de desastres naturales o sobrenaturales.  Mientras más nos asusta, más nos entretiene.  Extraño sentimiento, ¿no?

Hay muchos miedos menores que no afectan nuestra calidad de vida.  Así le tenemos miedo a las cucarachas, a las serpientes, a los truenos. Pero hay otros miedos que sí pueden ser limitantes: miedo a las alturas, a estar encerrado, a la oscuridad. Una persona puede dominar a otra por el miedo, un pueblo puede ser controlado por un régimen de terror. 
En tiempos de crisis como los que vivimos, muchas situaciones pueden hacernos pasar del miedo a la desesperación.  Por eso aumentan las quiebras, los divorcios, las peleas y maltratos, los suicidios. Tenemos miedo a quedarnos sin trabajo, a no poder proteger a nuestros hijos, a no poder pagar las deudas, a perder la casa, a fallarle a nuestra familia. 
Tememos al dentista, a los aviones, al calentamiento global, a los ladrones, a los políticos, a la vejez, a las malas noticias, al que dirán, al infierno, a los terremotos, al cáncer, al ridículo, a sufrir, a arriesgarnos.  Decía Paulo Coelho que "solo una cosa vuelve a un sueño imposible: el miedo a fracasar". 
"Es el tiempo del miedo"asegura Eduardo Galeano.  Y añade: Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir". (Patas arriba. La escuela del mundo al revés) 
Quise hablar del miedo.  Porque le tengo miedo a mi miedo… y al tuyo.  
Temo que alguien  lo dijo mejor que yo.




Miedo


Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.


Raymond Carver
 (1939-1988)

22 de marzo de 2009

Nuevos esclavos


"Sutil es la esclavitud ,
ya no sentimos el látigo que nos resuene en la espalda,
es la nueva esclavitud
"
(Canción de Ali Primera: Esclavos de Esclavos)


El 22 de marzo de 1873 se firmó en Puerto Rico la ley de la abolición de la esclavitud. Según consta en su primer artículo: “Queda abolida para siempre la esclavitud en la isla de Puerto Rico. Hoy, ciento treinta y seis años después, ¿podemos afirmar que fue así?
Esclavitud es “la situación en la cual un individuo está bajo el dominio de otro, perdiendo la capacidad de disponer libremente de sí mismo”.[1]
Ni en Puerto Rico, ni en todo el mundo puede hablarse de que se haya erradicado la esclavitud. Eso es así a pesar de estar prohibida por la Declaración de los derechos humanos de 1948: “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas” y reafirmada por la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas a la esclavitud de 1956. En la misma se acepta que aún sabiendo que “la libertad es un derecho innato de todo ser humano”, se advierte que la esclavitud no ha sido suprimida por lo que se intensifican los esfuerzos internacionales encaminados a abolirla así como instituciones y prácticas análogas.
Pero…
Cada vez que un ser humano se aprovecha de la debilidad o necesidad de otro para su lucro o satisfacción, lo está convirtiendo en su esclavo.
Cada vez que una persona es obligada a prostituirse se hace esclavo. Cada vez que una persona le exige favores sexuales a otra o demanda servicio en negocios de este tipo es cómplice de esta nueva trata de esclavos.
Cuando a alguien se le restringe su libertad, es considerado una pertenencia y se le reprime su derecho a decidir sobre sí mismo se ha convertido en un esclavo.
Cuando un individuo es obligado a servir bajo amenazas sicológicas o físicas o como pago de una deuda, vive una nueva esclavitud.
Cuando a un trabajador no se le garantiza un horario y salario justo, cuando sus condiciones de trabajo no son las mejores, cuando se le violan sus derechos de asociación y seguridad en el empleo, ese asalariado es un esclavo.
Cuando el trabajo es parte de la condena de un preso y no recibe paga alguna o bonificación por el mismo, ese prisionero es un nuevo esclavo.
Cada vez que un inmigrante viaja con falsas promesas de mejores condiciones de empleo y salario y es secuestrado por su empleador, nace un nuevo esclavo.
Cuando se explota a un niño(a), se le obliga a trabajar, se le niega su derecho a estudiar y a vivir una infancia segura, hemos permitido una niñez esclavizada.
Cuando se promueven matrimonios precoces o a la fuerza, cuando una de las partes es sometida a maltratos físicos y sicológicos o de total servidumbre, esa persona es un nuevo esclavo.
Cuando se secuestran niños para obligarlos a unirse a las fuerzas militares de un país, se está esclavizando a su propio pueblo.
Cuando un país desarrollado domina a otro, roba sus recursos naturales, explota su mano de obra, destruye sus reservas y ata su destino con una deuda impagable, surge un nuevo pueblo esclavo.
Según las Naciones Unidas, “doscientos cincuenta millones de personas viven en situación de esclavitud: servidumbre por deudas, explotación sexual, salarios ínfimos, reclutamiento forzoso, niños trabajadores o soldados, matrimonios forzados e inclusos esclavitud como antaño.[2]
Sin embargo, todavía hay esperanza. Mientras existan personas que se atrevan a dar la voz de alerta, mientras la gente se una a través de todo el planeta para defender a los más débiles, en especial a la niñez, mientras sigamos convencidos de que en la unión está la fuerza, mientras estemos dispuestos a proteger y respetar la dignidad del individuo, derrotaremos a los nuevos amos.
El día que ni un solo ser vivo sea explotado o maltratado por el ser humano, ese día podremos celebrar la abolición de la esclavitud. Ese día los látigos de oro no lastimarán nuestras espaldas y podremos proclamar: ¡somos libres! Solo entonces será un orgullo ser parte de nuestra especie.

