22 de febrero de 2014

Julia, la revolucionaria

Óleo de Ángel Ballestero Pinazo,
inspirado en el poema  de Julia de Burgos “Río Grande de Loíza”

Es nuestra la hora

Traidores y Judas,
¡temblad!
que es nuestra la hora
¡nuestra!

Ya se acerca el grito de los campesinos,
la masa,
la masa explotada despierta.

¿Dónde está el pequeño que
en el raquitismo deshojó su vida?
¿Dónde está la esposa que murió de anemia?
¿Dónde está la tala que ayudó a sembrarla
la que hoy está muerta?
¿Dónde está la vaca?
¿Dónde está la yegua?
¿Dónde está la tierra?

Campesino noble,
tu desgracia tiene solo una respuesta.
El imperialismo de Estados Unidos
tiene una ancha fosa.
Allí está tu muerta,
allí el pequeñuelo,
allí tu vaquita,
allí está tu yegua,
tu tala y tu tierra.

Campesino noble,
tu tragedia tiene solo una respuesta,
afila tu azada,
afeita el machete,
y templa tu alma.
Baja de los riscos y cruza los prados, borrachos de caña.
¡Acércate!
Mira las centrales.
¡Allí está tu muerta!
Contempla el salvaje festín de las máquinas,
agarra bien fuerte tu azada y prosigue
y di: “¡Hasta la vuelta!”
¡Acércate!
Aquí están los bancos
con papel tan solo llenaría
tu casa de muchas monedas.
¿Lo tienes? No obstante
aquí está tu tierra,
tu única vaquita,
tu tala y tu yegua.
Contémplato todo:
fachadas,
banqueros,
monedas.
Empuña bien fuerte el machete
y prosigue
y di: “¡Hasta la vuelta!”
¡Acércate!
Hay muchos que esperan la llegada tuya
que es hoy decisiva en la causa nuestra.
¡Agarra tu azada!
¡Empuña el machete
y abraza las filas de la independencia!

Traidores y Judas
¡temblad!
que es nuestra la hora,
nuestra la victoria,
nuestra la república,
nuestra su grandeza.
Una patria libre se unirá al concierto
de los pueblos grandes en Hispanoamérica.

Y la tiranía bailará su danza
-la danza macabra de la despedida-
envuelta en la sangre de los mil traidores
que han alimentado
su vil salvajismo
y su cobardía.

¡A formar, compañeros,
a formar,
que es nuestra la hora!
¡nuestra!
¡nuestra!
¡nuestra!

Julia de Burgos



Amaneceres

Una Canción a Pedro Albizu Campos.



De corazón a labio,
de Norte a Sur y a estrella,
los montes y los niños y el aire te saludan.

Príncipe del imperio de las constelaciones
donde comienza el alma a iniciarse la idea.
Descubridor del cielo verdadero y presente
por donde el mundo mira la tierra borinqueña.

Vencedor de prisiones, libertador de rumbos,
enterrador perpetuo de todas las cadenas.
Todo en ti se adelanta en bandadas de sueños
desde Atlanta hasta el tierno manantial de las sierras.
Porque te fuiste, íntimo, soñando claridades,
y, soñando, a tu estrella solitaria regresas.

Todo en ti se adelanta en banderas de nubes
Desde Atlanta hasta el hombre que doquiera peleas.
Porque te fuiste, inmenso, peleando libertades.
Y peleando mundiales libertades regresas.

Todo en ti se adelanta en magnitud de símbolo.
Desde Atlanta hasta el hoy eterno de tu ofrenda.
Porque te fuiste, todo, de amor a Puerto Rico
y todo, de amor patrio, a lo eterno regresas.

Corazón del instante, nervio y pulso del mundo,
que vivió en tu martirio, por ti se libera.
En tu cárcel los pueblos aplastados se vieron
y a tu nombre los pueblos, redimiéndose, llegan.

A tu nombre, canción en la boca de un río,
relámpago antillano cabalgando la tierra,
amapola de América, dibujada en mil pétalos,
universo rendido al alma borinqueña.

