3 de mayo de 2013

Recordándote, querida titi

Escribí esta carta hace tres años, más para mí que para ti.  Ya habías partido en ese viaje definitivo que sabemos inevitable pero para el que nunca nos preparamos.  
Hoy cumplirías 92 años. Sé que estaría contigo.  Como estás tú en mi recuerdo.
Hoy y siempre.

Querida Titi:
No pensé que partirías tan pronto, que te fueras ese mismo viernes en que te hospitalizamos de emergencia. Y es que siempre nos sorprendiste, más atenta a los demás que a ti misma. Te hacíamos eterna, como si nunca nos faltarías.
No tuviste hijos, pero viviste pendiente a tus cuatro sobrinos: Arturito, Aranedis, Sandra y yo. Todos me decían que debieron bautizarme Lydia en lugar de llevar el nombre de mami, Elsia, pues yo me parecía más a ti que a ella..  Y es cierto... Puedo verte en mí y en mi hija.


No te gustaba ver televisión, sin embargo en casa nunca faltó un aparato. Tu emoción era ver a los demás disfrutarla. Así fuera la señal del indio que probaba la nueva empresa o el payaso Pirulí que no nos perdíamos ni Sandra ni yo. Recuerdo que una vez abuelita, fanática cangrejera, vio un televisor de mueble, hermoso, y comentó que le gustaría uno así. Al otro día, había uno en la sala “para que veas los juegos de pelota” le dijiste.

Nos celebraste todos los cumpleaños. Organizaste nuestras bodas. De todo momento importante, fuiste piedra esencial. Tu vida fue ayudar a mami a criarnos, a que nada nos faltara, como le prometiste.

Nunca guiaste, sin embargo, nos diste carro. No te gustaba retratar, y nos regalaste cámaras de fotografías y vídeos. Invento que salía, invento que comprabas. Sabías que a mami le encantaba todo lo que fuera tecnológico. Y tú, que no sabías ni poner un cd, nos diste todo equipo del que nos antojamos. A ti no te hacían falta: siempre te bastó tu radio de baterías. Era lo único que necesitabas…y el que te acompañó hasta el final.

No sabías música, sin embargo, en casa había piano, guitarras, órgano, mandolina. No faltaban los instrumentos de percusión, sobre todo a la hora de despedir el año. Y todos los cd que nos gustara. Salías corriendo a comprarlos, a veces sin saber ni qué pedías. Porque no podemos negar que eras un “poquito” despistada. ¡Cuántas veces compraste un traje porque se parecía a ti. Claro , si ya lo tenías… No me daba coraje porque entonces los heredaba. 


Y siempre te gustaba estar combinadita, con los zapatos, pantalla y collar justos y apropiados. Sin embargo, no comprabas ropa cara. Más gastabas en los demás que en ti.  Ibas al colmado todos los sábados. El vinito para Mami, la “Coors”para tío Arturo, las merienditas y salchichas para los nenes, las Medallas para nosotras, los higaditos para el gato, el arroz para cocinarle a las perras, el jugo de uva para los Mercado, lo que tomaba Fanny, o que tomaba Helga, lo que tomaba Elsa… un licor distinto para todas las visitas que pudieras recibir. La felicidad de decir: “allí hay de todo. Sírvanse”. 


Ay, titi, había que estar listo para la hora del “glú-glú”. Pero "qué tentación" cantaba Braulio y buscabamos una fría.  Aunque me mandaras a callar cuando berreábamos con Alvaro Torres. "Nada se compara contiiiiiiiigoooooooooo"... Y ahora pienso que es irónico, tú me dabas las gracias por hacerte feliz. Cuando solo te devolvía un poco de lo que me diste.

Podías haberte ido a viajar el mundo. Sin embargo, nunca quisiste ir a ningún sitio si no era con nosotras. Gracias a Dios, y a mami que te impulsó, pudieron ir a México, y cumplir el sueño de los tres hermanos.
No olvidaré tus recetas: los spaghetti a la carbonara que bautizaste lidianos, la lasaña gigantesca y riquísima que era nuestra comida preferida, la papa ilusión, el pollo sudado.
Ni tus lidiadas… ¡Cuánto nos reíamos cuando hacías una de las tuyas! Cuando en tu oficina, con no sé cuantos pisos encima, decías que no te preocupabas en un terremoto porque solo tenías un techito de “foam” sobre tu cabeza. O aquella hormiguita que te llevaste a casa en una cajita de fósforos porque no iba a encontrar qué comer en un baño del edificio federal. O aquella carta que le escribiste al alcalde de Ponce y que tu jefe te devolvió porque estaba perfecta pero él no tenía tanta confianza como para llamarlo “Sr. Churumba”. 