22 de enero de 2009

Somos iguales

Quizás ayer fue uno de esos días que al recordarlo años después nos preguntemos: ¿Qué hacía yo cuando Obama juraba como el primer presidente negro de Estados Unidos? Miro a mi nieto, durmiendo ajeno a todo y pienso: ¿Le parecerá a él raro en el futuro tanto escándalo por el color de la piel del Presidente? Tal vez comentemos el hecho y me pregunte: “Sí… ¿y?” Ojalá fuera así porque querría decir que la declaración “Todos los hombres son iguales” habrá dejado de ser una frase hecha y habrá cobrado su significado real.

Dice la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas del 10 de diciembre de 1948 en sus primeros artículos que:

· Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
· Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Todos los seres humanos somos libres e iguales. Todos los seres humanos tenemos los mismos derechos y libertades. Todos. ¿Es esto cierto? No, aún no. Podremos afirmar que todos los seres humanos son libres e iguales cuando no sea necesario hacer distinciones:

· Cuando no se mencione como característica primordial ser: “el primer negro”, “la primera mujer”, “el primer hispano”.

· Cuando no se hable de minorías para asegurar oportunidades de empleo.

· Cuando todo niño tenga garantizado educación, alimento y albergue.

· Cuando no se haga hincapié en el color de la piel o en rasgos étnicos.

· Cuando no sea necesario proclamar un día de la mujer para defender sus derechos.

· Cuando no nos dividamos en clases sociales ni sea determinante la preferencia sexual.

· Cuando no sean necesarias leyes para proteger a los ancianos, los niños o los discapacitados.

· Cuando se erradique el hambre, la miseria, la injusticia y todos seamos libres para escoger nuestra felicidad.

· Cuando la vida humana valga más que un pedazo de una tierra o un ideal.

· Cuando no nos limiten fronteras ni banderas.

· Cuando no se cometan crímenes en el nombre de Dios.

· Cuando ningún pueblo intente dominar a otro, cuando no reine la ley del más fuerte, cuando la violencia no vaya por encima de la razón y la palabra.

· Cuando se piense en que todos y cada uno somos parte de la raza humana, custodios de este planeta, habitantes de un mismo hogar.

Solo entonces tendremos derecho a proclamar nuestra igualdad. Mientras tanto, nos queda muy grande la palabra “humano”.

