Las palmas contemplan erguidas a las olas. Están sorprendidas. Un mar siempre calmo hoy está bravo. ¿Qué pudo irritarlo tanto? Alguna tormenta en el norte lo hizo estallar.
Las gaviotas y pelícanos tratan de descubrir el misterio. Solo reciben gruñidos; la marejada se estrella contra la roca. Ni ella es capaz de aplacarla. Una columna gigantesca se eleva.
Las olas revientan rabiosas en espuma y agua. Algo ha despertado la ira del gigante manso.Cual elefante furioso, pierde su acostumbrado sosiego y deja constancia de su fuerza y poder.
Hasta el más paciente elemento se harta de la injusticia, del abuso, del maltrato. Algo muy grave lo ha hecho reaccionar.
Parece gritar: ¡basta! ¡no puedo más!

Pero tras ese desahogo, volverá a ser el de siempre.
Perdonará.
Olvidará.
¡Qué pena que tú y yo no seamos mar!
Siluz


