31 de enero de 2008

Diez días en tierra lejana

"Va quedando lejano
el mundo que existía antes de conocertey va naciendo un nido de palabras y besos,un nido tembloroso de miedo y esperanzadonde a veces me siento retozando entre trinos,y otras veces me asusto,abro los ojos y me quedo quietapensando en este panal de mielque estamos explorando,como un hermoso, hipnotizante laberinto,donde no hay piedritas blancas,ni mágicos hilosque nos enseñen el camino de regreso".Gioconda Belli

Noche tras noche, cuando su reloj daba las veintidós. Sitio de reunión: la sala de chateo. Los seudónimos presentes en la lista de usuarios honraban años de amistad virtual. Allí la charla era amena y la música a su gusto. En ese breve espacio, coincidieron.


“El tiempo nos lanzó de lado a lado

trazos redondos surcando paralelos espacios
coincidimos desafiando las leyes deletreadas
infringiendo barreras quebrantadas al tacto”.*
A él le llamaron la atención sus pocas pero acertadas palabras y a ella la afinidad en gustos. Mientras, sin ellos saberlo, Gioconda se confabulaba con Joan Manuel. La conversación giraba entre poemas y canciones, vivencias paralelas, pensamientos . Luego, tras Oscar descubrir que ella amaba a Serrat casi tanto como él, dejó volar una canción para Lucía, se proclamó “sinceramente tuyo” y le afirmó: “no hago otra cosa que pensar en ti”.

Con el tiempo fueron abandonando la sala y hablaban más en privado. Y de la música pasaron a la poesía, de la poesía a la política, de la política a las luchas, de las luchas a las ideas. Para su sorpresa tenían puntos de vista similares.

“Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario”. *

Ambos rondaban los sesenta. Sabían de amores y fracasos. Como también que a través de la pantalla afloraba un sentimiento al que no querían aún darle nombre. Necesitaban acompañar sus soledades, acortar la distancia, hacer presente la ausencia .

“…te siento levantarte
desde el aire llenarme
pero estoy sola, amor,
y este estarte viendo
sin que estés,
me hace sentirme a veces
como una leona herida,
me retuerzo,
doy vueltas
te busco
y no estás
y estás allí
tan cerca”. *

Y se dio el viaje. Más de treinta años sin subir a un avión. Estaba aterrada. ¿Por qué era de tierra tan lejana? Gracioso que te preguntes eso, Lucía. Si no fuera así , ni siquiera le hubieras hablado. Sin embargo, otras cosas la asustaban más aún: que al verse todo cambiara, se desilusionara uno del otro, no pudieran mantener una conversación normal o ni siquiera se gustaran. No estaba en edad para aventuras; si no las había buscado en su juventud, menos le interesaban ahora. Pero ¿y si es él?. La vida te ofrece una nueva oportunidad. Escribir un epílogo para ese capítulo de tu vida que ya creías cerrado. Sus pasos la dirigieron a la agencia de viajes, y se vio con un pasaje en las manos. Saldría de su isla caribeña en pleno verano para ir a conocer el invierno del otro hemisferio.

“Todo dejé atrás.
No oí lamentos, ni recomendaciones
porque en todo el Universo de mi ceguera
solo vos brillabas
recortado sol en la oscuridad”.*
21 de julio de 2003

Mis nervios me traicionan. Tras una parada en el aeropuerto de Panamá, voy rumbo al de Ezeiza en Buenos Aires. En el avión, pero en primera clase, va Luis Rafael Sánchez, un reconocido escritor de mi país. El miedo me hace pensar lo terrible que puede ser viajar con famosos. ¿Quién se acuerda de los que murieron con Gardel o con Clemente**? Trato de acallar esos pensamientos tétricos. Intento leer. Para hacer más llevaderas las once horas de viaje llevo la novela “El país bajo mi piel” de mi escritora favorita: Gioconda Belli. Leo el epígrafe en la introducción: “La verdadera felicidad no consiste en tener todo cuanto se desea, sino en desear cosas que no se tienen y en luchar por conseguirlas.” De acuerdo. Hacia eso vas. Cálmate.