Siluz

12 de enero de 2009

Niños infinitos


Son niños.
Solo niños.
Aquí o allá, al norte o al sur, al este u occidente, ¡son niños!

No hay diferencia entre éste, que duerme arropadito en su cama, con ese otro que busca un rinconcito en la calle donde pasar la noche.
No hay diferencia entre los ojos de asombro de éste un día de reyes con aquellos otros ojos aterrorizados entre bombas y disparos.

No hay diferencia entre éste, al que corremos para darle su botella tan pronto llora y ése que llora porque no tiene nada que echarse a la boca mientras busca entre desperdicios y basura.
No hay diferencia entre ese que descansa seguro en unos brazos de aquel para quien ni su casa ni el patio ni su escuela ni el templo, pueden resguardarlo del peligro.

No hay diferencia entre éste, que aún no sabe de dolor ni rencores, contra ese que agarra una piedra para lanzarla a sus enemigos armados
No hay diferencia entre éste al que su madre abraza cada mañana y aquel que perdió a toda su familia en una absurda guerra.

No hay diferencia entre éste, protegido del más mínimo golpe y aquel que está siendo atacado, golpeado, traumatizado, mutilado, asesinado.
No hay diferencia. ¿Por qué entonces no todos ríen?
Por Dios, ¡son niños!

Esto no debió haber pasado antes, ahora ni nunca. Esto no puede seguir pasando. Los niños no pueden seguir siendo víctimas de maltrato y violencia. No pueden seguir muriendo de hambre y frío. No pueden seguir siendo masacrados.

No hay tierra ni religión que valga tanta sangre inocente.
No hay causa, creencia, motivo, razón, ¡nada! que pueda justificar esta barbarie.

Si todavía se atreve, como el recién estrenado gobernador de Puerto Rico, a defender hechos como éstos, ponga la cara de su hijo, sobrino o nieto en cualquiera de los rostros de estos niños. Los niños de Gaza son todos los niños del mundo(vea la presentación de Cargas y Descargas). Una foto dice más que mil palabras. Cuando se mira a un niño, se mira a todos los niños de esta tierra...

Los hijos infinitos

Andrés Eloy Blanco

Cuando se tiene un hijo,

se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,

se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga

y al del coche que empuja la institutriz inglesa

y al niño gringo que carga la criolla y al niño blanco que carga la negra

y al niño indio que carga la india y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños que la calle se llena

y la plaza y el puente y el mercado y la iglesia

y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle

y el coche lo atropella

y cuando se asoma al balcón y cuando se arrima a la alberca

y cuando un niño grita, no sabemos

si lo nuestro es el grito o es el niño, y si le sangran y se queja,

por el momento no sabríamos si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo,

es nuestro el niño que acompaña a la ciega

y las Meninas y la misma enana y el Príncipe de Francia y su Princesa

y el que tiene San Antonio en los brazos y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo,

toda risa nos cala, todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo,

se tiene el mundo adentro y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos

se tienen todos los hijos de la tierra,

los millones de hijos con que las tierras lloran,

con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,

los que Paul Fort quería con las manos unidas

para que el mundo fuera la canción de una rueda,

los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,

quiere con Dios adentro y las tripas afuera,

los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima

entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,

porque basta para que salga toda la luz de un niño

una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos

se tiene todo el miedo del planeta,

todo el miedo a los hombres luminosos

que quieren asesinar la luz y arriar las velas

y ensangrentar las pelotas de goma

y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.

Cuando se tienen dos hijos

se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,

toda la angustia y toda la esperanza, la luz y el llanto,

a ver cuál es el que nos llega,

si el modo de llorar del universo,

o el modo de alumbrar de las estrellas.