Tu día comenzaba muy temprano, leías en la misa de Radio Oro a las cinco de la mañana, pero antes te ibas al teléfono a tomar las intenciones. Te tocaba hasta servir de despertador a los padres. No te ibas sin prepararle un bocadillo a cada uno.Porque siempre fueron invitados especiales en la casa. Sobre todo, el día de Padres. Día, sin falla, de “king crab”. Luego a trabajar. Muchas veces ibas y venías a pie. Te opusiste al retiro... hasta que tu maquinilla desapareció y en su lugar te pusieron una computadora. Ese día tomaste tu cartera y dijiste adiós. Llevabas cuarenta y tantos años de servicio.
Fuiste secretaria no solo en tu vida profesional sino de todas las organizaciones de la iglesia. Siempre admiré aquellos signos taquigráficos con que tomabas las minutas de las reuniones y que solo tu entendías. 
Te ocupaste luego de organizar los lectores de las misas, de los bacalaitos de las fiestas parroquiales, de que siempre hubiera un sacerdote en las Misas de la Aurora. Recordaba el Padre Osorio que no lo dejabas dormir, que lo despertabas casi a la hora de él acostarse. 


No sé ni cómo pasaste de ser titi a ser Titi-gué. Mis hijos te adoraron y tú los adorabas. Me preguntabas: ¿Y ya no viene Juan? Era tu preocupación. Maritza y Nahuel, tus consentidos, sus visitas semanales te hacían reir.  Y se te iluminaba la cara cuando pensabas en Noel, "tan bueno y tanto que quiere a mi Lorco”. Querías tener siempre presente los nombres de mis nietos, que no se te escaparan de la mente. Germán, el de Alaska, los de Argentina. Te daba trabajo recordar el nombre de Urayoán, pero no olvidabas el de Mía. Así bautizaste a tu muñeca, la que guardaré para un día dársela. En mayo, como tú, nació Luna y te emocionó que también llevara el nombre de tu "mamin". Luna Esperanza. 


“Todo pasa y todo queda...
 pero lo nuestro es pasar... 
pasar haciendo caminos…”

 Hoy papi, mami, tío Arturo y abuelita tienen la dicha de encontrarse contigo 
Yo sé que un día,  querida titi,  nos volveremos a ver...

Gracias por ser quien fuiste. Gracias por ser quien soy.
Te amo
Bendición.
Piru

7 comentarios:

Maritza Beatriz dijo...

Hermoso. Volví a verla, escucharla... Brindé con ella. Gracias por devolvérmela un ratito más. HERMOSO.

Siluz dijo...

Titi estará con nosotros, querida hija mía, mientras la recordemos. Así nos quiso y así la quisimos, así, tanto... tanto...

Ivonne Acosta Lespier dijo...

Siluz: ¡Cuánta razón tienes en lo de que nada nos prepara para la muerte! En este caso, me ha hecho lagrimear tu carta a tu tía. Yo tengo una que ha sido la madre postiza de todos y que por cuestiones económicas mis primos tuvieron que poner en un Hogar porque tiene Alzheimer. Me parte el alma irla a ver porque aunque me reconoce todavía, habla cosas que no se entienden. Me pregunta por Juan Manuel y tengo que hacer esfuerzos para no llorar.
Tu tía ya descansa y como bien dices, la vas a volver a ver. Si no tuviéramos esa esperanza provocada por la fe, creo que sería insoportable la vida.
Un abrazo..

Siluz dijo...

Así es, Ivonne.
Si no tuviéramos esa esperanza, qué sin sentido sería la muerte... qué sin sentido sería la vida.
Gracias por comentar.
Un abrazo.

Noel Ernesto dijo...

Bello Mami, cuando se habla de personas hermosas, solo hace falta hablar, y ya sera hermoso. Titi Gue, siempre en la memoria.

Siluz dijo...

Asi es, Noel. Titi estará con nosotros mientras la recordemos. Y es tan difícil no hacerlo... Un beso.

Siluz dijo...
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