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11 de septiembre de 2010

El 11-9 ya era una fecha trágica

Desde los acontecimientos del año 2001, donde vimos espantados el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre se recuerda con pesar.  Fueron muchas las víctimas, muchas las lágrimas, muchas vidas inocentes perdidas en un día que aparentaba ser uno más.
Lo que no podemos pasar por alto es que esta fecha ya estaba marcada por el dolor, por la traición, por la injusticia.  El 11 de septiembre de 1973 caía Salvador Allende, presidente de Chile electo democráticamente, en un golpe militar que le costó la vida.  Le esperaban a los hermanos chilenos 17 años de dictadura militar llenos de lágrimas, represión y muerte.
La historia de nuestros pueblos está entrelazada. No podemos seguir cometiendo los mismos errores. No podemos seguir callando.  No podemos seguir aguantando. No podemos seguir olvidando.

"Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".
Salvador Allende


Allende
Para matar al hombre de la paz,
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla.
Para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques;
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo, hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza.
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y  acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más, para seguir matando.
Para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza.
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y  tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques, más rencores
más bombas, más aviones, más oprobios,
porque el hombre de la paz era una fortaleza.
Para matar al hombre de la paz,
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla.
Para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte,
matar y matar más, para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad.
Para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Mario Benedetti

17 de mayo de 2009

¡Hasta siempre, Poeta!


Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Mario Benedetti


Permitame contradecirlo, Poeta.

La muerte no alcanza a los inmortales.

Y usted es uno de ellos.

¡Hasta siempre!

7 de mayo de 2009

Hagamos un trato - Benedetti

Veo en el blog de Ivonne:
"Mario Benedetti está viviendo horas difíciles.  Desde la fundación José Saramago se hizo un pedido a toda la gente para que en cualquiera de los sitios de Internet que cada uno tenga se publique un poema del poeta uruguayo o simplemente se lea alguno que se tenga.
Quizás si construimos este universo de poemas entre todos podamos sumar fuerzas y transmitirlas a quien desde la escritura nos regala sabiduría y al menos acompañarlo en agradecimiento a todo lo que nos ayudó a pensar y a sentir".

Elijo como mi estrella en este universo de poemas :  Hagamos un trato .  
Tiene que ser fuente de energía esta combinación de don Mario Benedetti y el Nano.
¡Salud, Poeta!  
Y ¡gracias! 



Compañera,
usted sabe que puede contar conmigo 
no hasta dos o hasta diez 
sino contar conmigo.

Si alguna vez advierte 
que la miro a los ojos 
y una veta de amor 
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles 
ni piense qué delirio 
a pesar de la veta 
o tal vez porque existe 
usted puede contar 
conmigo.

Si otras veces me encuentra 
huraño sin motivo 
no piense qué flojera 
igual puede contar conmigo. 

Pero hagamos un trato 
yo quisiera contar con usted 
es tan lindo saber que usted existe 
uno se siente vivo 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos, 
aunque sea hasta cinco. 
No ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio 
sino para saber a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo.

"Vamos a rodear a Benedetti" : Cadena de poesía por Mario Benedetti

9 de diciembre de 2008

De árbol a árbol

De árbol a árbol
(Mario Benedetti - Joan Manuel Serrat)
Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán acaso solidarios?
¿los árboles serán acaso solidarios?
¿Digamos el olivo de Jaén
con el terco quebracho de Entre Ríos?
¿O el triste sauce de Tacuarembó
con el castaño de Campos Elíseos?
¿Qué se revelarán de árbol a árbol?
¿Desde Westfalia avisará la encina
al demacrado alerce del Tirol
que administre mejor su trementina?
Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán acaso solidarios?
¿los árboles serán acaso solidarios?
¿Se sentirá el ombú en su pampa húmeda
un hermano de la ceiba antillana?
¿Los de ese bosque y los de aquel jardín
permutarán insectos y hojarasca?
¿Se dirán copa a copa que aquel muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
usaba chupadores de corteza
como el menos cordial de los parásitos?
Seguro que los diarios
no lo preguntarán
¿los árboles serán acaso solidarios?
¿los árboles serán acaso solidarios?
¿Sabrán por fin los cedros libaneses
que su voraz y sádico enemigo
no es el ébano gris de Camerún
ni el arrayán bastardo ni el morisco
ni la palma lineal de Camagüey
sino las hachas de los leñadores,
la sierra de las grandes madereras,
el rayo como látigo en la noche?

Y enemigos también son los humanos quienes tienen el deber de protegerlos y fomentan su destrucción o se hacen de la vista larga. No seamos cómplices de esta masacre en potencia. Firma la solicitud para revocar la orden que permite matar diez árboles diarios. Házlo ahora. Mientras lo piensas puede estar cayendo otro árbol. Recuerda la profecía de los Indios Cree:

"Solo cuando se haya talado el último árbol;

solo cuando se haya envenenado el último río;

solo cuando se haya pescado el último pez;

solo entonces descubrirá el hombre blanco

que no se puede comer el dinero".