3 de noviembre de 2008

En memoria de Verónica

Hace mucho que deseo escribir algo sobre Poldy Bird. No la leí de adolescente como algunas de mis amigas. De hecho, la conocí hace poco a través de ellas. Su literatura es más bien sencilla, por eso quizás me gustó tanto. Sus temas son cotidianos, naturales. ¿Qué le falta compromiso político o social? Tal vez. Aún así, pude identificarme con sus letras, con sus sentimientos, con su ternura, con sus emociones.
Hoy leo en el blog de
Fabiana que su única hija, Verónica, acaba de morir a causa de un infarto. No aquella que así lo decidió, sino la de los cuentos. Tenía treinta y nueve años, los mismos que tiene la publicación de “Cuentos para Verónica”.

“Cuando te miro, Verónica, tan chiquita, tan redonda, con tu pelito de seda, haciendo morisquetas frente al espejo, soy feliz… y tengo miedo.
Porque el miedo es un raro ingrediente de la felicidad, sobretodo de esta felicidad mía tan pulida, tan dulce, tan nueva. Ahora no lo entiendes, claro, tienes nada más que un año, un añito que pregonas con tu índice en alto y una sonrisa de solo seis dientitos de conejo.
Ahora tu mundo se reduce a los pajaritos de cartulina que papá colgó del techo de tu cuarto y el aire mueve constantemente para tu asombro y tu alegría. Y a la muñeca que buscando tu amistad solo encontró que te diviertas tirándola al suelo desde tu cuna. Y al muñeco de celuloide pintado de rosa que tiene campanas en la barriga y suena a gloria cuando lo mueves.
Un mundo que cabe en la palma de tu mano gorda. Yo estoy en ese mundo, soy una enamorada de ese mundo. Sí, Verónica, ahora mamá está. Lloras de noche y corre a tu cuarto, te acaricia la cabeza, te dice que vuelvas a dormirte. Mamá ya te conoce bien, sabe todo lo que te gusta y lo que no te gusta y cuando pone sus ojos sobre ti, te estudia, te analiza, trata de comprenderte, de aprender cual es el camino que llega a tu corazón para transitar siempre por él.

Y ese es mi miedo. Hoy estoy aquí, tan cerca de ti, pensando la manera de hacerte feliz, segura de que a mi lado encontrarás la dicha. Pero.. ¿si me muero antes de que seas grande? ¿y si me muero antes de poder responder a todas tus preguntas, antes de poder aclarar tus dudas, antes de poder secar las lágrimas de tus primeras desilusiones, ésas que duelen tanto?”*

Tenemos mucho miedo de abandonar a nuestros niños, de que la vida no nos permita criarlos, protegerlos, educarlos. Quizás su miedo fue debido a su propia experiencia. La escritora perdió a su madre en un accidente de tren cuando solo tenía ocho años. Pero nunca nos preparamos para que sean ellos quienes nos abandonen. No es natural, los padres no deben llorar a sus hijos.
No conocí a Verónica, no sé nada sobre su vida adulta. Solo que hizo a Poldy abuela de Alan. Verónica, al igual que Paula, se inmortalizó a través de las letras de sus respectivas madres.