Sigo leyendo: “Julio Verne y mi abuelo Pancho –que me proveía de libros- fueron los responsables de que desarrollara una imaginación sin trabas y llegara a creer que las realidades imaginarias podían hacerse realidad”. Mi mente empieza a dar tumbos. Todavía me pregunto qué hago yo aquí, qué busco. Sabes la respuesta y te da miedo descubrirla. Has estado muy sola, a pesar de tus tres hijos, a pesar de tu profesión, a pesar de tu estabilidad. Se me llena el corazón de dudas y trato de no aferrarme a ellas. Miro por la ventanilla. Ya no veo nada abajo, ni tierra, ni mar. Volamos sobre las nubes. ¿Qué haces aquí? Deberías estar en casa, en tu calor, con tus pies firmes en tu suelo. Si Dios hubiera querido que volaras, te hubiera dado alas. Procuro convencerme y me repito: Voy en busca de mi realidad imaginaria, de un amor virtual que apareció sin buscarlo.

—Señoras y señores, el capitán ha comenzado su descenso hacia la ciudad de Buenos Aires. La hora local: 20:10.

Guardé el libro. No había pasado de la introducción. Saqué el bolso de maquillaje para retocarme un poco. Cierro los ojos. Suspiro. Y sin pensarlo más, descendí la escalinata del avión con el alma entre las manos y el corazón queriendo salírseme del pecho.

30 de julio de 2003

—…anuncia la salida de su vuelo con destino a San Juan de Puerto Rico. Pasajeros pueden abordar por la salida número 22.

A la una en punto de la tarde comienza a moverse el avión sobre la pista. No te olvides atrasar tu reloj. De regreso a casa; a mi sol, a mi mar, a mis hijos y nietos. Con mi maleta llena de recuerdos. Pero los que más atesoras son los que llevas en tu corazón. Abro la cortina de la ventanilla, doy una última mirada a la ciudad, tomo mi libretita de apuntes y escribo:

Vine a encontrarme con un amor, hoy me voy con dos:
Oscar y su ciudad de aires buenos.
¡Cómo me emocionó ver el Obelisco y encontrarlo desde cada calle del centro! Contemplarlo era la prueba de que llegué, de que estaba aquí, de que no era un sueño.
Fue una delicia pasear abrazados como adolescentes por San Telmo, Recoleta, Puerto Madero, los Bosques de Palermo y la Plaza de Mayo.
Disfruté comerme un choripán
en la Costanera, saborear las facturas (aunque esa palabra me acordara de mis cuentas), los alfajores, el dulce de leche y probar el mate. Que divertido fue tratar de cruzar la 9 de julio sin que cambiara el semáforo u oírlo discutir si River era mejor equipo que Boca, como si de eso dependiera que el mundo continuara girando. Me enamoró el río La Plata, ese mar dulce que llegué a confundir con mi océano por su inmensidad.
Me pareció curioso como Oscar pide todo con un "¿puede ser?" y no deja de decir "no, por favor" cuando le das las gracias, como puede “tener fiaca” pero no desgano, pensar que un “revolú” es un “quilombo” y terminar cada parlamento con un “Mira vos” o un ‘¿comprendés?” Todo dicho con ese acento porteño que me derrite y la seguridad y picardía de que lo sabe. “Tal cual”. Oscar…ay, Oscar...¿dónde estarás ahora?

“Sola yo, amor,y vos quién sabe dónde;

tu recuerdo me mece como al maíz el viento
y te traigo en el tiempo,recorro los caminos,
me río a carcajadas
y somos los dos juntos
otra vez,
junto al agua”. *
Recuesta su cabeza del espaldar, cierra los ojos, no viaja sola. Trae a Oscar en el tiempo, los dos juntos. Recuerda el primero de esos diez días. Al cruzar la puerta de la aduana temió que sus nervios la traicionaran. Sus ojos lo buscaron entre la gente. Ya él la había divisado. Se acercó sonreído, Lucía temblaba. Él le puso otro abrigo sobre los hombros, sabía que no estaba acostumbrada al frío. ¿Era el clima lo que te estremecía, caribeña? La abrazó con fuerza, y al cruzarse sus miradas, percibió seguridad y ternura sin necesidad de palabras.