Julia de Burgos



18 de febrero de 2014

Este domingo...sin falta

     No había otra solución. Por lo menos, ninguna que le resultara viable. Lo peor no era el cómo, sino el después.  Imposible abandonar a su madre. Ya era muy mayor, dependía de él en todo sentido. Vivían en la casa que les dejó el abuelo, siempre juntos, uno para el otro.  Amigos, pocos; diversiones, menos. Apartados de todos en un pueblo donde el progreso parecía haber pasado de largo.  Para visitar a los vecinos más próximos necesitaban el auto,  cosa que no acostumbraban hacer. Su madre se negaba a salir, solo a las citas médicas que no pudiera evitar y los domingos, sin falta,  a la iglesia. 
     Él no se había atrevido a contarle lo mal que se sentía.  Menos aún, que el diagnóstico fuera tan desalentador.  Una condición degenerativa irremediable,  dijo el médico.  Tenía que ser ahora,  antes que ella lo notara. Si dejaba pasar el tiempo, se convertiría en una carga para su madre quien apenas era capaz de cuidarse a sí misma. Él era su compañero, su ayudante, su sostén, su enfermero, su chófer.

     Ese domingo, la anciana se asombró de que su hijo no solo la transportara a la iglesia, sino que asistiera a la Misa.  A la salida, la invitó a almorzar algo liviano.  Quería hablar con ella pero no sabía cómo.  Saltaba de un tema a otro, queriendo llegar, o evitar, alguno en específico. Lo notó inseguro, distraído, nervioso. Por eso, cuando se estacionaron en el garaje, no le extrañó que no la ayudara a salir del auto. Lo dejó prendido, bajó la puerta, volvió al auto y buscando  las palabras adecuadas, empezó a hablar.  Una vez más, daba vueltas sin llegar al punto, repetía incoherencias o trataba temas superficiales.  Hasta recuerdos de infancia que ella creía olvidados.   Estaba segura que no era para eso que seguían en el auto.  Y poco a poco, escuchando, esperando…se quedó dormida.
     Los encontraron, abrazados.  Aún el auto estaba encendido.


Siluz 
junio 2013

7 de febrero de 2014

Dos regalos de cumpleaños


Patria 

Solo tengo una patria
y tiene nombre y apellido.

Solo tengo una bandera
era una frisa 
con la me arropaban de niño.

Mis fronteras eran
las barras de mi cuna
y se han ido ensanchando
por todo el universo.

Hubo un momento
donde solo una persona
me amaba
y no se notaba vacío.

Me enseñaba de letras,
artes y héroes muertos.
Me señalo un camino
que cada vez que me descarrilo
vuelvo arrepentido.

Como una religión sin credo,
una moral sin régimen,
una manera de vivir
para hacer el bien.

Tengo un norte
muy definido,
es mi primera amada,
mi primer consuelo,
mi primera mano dura
cuando hacia
lo que no estaba permitido.

Mi ciudadanía son sus canas,
su sonrisa
mis días festivos.
Su piel son la tierra que amo,
sus ojos son el cielo que miro.

Solo tengo una patria
y aunque tiene nombre y apellido
nunca me ha hecho falta pronunciarlos,
solo con decir Mami,
ella responde.


Feliz Cumpleaños Viejita Mía. Te Amo.



6 de febrero del 2014

Noel Ernesto



Ella es la que ordena mi desastre,
dice “No” y no hay nada que lo cambie.

Puede hacer mil cosas a la vez,
los de afuera son de palo… ella es.

Ella nunca duerme por las noches,
vuela en su guitarra y mil reproches.
A veces parece un huracán
y otras como un trapo anda y más.

Quizás deba confesarte que te quiero tanto,
somos tan distintas y es tan necesario tenerte conmigo para caminar.
Lo se, se que no hace falta que te diga nada,
solo basta con cruzar una mirada.
Voy contigo al cielo y al fondo del mar, y al fondo del mar.

Ella se hizo amiga del silencio,
pura discreción, todo secreto.
Traicionó una vez su seriedad,
como nadie dice la verdad.

Ella de hablar tanto se marea,
dice no y al rato está en la fiesta.
No se queda quieta en un lugar,
se que no controla su ansiedad.

Quizás deba confesarte que te quiero tanto,
somos tan distintas y es tan necesario tenerte conmigo para caminar.
Lo se, se que no hace falta que te diga nada,
solo basta con cruzar una mirada.
Voy contigo al cielo y al fondo del mar, y al fondo del mar.

Y se entera el mundo si algo sale mal,
eso que me importa si conmigo estás.

Quizás deba confesarte que te quiero tanto,
somos tan distintas y es tan necesario tenerte conmigo para caminar.
Lo se, se que no hace falta que te diga nada,
solo basta con cruzar una mirada.
Voy contigo al cielo y al fondo del mar, y al fondo del mar.