"Yo me sentaba junto a ella, mi abuela de jabon almidonado, de eterno colorete en las mejillas y prolijo rodete rematando su cabeza. Me sentaba junto a ella y miraba sus manos yendo y viniendo con la aguja, el fino hilo imitando el tejido de la tela que después de remendada parecía otra vez nueva. Y así desaparecía el agujero de la media gastada, el siete de la pollerita enganchada en el alambre de un cerco, jugando a las escondidas. Y los botones volvían, como fortificados, a su lugar preciso, los ruedos se alargaban o se acortaban de acuerdo con mi crecimiento o con la moda del momento.
Mirando hacer a mi abuela, aprendí a hacer algunas cosas. Y viendo el empeño que ella ponía para hacerlas bien, me di cuenta de que hacer bien las cosas es una especie de orgullo, un ramito de alegría que le regalamos a nuestra capacidad. “A mi no me sale” o “Yo no sirvo para hacer esto”, eran dos frases que a ella, a mamá Sara, le hacían fruncir el ceño. Y decir: -Cuando uno pone empeño en hacer algo, le sale. Y todos servimos para hacer las cosas que hay que hacer en la vida… salvo las que están reservadas a los artistas y a los virtuosos, como las de la creación.
Por eso, Verónica, a mí me inspira enorme respeto la gente que hace las cosas bien: el zapatero que clava una suela que no vuelve a desclavarse, la cocinera que logra que sus tortas se eleven como una torrecita de dulce sabor, la maestra adorada por sus alumnos, el profesor que consigue meterte en la cabeza su explicación sobre un tema de la materia que enseña, la secretaria que consigue ese llamado que parece imposible, el jardinero que conversa con las plantas para que sean más bellas y mantiene el césped como un delicado colchón de esmeraldas vivas, el empleado que frente a la ventanilla de atención al público deja de lado su dolor y esgrime la amabilidad y la sonrisa como sus dos mejores armas de trabajo. Y quiero que pertenezcas a esa legión de gente. Si aprendiste a hablar cuando las palabras eran esas cosas difíciles que pronunciaban los grandes y tu boquita se encantaba con torpes balbuceos… si aprendiste a tenerte en pie cuando el equilibrio era para vos tan riesgoso como para el trapecista el cruzar el aire de una hamaca hacia otra, sin una red debajo… ahora no me podés decir que “matemática no me entra, mamá” o que no podés prestar atención en clase sin distraerte… o que no sabés cómo mantener el orden de tu placard o como contener una mala contestación.
Cuando tengo un montón de cosas que hacer, me hago una lista con ellas y pongo en primer lugar las que menos me gustan: mientras las hago no me distraigo, pongo atención y cuidado; tienen que salirme bien, porque si no me salen bien, debo repetirlas… ¡hacer dos veces algo que no me gusta! Es intolerable.
Y yo quiero que quieras, que tengas ganas, que hagas las cosas bien para que el mundo se vaya mejorando, para que, poco a poco, entre todos los jóvenes, vayan construyendo un mundo mucho mejor que este que los adultos les ofrecemos. Un mundo a tu gusto, con todo lo que querés que el mundo tenga: amistad, sinceridad, cordialidad, paz, cariño, música, alegría… toda esa alegría que a los de mi generación nos enseñaron que era poco menos que un pecado… como si sólo en el sufrimiento y en la dura obligación estuviese cimentada la verdad de la existencia. Por eso, mi querida Verónica, para que las cosas te salgan bien, tenés que poner, además de voluntad… alegría al hacerlas. Cuando yo era chica, una mucama de la casa de mamá Sara cantaba mientras limpiaba las docenas de caireles de cristal de la araña del comedor con agua y vinagre.

- ¿Por qué cantás siempre que hacés este trabajo? –le pregunté.

- Porque si no canto no quedan tan brillosos –me contestó.

Y ahora, con el correr de los años, llegué a comprender que ella tenía razón."*

No deben ser los padres quienes entierren a sus hijos, no va así la ley de vida, no es ése el orden. Ni siquiera hay una palabra que designe al padre o la madre que pierde a un hijo. Sin embargo hablamos de viudas y huérfanos. El dolor de perder a un hijo es tan inmenso que solo puede compararse con el amor que se le tiene en vida. Por eso cuando vemos a un padre o una madre llorando a un hijo no lo podemos entender.

¿Por qué una madre tiene que correr con su hijo en brazos a causa del estallido de una bomba? ¿Por qué una bala perdida alcanza a un bebé? ¿Por qué un infante es víctima de enfermedades como el cáncer o el SIDA? ¿Por qué un niño se accidenta, se cae, se ahoga? ¿Por qué una mujer joven sufre un infarto? ¿Por qué un muchacho es asesinado en las calles o en la guerra? ¿Por qué se le niega a un joven la oportunidad de vivir?

"Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo". (Séneca)


Más de Poldy Bird en:
http://perso.wanadoo.es/suspirosdelalma/cuentospoldybird.htm


*fragmentos de "Cuentos a Verónica", de Poldy Bird.

