25 de enero de 2007

Iguazú: "agua grande"


“Agua grande”


Varían las tonalidades. Blanco, marrón, rosáceo, gris, perlado, verdoso. Todas a la vez y ninguna en definitiva. Sin embargo, lo que más llama la atención  no es el color sino la fuerza. Corre desbocado corriente abajo, armonía en aparente locura. Su canto crece según nos acercamos; el susurro se hace alarido y la unión de los elementos es total. Puentes, tablados, caminos bordean ese hermoso río que ni siquiera lo es; sólo un ramal que como un monstruo dormido desconoce su poder. Y ese brazo de río es más grande que el más grande de mis ríos.
Sonido creciente, las aguas se fortalecen, se pierden, caen en preciosos saltos. Un derroche de belleza. Cada paso me lleva a otro paisaje más admirable que el anterior. Verdor, frescura, vida, energía. “Aún no has visto lo mejor” me dicen. Nada puede ser más hermoso, pienso. Hasta cruzar la próxima vereda. “La Garganta del diablo”. Si espectacular es de día, maravilloso a la luz de la luna.
Me transporto al antes. Se unen en mí todas las razas, todas las épocas. ¡Tanto esplendor en movimiento! Cnum ha conquistado este lado del mundo. ¡Como no creer que este lugar tan fabuloso es punto de reunión de las divinidades! Apolo y Ra saludan a Inti, , a Tonatiuh, a Chau. Artemisa e Isis besan a Meztli, a Quilla y Antukuche. Festeja Zeus junto a Ngnechen, a Quetzacóatl y Viracocha. El ser humano ante la inmensidad se manifiesta insignificante. Gotas, niebla, torrente. El rugido ensordece, los ojos no se acostumbran a esa imagen. La luz se pierde entre sus aguas, se dividen los colores y lucen varios arco iris entre sus cascadas. Cataratas del Iguazú. “Agua grande” Máxima expresión de la naturaleza. Comienzo o final de la creación. Éxtasis de eternidad. Puerta al infinito.
Observo entre unas rocas. Un chorrito distante, pequeño, solitario, pasa desapercibido entre estas cataratas imponentes. Recuerdo una cascadita en El Yunque de mi tierra. “La Coca”, mucho más reducida que la menor de estas caídas, es celebrada como única en mi isla. Viene a mi mente el Principito: “Y se sintió muy desgraciado. Su flor le había dicho que era la única de su especie en todo el universo. Y ahora tenía ante sus ojos más de cinco mil todas semejantes en un solo jardín.” Mas yo no me siento engañada sino feliz porque veo que mi Yuquiyú también fue invitado a esa cumbre divina. Entonces agradezco el poder sorprenderme ante lo extraordinario como ante lo sencillo. Porque comprendo que el átomo es tan bello como el universo. Y uno sin el otro no pueden existir.
Elsia Luz Cruz Torruellas
(Siluz)

3 comentarios:

Hada Morena dijo...

¡Fantástico!

"... veo que mi Yuquiyú también fue invitado a esa cumbre divina. Entonces agradezco el poder sorprenderme ante lo extraordinario como ante lo sencillo. Porque comprendo que el átomo es tan bello como el universo. Y uno sin el otro no pueden existir."

No existe espacio para la envidia, pero si mucho rincones para la admiración ante lo escrito.

novaera dijo...

¡Precioso! Cada vez que lo leo, me gusta más.

Hilda Vélez Rodríguez dijo...

Parece que Google no me dejará comentar. Pero escribí antes y vuelvo a escribir que tus palabras para Iguazú me emocionan porque escribes lo que siento, lo que sentí. Esas aguas se me metieron en los ojos, en los oídos, me salpicaron el cuerpo entero y se alojaron en ese lugar de la memoria que sobrevive al tiempo. Gracias.