
“Con la primera copa el hombre bebe vino;
con la segunda el vino bebe vino,
y con la tercera, el vino bebe al hombre”.
(Proverbio japonés)
Doctor, ¿me puedo tomar un vinito de vez en cuando?
Esta es una pregunta frecuente que hacen los pacientes a sus doctores. Y a muchos les puede asombrar la respuesta.
Una copita de vino puede ser beneficiosa para el corazón, en especial si se toma con las comidas. Repito: una copita o dos; moderación es la clave. El consumo moderado de alcohol protege contra la enfermedad coronaria y contra los accidentes cerebrovasculares isquémicos (obstrucción de una arteria del cerebro). Esto se debe a que el alcohol aumenta el nivel de las lipoproteinas de alta densidad (HDL). El vino, sobretodo el tinto, contine polifenoles y flavonoides, factores que lo hacen antioxidante.
Entre los beneficios de UNA copa diaria de vino tinto están:
· Ayuda a limpiar las arterias impidiendo enfermedades cardiovasculares como arteriosclerosis
· El resveratrol, polifenol que se encuentra en las uvas, es antioxidante y anticancerígeno y parece ser auxiliar contra la obesidad.
· Los polifenoles y flavonoides, hacen más inofensivo al colesterol malo. Inhiben la formación de coágulos en las arterias y disminuyen las inflamaciones.
- Estimula y acelera el trabajo de los órganos relacionados con la digestión.
- Estimula la secreción de ptialina sobre el hígado, y favorece la secreción de bilis.
· Favorece al sistema circulatorio, ya que inhibe la formación de trombos.
· Beneficia a los riñones por su riqueza en sales de potasio, que producen una acción diurética. Algunas investigaciones relacionan su consumo con la eliminación del virus de la poliomielitis y el herpes.
· Incrementa el apetito y provoca un cierto grado
de desinhibición por que actúa como un ansiolítico, lo que explica porque en dosis bajas funcione como un hipnoinductor, favoreciendo el sueño.
La tradición relaciona a Noé con el origen del cultivo de la vid, de la elaboración del vino e incluso de la primera intoxicación por consumo excesivo. Se dice que poco después de salir del Arca, Noé plantó la primera viña y, llegado el momento, bebió el vino y se emborrachó. Entre los griegos, se rendía honor a Dionisios (Baco para los romanos) quien le enseñó a los hombres como cultivar la planta y elaborar el vino.
“El vino es maravillosamente apropiado para el hombre si,
en tanto en la salud como en la enfermedad,
se administra con tino y justa medida”
(Hipócrates)
Es importante recordar que hablamos de una dosis de no más de dos copas. Si nos excedemos, el vino se convierte en un depresor de la actividad cerebral, ocasionando insomnio o, a la inversa, el sueño profundo del borracho. En lugar de actuar como afrodisíaco puede eliminar las reacciones sexuales. Y más grave aún, el abusar del vino, como de toda bebida alcohólica, tiene graves consecuencias en el sistema nervioso central y el hígado y predispone a la cirrosis. En lugar de entonces prolongar la vida, puede acabar con ella, con las relaciones sociales, con la tranquilidad de una familia y con su felicidad.
“El vino no daña,
pero el que bebe sin moderación se daña a sí mismo”.
(Erasmo de Rotterdam)
Y si leer sobre el vino te ha dado deseos de servirte una copita, dímelo y te acompaño. Mmmm... ¿no te provoca un malbec de los campos de Mendoza? Te invito. ¡Salud!
Referencias:
http://www.susmedicos.com/art_vino_corazon.htm
http://terravital.blogspot.com/2009/06/el-vino-tinto-y-sus-bondades.html
http://www.neoteo.com/una-copa-de-vino-al-dia-y-a-vivir-mas.neo