11 de octubre de 2008

Tejiendo mientras pienso

1, 2, 3, punto doble. Sigo contando 4, 5, 6. ¿Cuántos puntos hacen la hilera? Treinta y cinco.
Viro y vuelta a empezar: 1, 2, 3, 4, 5…
Y así paso la noche, hoy un abrigo, ayer una cartera, mañana un poncho, una frisita o una gorra.
10, 11, 12…
Prendo la TV. Novelas y más novelas, no hay nada más. La hija a quien no le han dicho que el hombre que más odia es su padre, el padre que no sabe que su hija sabe que él es su padre, el hermano que la ama y sufre su abandono pues no sabe que es su hermano, la novia del hermano que sí sabe que el padre de su novio no es su padre por lo tanto no es su hermano, la criada que heredará todo y podrá vengarse de los antiguos patronos pero como es tan buena que cae en lo pe…rfecta, no lo hará sino que los perdonará.
21, 22, 23... Ay, si no me concentro pierdo la cuenta.
Ya los amores no son como los de antes. Amores a lo Elsa y Fred. Me encanta esta pareja. Tanto él como ella. Tremenda película. Pero de eso a que le hayan encomendado a la Zorrilla que reabra el Tapia. Con tantos grupos teatrales locales que tenemos. Después de la inauguración con mil amores que vengan extranjeros y los aplaudimos con nuestra hospitalidad acostumbrada. Pero primero, lo nacional. Como es normal en todos sitios. Menos aquí.
Otra hilera... 4, 5. 6…
Otro que viene es el Nano. Será el gran amor de mi vida, pero ¡difícil pagar 130 dólares por un asiento! Una pena que no venga con el primo Joaquín. Aunque, ¿cuánto costaría entonces? ¿Un ojo de la cara? En lugar de "Dos pájaros de un tiro", el espectáculo podía llamarse “Dos ojos si los miro”
16,17, 18…
Anuncios. Debates políticos. ¿Qué debate ni debate? Eso fue “tiraera” como dicen los jóvenes. ¿Quién roba menos? ¿Quién es menos malo? ¿Quién tiene menos corruptos en su equipo? Y más anuncios. Uno contradiciendo al otro. Que si este no es el partido de antes, que si es el mismo “de mi padre”, que si Fortuño no mientras el otro nene dice que sí, que si el coquí, que si vota PIP. Y promesas y más promesas que olvidarán tan pronto se acomoden en las sillas acojinadas de sus oficinas en el palacio de mármol.
Cambio de hilo, otro color. Paso del rojo al azul, como hizo el último legisladrón arrestado. Y así quedó todo el mundo embarrado. Ja, muchos están temblando. Dicen que de mártir el hombre no tiene ni un pelo, que no se hundirá solo. ¿Habrá oferta que pague su silencio?
25, 26, 27…
Y es que la economía está muy mala. Con la caída de “wol strit” está todo el mundo histérico. Yo de eso no entiendo mucho. Solo sé que si yo puedo vender algunas de estas carteras o gorritas podré empatar la pelea. Porque mientras la cuenta de la luz y el agua se duplica, la pensión de retiro permanece igualita.
33, 34, 35, nudo…Ahora una hilera de medios puntos. Combinación de contrastes.
Todo debería verse así, hilos de varios colores unidos en armonía ya que están hechos de la misma lana. Así somos; pensamos distinto, tenemos creencias diversas pero como decían los fieles a mi vega, “dame un momento pa’ probar de que estoy hecho”… Somos seres humanos diferentes pero hechos de la misma esencia.
Si me dieran un momento, si alguien escuchara lo que pienso mientras tejo, demostraría que la mayoría de nosotros queremos lo mismo: vivir en paz y tranquilidad, llevarnos bien, disfrutar cada día, ayudarnos unos a otros, ser felices. El tiempo es breve y se nos escapa. Dejemos de ser una minoría silente y ¡hagámonos respetar!
Ahora sí que perdí la cuenta. Ya di puntos de más. Aquí no es problema. Es fácil deshacer los errores y reparar lo que hemos hecho mal.
Como no lo es en la vida.

