
Y es que eso es. Pero no llegó. Gracias a Dios.
Aunque no podemos negar que nos desilusionamos. Increíble que somos. Hoy hay trabajo, hoy hay clases. Hoy todo vuelve a la normalidad. ¿Dónde se fue Omar?

No se fue la luz. (¿Qué hacemos con tanta vela ahora?) Tampoco el agua (Y nos llevamos cajas) Tenemos ahora Chef-Boyardee y corn-flakes para un año.
Tendremos que hacer una fiesta para terminar con todo lo que compramos. La celebración del huracán que no llegó.
Porque si llega como se temía, tendríamos calles inundadas, árboles en el suelo, comunidades incomunicadas, montes deslizados, puentes caídos, carreteras destrozadas. Habríamos perdido siembras, casas y vidas. Personas ahogadas tratando de pasar los ríos, quemados en incendios ocasionados por velas, electrocutados por los golpes eléctricos e intoxicados por el gas de plantas y estufas.
Sigamos preparándonos. Y si no llega, mejor. Pero que no se convierta esto en el cuento del lobo. Porque un día puede sorprendernos. Y entonces, como decía Rafael Hernández: “¿Qué será de Borinquen mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar?”

4 comentarios:
Hay que dar muchas gracias a Dios... pues pintaba FEO...
Feísimo... Menos mal que pasó... y ni cuenta nos dimos...
Muy interesante lo que nos cuentas, Siluz.
Gracias por visitarme y
abrazos de mar.
lola
Gracias, Lola. siempre es un honor tu visita. Abrazos de mar a mar.
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