
Utuado no está lejos de mi pueblo costero, pero sentimos que allí entre montañas nos adentramos al paraíso. Llegamos a eso de la una para tomar una lancha en el Embarcadero, la cual atravesando el Lago Dos Bocas, nos llevaría a la casa de campo de AEAP, una pieza de artesanía hecha vivienda. 
El lago lleva el nombre de Dos Bocas, debido a la confluencia de dos ríos principales: el Grande de Arecibo y el Caonillas, los cuales se unen en el área donde se construyó la represa.
Desconectados de todos, sin celulares, sin TV, sin computadoras, la naturaleza como única diversión y compañía. Fuimos tras la oferta que hizo Juliann en su blog de Aventuras Ecoturísticas en la Isla
del Encanto, para alquilar la casa al borde del lago por tres días y dos noches. Nos pareció apropiada para celebrar el cumpleaños de Maritza, mi hija mayor. Su hermano Noel, y varios amigos llegaron primero para decorar. Desde que se divisaron los globos empezaron las sorpresas. Todas las personas a bordo de la Tanamá entonaron el tradicional Cumpleaños feliz, mientras la cara de Maritza iba cambiando de colores. Subidas aquellas escaleras, comenzaron a transcurrir los minutos de los tres hermosos días que nos esperaban. 
Poco después llegaron los kayaks. Esa misma noche los probamos para apenas bajarnos de ellos; el lago llamaba como las sirenas a Ulises. El paisaje era espectacular: aves revoloteando, árboles luciendo todos los verdes imaginables, peces saltando, caballos pastando en la distancia. Y
según entraba la noche, surgió el inconfundible canto del coquí.Me tocó dormir en la litera superior. Incomparable ese despertar escuchando diferentes cantos de pájaros y al abrir los ojos, desde la misma cama, contemplar el apacible lago. Tomar un café boricua sobre la hamaca en la terraza y pensar en que en un ratito prenderíamos la barbacoa.
Y no es que no hubieran todas las facilidades: microondas, cafetera, estufa y horno. Pero la carne a la parrilla adquiere ese sabor especial que en el campo sabe aún mejor.
Les habíamos pedido a los encargados de la transportación que nos recogieran a las once. Porqué cuando llegaron no estábamos listos, no puedo explicarlo. Creo que nos olvidamos hasta que los relojes existían. Por eso, cuando sentimos el motor, se formó un corre-corre de película. Y abordamos gracias a la paciencia y comprensión del chófer de la lancha. En el embarcadero habíamos dejado los autos. Ahora a buscar el Río Tanamá que conocíamos de referencia. Preguntando se llega a Roma; tomamos un camino que parecía interminable, pero ¡valió la pena recorrerlo! 



Utuado está lleno de hermosos rincones.
Solo es cuestión de pedir orientación a Agustín.
O...¡leer el blog de Juliann!