Siluz

Pintura: J. Giménez, Mujer Tejiendo, óleo sobre tela, Barcelona, España, 1945

7 de septiembre de 2008

A mal tiempo, buena cara

Siluz
No compro periódicos… leo los virtuales.
No voy al banco... uso el servicio en línea.
No hablo por teléfono...me comunico por Yahoo.
No visito amigos, voy a la sala de chat.
No sé donde está mi vieja agenda... tengo la del Outlook.
No necesito sellos... escribo e-mails.
No llevo un diario, actualizo mi blog.
No uso diccionarios ni enciclopedias, busco en Google
No armo álbumes, guardo mis fotos en Facebook.
No veo canal de videos, los busco enYoutube
No tengo libreta de apuntes, archivo en “Mis documentos”.

Y ahora que llevamos días con interrupciones del servicio eléctrico,
truenos y relámpagos y no para de llover
¿Qué hago?
Pierdo mi memoria,
mis ideas,
mis tareas,
mis pasatiempos,
mis amigos.

Entonces redescubrí la canción del amanecer
La gente que camina en la mañana
La risa de los niños que van a la escuela
La conversación telefónica sin nada que decir
Salir a la calle sin diligencias que hacer
Las notas que me esperaban en la guitarra
El hilo de tejer y la aguja de crochet
Los brincos de mi perra
La sonrisa del bebo al jugar con la abuela
Los libros sobre mi mesita de noche
El Scrabble y el ajedrez
La cena a la luz de las velas
Escuchar los coquíes acostada en la hamaca

Y me alegré.

20 de julio de 2008

en el Día del Amigo

A los amigos nos unen los recuerdos, las experiencias compartidas, las risas y las lágrimas.
Hay amigos con los que vivimos día a día aun en la distancia; otros a los que dejamos de ver por años pero cuando nos reencontramos es como si nunca nos hubiéramos alejado.
Hay amigos que nos conocen tanto que pueden adivinar nuestros pensamientos y anticipar nuestras reacciones.
Hay amigos con los que crecimos, con quienes pasamos de los juegos al estudio, de la niñez a ser adultos.
Hay amigos que nos acompañaron en ciertas etapas, que fueron esenciales en momentos críticos y nos ayudaron cuando el mundo se venía abajo.
Hay amigos que se alegran cuando tenemos éxito, aplauden nuestros triunfos y nos estimulan a seguir adelante.
Hay amigos que siempre han estado, a quienes no hay que llamar porque saben cuando los necesitamos.
Hay amigos con quienes compartimos aficiones, vitoreamos a nuestro equipo, botamos la frustración cuando los nuestros pierden y celebramos las victorias.
Hay amigos que nos ayudan a desarrollarnos, que evalúan nuestros trabajos, nos dicen con sinceridad si es bueno o es malo y nos dan sugerencias para mejorarlos.
Hay amigos que nos aconsejan, nos dicen la verdad aunque sea dura, comprenden nuestros errores sin enjuiciarnos.
La vida es más fácil porque...¡hay amigos!
El único requisito para tenerlos es que hay que serlo pues la amistad es una carretera de doble vía que no se transita solo. Gracias por permitirme ser tu amiga.
Y poderte llamar amigo.
Siluz
El Día Internacional del Amigo tiene origen en Argentina, y se lo debemos a Enrique Ernesto Febbraro, un profesor de Psicología, Músico y Odontólogo que un 20 de julio, en honor a la llegada del hombre a la luna, envió mas de 1000 cartas a diferentes países. Le respondieron 700 personas y enseguida, el Día del Amigo quedó instaurado en 100 naciones diferentes. Su iniciativa tuvo éxito ya que cada 20 de julio, en muchos países, los amigos esperan reunirse y dedican un día a la amistad.
Enrique Ernesto Febbraro fue candidato dos veces al Premio Nobel de la Paz.