Quizás deba confesarte que te quiero tanto,
somos tan distintas y es tan necesario tenerte conmigo para caminar.
Lo se, se que no hace falta que te diga nada,
solo basta con cruzar una mirada.
Voy contigo al cielo y al fondo del mar, y al fondo del mar.
Fuente: musica.com

Música: Soledad y Natalia Pastorutti
Vídeo: Sandra Cruz Torruellas


25 de enero de 2014

¡7 años!

Querido blog:
Es 25 de enero y por poco olvido la fecha.
Y lo siento porque los anteriores seis cumpleaños te dediqué tiempo y letras.
No hay razón para tenerte tan abandonado.
No es falta de cariño.. como dice la canción
ni de tiempo,
pues otras veces le he robado al sueño las horas que te dedico.
Entonces... no sé, pero lo noto en la reducción de entradas comparadas con otros años.
Las visitas escasean,  hasta las mías,
los comentarios también,
los intereses cambian,
la constancia flaquea.
Pero aquí estamos.
Quizás sea la hora de reorganizarte, de darte nueva vida, nuevo enfoque.
Veremos.
Es un nuevo año.
¡Y van siete!
Quedas en mis manos, y en mi voz
para seguir escribiendo en voz alta.

Siluz







17 de enero de 2014

Juan Gelman, ¡descanse, Poeta!

Porque lo escrito permanece por siempre, sea leído o no... 
Hay que escribir, poeta, como lo hizo usted.
Descanse, le llegó la hora de encontrarse con los suyos, como lo hizo un día con Macarena, su nieta, tras años de búsqueda.
Descanse, Poeta. 

CONFIANZAS
se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomaras el poder » dice
«con estos versos no harás la Revolución » dice
«ni con miles de versos harás la Revolución » dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o el mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganara plata con ellos
no entrara al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojara
no alcanzara perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomaras el poder » dice
«con estos versos no harás la Revolución » dice
«ni con miles de versos harás la Revolución » dice
se sienta a la mesa y escribe
Juan Gelman

Carta de Juan Gelman a su nieto o nieta no conocido
(y que tardaría 23 años en encontrar)
“Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de concentración del ejército, el Pozo de Quilmes casi seguramente. Poco antes o poco después de tu nacimiento, el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de distancia. El estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al campo de concentración “Automotores Orletti” que funcionaba en pleno Floresta y los militares habían bautizado “El Jardín”.
“Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre, Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron –ya vos en ella– al Pozo cuando estuvo a punto de parir. Allí debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a parar –así era casi siempre– a manos de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra para cada campo de concentración: los anotados esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y con alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después. Han pasado 13 años desde que los militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En cambio, en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron con cemento y arena y arrojaron al río San Fernando, se encontraron los restos de tu padre 13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa certeza.
“Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado de El Vaticano, en febrero de 1978. Desde entonces me pregunto cuál ha sido tu destino. Me asaltan ideas contrarias. Por un lado, siempre me repugnó la posibilidad de que llamaras “papá” a un militar o policía ladrón de vos, o a un amigo de los asesinos de tus padres. Por otro lado, siempre quise que, cualquiera que hubiese sido el hogar al que fuiste a parar, te criaran y educaran bien y te quisieran mucho. Sin embargo, nunca dejé de pensar que, aun así, algún agujero o falla tenía que haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus padres de hoy no son biológicos –como se dice– sino por el hecho de que alguna conciencia tendrán ellos de tu historia y de cómo se apoderaron de tu historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido mucho.
“También pensé todos estos años en qué hacer si te encontraba: si arrancarte del hogar que tenías o hablar con tus padres adoptivos para establecer un acuerdo que me permitiera verte y acompañarte, siempre sobre la base de que supieras vos quién eras y de dónde venías. El dilema se reiteraba cada vez –y fueron varias– que asomaba la posibilidad de que las Abuelas de Plaza de Mayo te hubieran encontrado. Se reiteraba de manera diferente, según tu edad en cada momento. Me preocupaba que fueras demasiado chico o chica –por no ser suficientemente chico o chica– para entender lo que había pasado, lo que habías pasado. Para entender por qué no eran tus padres los que creías tus padres y a lo mejor querías como a padres. Me preocupaba que padecieras así una doble herida, una suerte de hachazo en el tejido de tu subjetividad en formación.
“Pero ahora sos grande. Podés enterarte de quién sos y decidir después qué hacer con lo que fuiste. Ahí están las Abuelas y su banco de datos sanguíneos que permiten determinar con precisión científica el origen de hijos de desaparecidos. Tu origen. Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.
“Los sueños de Marcelo y Claudia no se han cumplido todavía. Menos vos, que naciste y estás quién sabe dónde ni con quién. Tal vez tengas los ojos verdegrises de mi hijo o los ojos color castaño de su mujer, que poseían un brillo muy especial y tierno y pícaro. Quién sabe cómo serás si sos varón. Quién sabe cómo serás si sos mujer. A lo mejor podés salir de ese misterio para entrar en otro: el del encuentro con un abuelo que te espera”.
Juan Gelman y Macarena
(foto tomada de InfoNews)