“Hablamos un lenguaje de jeroglíficos
y me vas descifrando sin más instrumentos
que la ternura lenta de tus manos,
desenredándome sin esfuerzo,
alisándome como una sábana recién planchada,
mientras yo te voy dando mi universo;
todos los meteoritos y las lunas
que han venido gravitando en la órbita de mis sueños,
mis dedos llenos del deseo de tocar las estrellas
los soles que habitan en mi cuerpo”. *

Lucía toma el bolígrafo y continúa:
Hoy amo esta ciudad porque es la suya, porque bajo su cielo nos miramos, nos reconocimos, nos amamos. Unimos nuestros sueños y realidades, nuestros muchos años, nuestras fantasías, nuestras inseguridades y fracasos, nuestras luchas y experiencias, su sol y mi estrella, nuestras patrias, nuestras vidas. Porque a pesar de habernos encontrado sin buscarnos, entendimos que la espera ha terminado.

“Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza”. *
Guarda la libreta y se coloca los audífonos. Otra vez Serrat: “Tanto tiempo esperándote… fue sin querer… es caprichoso el azar.” Suspira. Volverás. Estos diez días no han sido un paréntesis, sino un empezar. Volverás... A pesar de unas lágrimas que logran escapar, sonríe. Abre su libro. Ahora sí podrá leer a Gioconda. También ella siente un país bajo su piel y en sus oídos “paraules d’amor” . Ya no tiene dudas. Es él.

“Usamos el derecho a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado compañero
y compartir el pan, el dolor y la cama”. ***

Notas:
*Todos los poemas incluidos son fragmentos de la poesía de Gioconda Belli, una de las voces femeninas más destacadas de la literatura nicaragüense y pionera de la poesía revolucionaria. El propósito del ejercicio en “La navaja de Occam” era unir nuestro estilo con el de nuestra escritora favorita. Ver entrada "Redescubriendo a Gioconda Belli" http://siluz.blogspot.com/2007/10/redescubriendo-gioconda-belli-en-uno-de.html

**Carlos Gardel, la leyenda del tango, perdió la vida en un accidente de aviación en Medellín, Colombia el 24 de junio de 1935. Roberto Clemente, destacadísimo jugador puertorriqueño del béisbol de Grandes Ligas, murió el 31 de diciembre de 1972 cuando el avión en que llevaba ayuda a las víctimas del terremoto de Managua, Nicaragua, cayó al mar a pocos minutos del despegue.

***Recordando a Oscar en sus 60.

Elsia L. Cruz Torrruellas
(Siluz)

25 de enero de 2008

Un año escribiendo en voz alta

El 25 de enero de 2007 a las 7:33 de la mañana abrí la puerta de este blog dando la bienvenida a quien quisiera leer lo que escribía en voz alta. Dos horas después publicaba “Iguazú, agua grande”, la primera entrada en ver la luz.
Ha pasado un año; 47 entradas, Más de dos mil visitantes registrados a partir de agosto. Unos firman, otros no. Unos leen, otros no. Unos buscan algo en específico, otros entran por casualidad. Unos se quedan, otros se van. Pero lo importante es que estuvieron aquí, en ocasiones desde países tan distantes como Australia o Japón. Muchas visitas de Puerto Rico, Argentina, México, Estados Unidos y España. Varios lectores fieles. Tres comentaristas que no fallan: Cabita, Xai y Claudia. Muchos amigos, alegrías y satisfacciones. Muchos recuerdos, historias, pensamientos, aficiones, vivencias compartidas.
Ese día abrí la puerta hacia un mundo nuevo. Una de esas puertas que luego se hace imposible cerrar.
Gracias a todos ustedes por acompañarme en el camino.