30 de octubre de 2013

Nombres inmortalizados por un poeta

“Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás”.

Así decía un cartel que publicó Carmen, mi “manita mexicana” en su página de Facebook.  Hace más de una década que nos conocemos, a pesar de que nunca nos hemos visto en persona.  Charlamos mucho, vía Internet y esa noche discutimos la veracidad de esa frase y tratamos de recordar nombres inmortalizados por escritores. Como acostumbramos hablar de música, comenzamos con los compositores, y pensamos en los “meros meros” (como ella los llama): Serrat, Sabina, Serrano, Filio, Silvio, Pablo.  De ahí pasamos a la poesía, un tema que a ambas nos apasiona y sin embargo, nunca habíamos abordado. Cuántos nombres inmortales, pero cuántos más callados, y en especial, cuántos escondidos bajo un seudónimo, que fue el que pasó a la inmortalidad.

Así nos acordamos de Claudia, a quien le dedicó el poeta nicaragüense, Ernesto Cardenal, los siguientes versos:
Te doy Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
son para ti solamente, pero si a ti no interesan
un día se divulgarán, tal vez, por toda Hispanoamérica.
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y, tal vez, verás, Claudia, que estos poemas
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.

Carmen  habló del mexicano, Juan de Dios Peza, famoso por su poema “Reír llorando” y encontramos versos dedicados a Magdalena.

¡Te conocí soñando, Magdalena!...
Cruzó el revuelto mar de las edades
Mi espíritu agobiado por la pena,

Y á orillas del hermoso Tiberiades,
Sobre los campos del Medjdel desiertos.
Buscó en la triste soledad abrigo,

Y te llegó a encontrar y habló contigo
Con el lenguaje extraño de los muertos.


También buscamos la traducción del conocido poema de Edgar Allan Poe,
Annabel Lee, que termina así:
…y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.
Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

Versión de Carlos Obligado http://www.amediavoz.com/poe.htm#ANNABEL LEE

Versos tristes, impotentes, ante la soledad que nos deja la muerte del ser amado.  Así también llora el romántico español José de Espronceda en su Canto a Teresa.
¡Oh, Teresa! ¡Oh, dolor! Lágrimas mías
¡ah!, ¿dónde estáis, que no corréis a mares?
¿Por qué, por qué como en mejores días
no consoláis vosotras mis pesares?...
¿Quién pensará jamás, Teresa mía,
que fuera eterno manantial de llanto
tanto inocente amor, tanta alegría,
tantas delicias y delirio tanto?
¿Quién pensara jamás llegase un día
en que perdido el celestial encanto
y caída la venda de los ojos,
cuanto diera placer causara enojos?
¡Pobre Teresa! ¡Al recordarle siento
un pesar tan intenso…! Embarga impío
mi quebrantada voz mi sentimiento,
y suspira tu nombre el labio mío;
para allí su carrera el pensamiento,
hiela mi corazón punzante frío,
ante mis ojos la funesta losa
donde, vil polvo, tu beldad reposa.
(José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado a Teresa Mancha)  

Y no se limita a nombres femeninos, los masculinos también son inmortalizados. El mejor ejemplo es este poema de la nicaragüense Gioconda Belli al escribirle a Sergio:
Te escribo, Sergio
desde la soledad
del mediodía asoleado y desnudo
mientras azota el viento
y estoy, gatunamente,
enrollada en la cama
donde anoche te quise y me quisiste
entre tiempos, sonrisas y misterios.

Va quedando lejano
el mundo que existía antes de conocerte
y va naciendo un nido de palabras y besos,
un nido tembloroso de miedo y esperanza
donde a veces me siento retozando entre trinos,
y otras veces me asusto,
abro los ojos y me quedo quieta,
pensando en este panal de miel
que estamos explorando,
como un hermoso, hipnotizante laberinto,
donde no hay piedritas blancas,
ni mágicos hilos
que nos enseñen el camino de regreso.

Rubén Darío, también nicaragüense, se inspira en Mía y le dice:

Mía: así te llamas.
¿Qué más armonía?
Mía: luz del día;
mía: rosas, llamas.
¡Qué aroma derramas
en el alma mía
si sé que me amas!
¡Oh Mía! ¡Oh Mía!
Tu sexo fundiste
con mi sexo fuerte,
fundiendo dos bronces.
Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces
mía hasta la muerte?

Así también el puertorriqueño José de Diego, conocido como el Caballero de la Raza, escribió el poema que se haría clásico del romanticismo,  A Laura.  Como dato curioso, el nombre real de Laura era Carmen. Jorge María Ruscalleda publicó el en el 2005 el libro José de Diego: Vida e historia. Cartas a Carmen Echavarría, que contiene varias cartas que quedan como prueba del idilio amoroso entre este y Carmen Echavarría.  Fue esa mujer aguadillana quien sirvió de inspiración para la famosa elegía A Laura. “Siempre se habla de la Laura de José de Diego, pero nunca de Carmen”, dijo Ruscalleda, refiriéndose al poema. “Carmita era la famosa Laura”, añadió.

Laura mía: ya sé que no lo eres;
mas este amor, que ha sido flor de un día,
se olvida a solas de que no me quieres.
Y, en medio de mi bárbara agonía,
¡te llama a gritos, con el mismo grito
de aquellos tiempos en que fuiste mía!

Yo aun te defiendo, porque tú eres buena
y de tu dulce corazón no pudo
brotar la amarga hiel que me envenena;
De esta espantosa realidad aún dudo
y no sé quién me preparó, cobarde,
por detrás y a traición, el golpe rudo.

Ya es tarde, Laura: por desgracia
es tarde; mas si estás inocente....,
¿por qué muda, si aún la pasión
en mis entrañas arde?
¡Aún tu silencio criminal me asombra!
¡Aún hay un labio, a la traición cerrado,
huérfano de tus besos, que te nombra!
http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ha/dediego/a_laura.htm

Carmen debe ser el nombre de alguna musa.  Recordemos aquello que cantaba, entre otros, nuestro Danny Rivera:  “Carmen, Carmen, Carmen, te quiero y tú lo sabes. Carmen, Carmen, Carmen, jamás podré olvidarte”. Muy especial es este poema de Vicente Quirarte:

Plaza Santo Domingo
Aquellos años vuelven por azares,
como si los relojes, conjurados,
hicieran de esta plaza el Universo.
Un solo adolescente, el mismo
sabor a calle vieja, las palomas:
tiempo de exploración donde el cuadrante
enloquece de puntos cardinales.
Un nombre se articula. El organillo
lanza antiguas canciones a las nubes,
como esa niña espera que le armen
el castillo que habrá de derrumbarse
a la vuelta del príncipe en derrota.
No es que vuelvas, palabra, estás naciendo
como si nadie hubiera pronunciado
tus silencios con música tan lenta,
como el niño que mira hacia la plaza
a su cuaderno limpio de palabras
para escribir, en su lenguaje torpe:
"Carmen".

y este otro, de Juan de Dios Peza, ¡Cree!
¡Qué dulces pasan junto a ti las horas!
¡Ay! ¡si supieras lo que tú me inspiras!
¡Si vieras cómo sufro cuando lloras,
y cómo tiemblo cuando tú suspiras!


Estando junto a ti, mi pensamiento
es todo luz, y fuego, y armonía,
y un raudal de ternura y sentimiento
hay en mi voz para llamarte mía.


Y siento como el alma enamorada
tierna acaricia su ilusión ardiente,
cuando baña la luz de tu mirada
con dulces rayos de pasión mi frente.


Tus miradas de amor y de ternura
ningún pincel a retratar alcanza;
sólo en ellas contemplo la ventura
sólo ellas me retratan la esperanza.


Nos amamos ¿verdad? Está cubierto
nuestro amor por el cielo de dos almas,
como un rayo de luz en el desierto
se pierde entre las sombras de dos palmas.