Siluz

14 de enero de 2008

Reflexiones del Lobo Feroz



Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como una agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,

y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente”.
Los motivos del lobo
Rubén Darío


Me miro al espejo y no lo entiendo. Tengo los ojos muy grandes, es cierto. Y una boca enorme. “Para comerte mejor” comentan que dije. Esa frase ha dañado mi reputación por los siglos de los siglos. Mi nombre se convirtió en sinónimo de peligro y maldad, quizás solo superado por el cuco y las madrastras.

¿Tengo la culpa de que aquel pastor mentiroso gritara “¡Ahí viene el lobo!” por divertirse? Hasta me acusó de haberme tragado el rebaño completo. Tremendo estómago el tuyo, Lobito. Bueno, si me tragué a los seis cabritos, a la Caperucita y a la abuela, todos enteritos, debo tenerlo. ¡Y con tan buenos dientes que poseo como para haberlos hecho trocitos!

Pago pecados ajenos, no hay duda. ¿Por qué Doña Cabra dejó solos a sus siete hijos? Además de irresponsable es una bruja sádica y vengativa. Debe ser casi maga porque tras abrirme la barriga sacó a los seis cabritos, la llenó de piedras, cosió la herida y a todo esto ni me desperté. ¡Tengo más vidas que el coyote en manos del correcaminos! Aunque en cada una me achacan errores de otros. ¿Soy yo culpable si la madre de Caperucita fue tan negligente como para enviar a una niña sola a cruzar el bosque sabiendo que merodeaba un lobo feroz? ¿Por qué no fue ella misma a cuidar de su madre enferma? ¿De quién era el deber? Y además, ¿desde cuándo no iba la Caperucita a visitar a su abuela que fue capaz de confundirla conmigo? Y ¿dónde está su sentido de caridad? Le dije que tenía hambre, hasta me detuve a charlar con ella. ¿Por qué no me ofreció uno de los pasteles que llevaba en la canasta? ¡Si mi intención fuera comérmela, lo hubiera hecho allí mismo!

Esas cosas les pasan por egoístas. ¿Por qué los tres cerditos no vivían juntos en lugar de vivir cada uno por su cuenta? ¿No creen, como nosotros, en la cooperación y el compañerismo? Yo no permitiría que mi hermano viviera en una casa de paja cuando yo tengo una de ladrillo, por muy vago que éste fuera. En lugar de soplar, debí haber tumbado las puertas de una patada. Fuiste un tonto, Lobito. No viste el humo que salía por la chimenea y por poco te hacen sopa.

Esos dos hermanos contaron puras mentiras a todos los niños, tantas que no sé como pueden dormir después de oír historias tan aterradoras. Flautistas que secuestran chiquillos, niños abandonados por sus padres a su suerte, hechizos, engaños, hermanastras envidiosas, animales maltratados, monstruos, brujas que engordan a los chicos para comérselos. Después de escuchar todo eso, ¿quién le teme al Lobo feroz? Puedo ser insensible, pero no mato por diversión. Puedo ser despiadado pero no abandono a mis crías. Puedo ser cruel pero no provoco el sufrimiento de mis iguales. Puedo ser temible pero defiendo mi manada y nos mantenemos juntos ante el peligro. Puedo ser inconsciente pero no destrozo la tierra donde vivo.
Y son estos seres, los llamados humanos, los que se atreven a cantarle a sus hijos: “La loba, la loba, vendrá por ahí... si es que este niño no quiere dormir...” No, no puedo entenderlo
.
Siluz