Y ¿es posible que llores? El quebranto
te llena de letal melancolía.
¿Y dudas ¡ay! cuando te adoro tanto;
cuando en ti cifro la ventura mía.


¡Si te pudiera devolver la calma
que antes de amarnos te arrulló tranquila,
y pudiera sacar la luz de mi alma
la lágrima que empaña tu pupila!...


Mi labio en sueños con amor te nombra:
no dudes de ese amor que al pecho inflama,
porque la duda, Carmen, es la sombra
que en nuestras almas el temor derrama.


No dudes, porque tú eres de mi vida
la única luz que me dará consuelo,
la estrella de esperanza que convida
a no apartarse nunca de su cielo.


Unamos nuestra vida y nuestra suerte,
que nunca tu alma ante el dolor sucumba.
¿Separarme de ti? sólo la muerte.
¿Privarte de mi amor? sólo la tumba.



Otros nombres no están incluidos en el poema mismo pero sí en la dedicatoria.  Miguel Hernández  especifica que el poema “Tus cartas son un vino” fue escrito “A mi gran Josefina adorada”.  Josefina fue la musa de Hernández,  como fue Consuelo la de Juan Antonio Corretjer  o Matilde, la de Pablo Neruda.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
porque tú me sigas mirando.

Otros, son más directos, como el mexicano Rubén Mora en su Lilia y el universo:

¡Está demandando un verso
tu cutis de rosa y nieve.
Pero ninguno se atreve
a realizar el esfuerzo!
¡Porque hacia rumbo diverso
el Universo se mueve,
al ver que en tu boca breve
está todo el Universo!
Universo que en tus labios
se viste de bugambilia
para sustento de sabios...
¡Pero yo estoy de vigilia,
no sé por cuales agravios,
para los labios de Lilia...!


¿Y Quién no ha escuchado el poema de Rubén Darío a Margarita?

Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:
http://www.poemas-del-alma.com/a-margarita-debayle.htm#ixzz2i2Ndt128

Otros también hacen cuentos, pero sin mencionar nombres. El cubano José Martí, por ejemplo, nos habla de la niña de Guatemala:

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Otros se enorgullecen de sus amores ocultos, se niegan a regalar eternidad, casi como una venganza.  Los mejores ejemplos son varios de los poemas de José A. Buesa, entre éstos, Oasis:

Así como un verdor en el desierto,
con sombra de palmeras y agua caritativa,
quizás ser tu amor lo que me sobreviva,
viviendo en un poema después que yo haya muerto.

En ese canto, cada vez más mío,
voces indiferentes repetirán mi pena,
y tú has de ser entonces como un rastro en la arena,
casi como una nube que pasas sobre un río...

Tú serás para todos una desconocida,
tú que nunca sabrás cómo he sabido amarte;
y alguien, tal vez, te buscará en mi arte,
y al no hallarte en mi arte, te buscará en mi vida.

Pero tú no estarás en las mujeres
que alegraron un día mi tristeza de hombre:
Como oculté mi amor, sabré ocultar tu nombre,
y, al decir que te amo, nunca diré quién eres.

Y dirán que era falsa mi pasión verdadera,
que fue sólo un ensueño la mujer que amé tanto;
o dirán que era otra la que canté en mi canto,
otra, que nunca amé ni conocí siquiera.

Y así será mi gloria lo que fue mi castigo,
porque, como un verdor en el desierto,
tu amor me hará vivir después que yo haya muerto,
pero cuando yo muera, ¡tú morirás conmigo!

Poetas, que  como Juan de Dios Peza, justifican su silencio con su caballerosidad.

La escribió una mujer joven y bella.
¿Descubriré su nombre? ¡No!, ¡no quiero!
pues siempre he sido, por mi buena estrella,
para todas las damas, caballero.

Nos hemos limitado a los poetas, pero debemos pensar que esta frase aplica a todos los escritores, compositores, pintores.  Debemos pensar entonces que el amor de un artista nos hará inmortales, así no sea correspondido.  Quedará plasmado nuestro rostro, nombre y esencia en sus obras, en sus canciones, en sus novelas, en sus escritos, en sus cartas, en sus poemas, en sus pinturas.  Y quizás, quienes en vida vivieron separados, unan, ya muertos,  sus nombres en la eternidad.  Aunque nunca lo sepan...