9 de enero de 2008

Al recibir el nuevo año

2008. Octavo año de este nuevo siglo. Año olímpico y eleccionario. Año de promesas, cambios y soluciones. Hora de salvar al planeta, de traer paz y justicia, de erradicar el hambre y la corrupción, de traer la felicidad a esta vida y no a esperarla en la próxima..
Termina un año y empieza otro, hacemos muchas resoluciones. Ya en diciembre podremos mirar atrás y ver qué cumplimos, qué logramos, en qué nos sorprendió el año, que pasó que no esperábamos, qué esperábamos que no pasó.
¡Tantos proyectos comenzados! Un Manual para maestros de teatro me reclama que lo saque del olvido. Las primeras escenas de una obra de teatro piden un desarrollo. La tercera parte de una trilogía de cuentos mitológicos ha quedado en el tintero.
¡Tantas esperanzas y sueños! Ver contentos a mis hijos y saber que toman las decisiones correctas. Que mis nietos crezcan saludables y mi tía vuelva a caminar. Una plaza para Maritza, un diploma para Noel y la visita de Juan, Ale y Mía a Puerto Rico para compartir con familiares y amigos.
¡Tantas metas personales! Salud y entusiasmo para cumplirlas. Un reencuentro de Tallerines, una actividad de Navajeros. Otra antología. Alguna mención en un certamen. Volver a hacer teatro. Regresar a Buenos Aires.

Continuar “escribiendo en voz alta” y confiar que las musas no se vayan de vacaciones, ni siquiera con el Nano.

20 de diciembre de 2007

El inventario del 2007

"Y sabe que el ayer no es sino el recuerdo del hoy
y el mañana el sueño del presente."
(Khalil Gibrán)
Gracias por visitarme, por leer lo que escribo en voz alta, por dejar un comentario. A los compañeros de taller, gracias por sus correcciones y sugerencias. Gracias a mis amigos y a mi familia porque siempre están. A mis hijos y nietos, por ser la razón de mi vida.
El 2007 pronto no será más que un recuerdo y ese futuro que hoy soñamos será nuestro presente. Que el 2008 llegue acompañado de amor, salud, éxitos y paz. Que cada día estemos más cerca de alcanzar nuestras metas y si lo logramos, que tengamos el entusiasmo para trazarnos nuevas. Vivamos, decía Gandhi, como si fuéramos a morir mañana pero aprendamos como si fuéramos a vivir para siempre.
Conocí esta canción de Chico Novarro hace mucho tiempo interpretada por los hermanos Croatto: Nelly y Tony. Hoy encuentro otra versión del cantor dominicano, Fausto Rey.
Estoy haciendo el inventario
la lista de los bienes que poseo;
es tanta mi fortuna que me asusta,
es tanta que al pensarlo siento miedo.
Estoy haciendo el inventario
la suma de las cosas que yo tengo;
es tanto mi tesoro y tan profundo
pues nadie tiene más en este mundo.
Tengo el sol, las flores y la brisa.
Tengo el mar y la luz de tu sonrisa.
Tengo el cielo infinito.
Tengo miles de estrellas.
Tengo fe pues no hay nada sin ella.
Tengo al fin la suerte de estar vivo,
de tener un hermano y un amigo,
de abrazar a mi madre,
de besar a a mi hijo,
tengo a Dios que esta tierra bendijo.
Tengo amor
¿y qué más, qué más puedo pedir?
¡Nada más!
Para todos, ¡feliz Navidad y un nuevo año grandioso!

18 de diciembre de 2007

En cien palabras

La fotografía

De pronto la recordó. Esa fotografía era la única evidencia de aquel suceso. ¿Cómo no la destruyó antes? ¿Por qué venía a su mente ahora?


—Revisa ahí. Necesitamos el número de tu tía. Hay que avisarle.


No comprendía las palabras de su esposa. Ni porqué lloraba. Intentó levantarse sin éxito. Estaba en su cama pero rodeado de máquinas, cables, relojes, oxígeno. Tampoco pudo evitar que su hijo abriera esa gaveta y rebuscara entre papeles.

¡Allí estaba aquella vergonzosa fotografía!

En los oídos le retumbaron tres palabras:
—¿Papá, cómo pudiste?

Entonces lo arropó el silencio, la oscuridad, la inmensidad, la nada.


(Este cuento surgió de una consigna de Tallerines: escribir un cuento en cien palabras. Tuvo mención en el certamen de Librería Mediática de Venezuela en abril de 2006.)

11 de diciembre de 2007

Tric Trac: treinta y cinco años después

en memoria de "Mr. Edwin" Silva Marini
En 1972, siendo yo estudiante de Drama de la Universidad de Puerto Rico, montamos la obra "Tric-trac". Nuestra profesora, Myrna Casas, invitó al autor, Isaac Chocrón, quien vino de Venezuela para ver el estreno de su obra.

Lejos estaba yo de imaginarme que treinta y cinco años después mi hijo, Noel Ernesto, dirigiría esta obra. Y mucho menos que el Sr. Chocrón vendría a verla, invitado por la Universidad del Sagrado Corazón.

Fue una noche hermosa llena de recuerdos. Estar acompañada por mis amigas eternas, Magda y Toni, quienes fuimos parte del elenco original. Sentir la emoción de Myrna desde que vio el andamio, el "personaje más alto" del grupo. Recordar cada línea, como cuando se oye una vieja canción que podemos cantar sin saber por qué ni cómo. Ver que esta obra no ha perdido vigencia ni vitalidad. Conocer a un grupo de jóvenes que estaban tan emocionados con este montaje como lo estuvimos nosotros. Sentir el aplauso de un público que disfrutó la obra y comprendían el esfuerzo de "Casa abierta" por hacer lo que querían hacer: buen teatro.

1 de diciembre de 2007

PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE LITERATURA VIRTUAL


Invitada por la compañera del taller “La belleza de la sencillez: La navaja de Occam”, Carmen Amaralis Vega, participé de varias actividades del Primer Congreso Internacional de Literatura Virtual Iceberg Nocturno 2007. El mismo se celebró en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, desde el 27 al 30 de noviembre.
Una de las mayores satisfacciones fue conocer a varias personas que como yo, disfrutan de escribir en sus páginas y blogs y compartir en foros y talleres. Digo conocer, pero como he dicho antes, no es la palabra correcta. Afirmo con seguridad que ya nos conocíamos a través de nuestros mensajes, opiniones, comentarios, pero sobretodo a través de nuestros textos. Ahora pudimos vernos en persona, olvidarnos de la pantalla y mirarnos a los ojos, hablarnos cara a cara, abrazarnos, sentirnos. Y todo en tierra boricua, entre nuestras colinas, bajo nuestro sol y cerca de nuestro mar.

Jesús Fernández, a quien llamamos "Quixano,el manchego” presentó dos de sus trabajos. Un docudrama, "CENIZAS", sobre la violencia de género y un largometraje "ARAÑANDO LAS PUERTAS DE LA NOCHE", sobre la traición y la corrupción. Ambos excelentes. Bien digidos, actuaciones sobresalientes, temas profundos.
Gina Rivera, de Ecuador, representó nuestro taller, que se caracteriza por ser un foro libre, donde se respira respeto y compañerismo. Manuel Rosa y Carmen Amaralis Vega de Puerto Rico, también navajeros, presentaron sus páginas y sus escritos.


Disfruté de la excursión que hicieron a las Cavernas de Camuy y al Observatorio de Arecibo, pero en especial de la compañía de Gina, Jesús, Carmen, Manuel, Norma, Alvaro, Ernesto quienes hicieron que mi hija y yo nos sintiéramos parte del grupo. Felicito a Carmen Amaralis, una de las organizadoras de este evento, por el éxito obtenido. Espero que el año siguiente haya un segundo congreso. Y que esta vez “Tallerines”, del que soy una de las coordinadoras, esté representado también.

No podemos negar la importancia y popularidad de los blogs y las páginas personales. No solo permiten una fácil publicación de textos sino una interrelación con los lectores. Interactúan además diferentes formas y medios: música, sonido, literatura, imágenes. Los mismos han sido elogiados y criticados, como ocurre por lo general cuando aparece alguna innovación, algo que atenta contra lo tradicional. Lo que no podemos negar es el alcance que éstos tienen. ¿Hubiera sido posible, sin los talleres y foros, que escritores de diferentes países, profesionales y aficionados, se encontraran en un congreso como éste? ¿Estaría siquiera en nuestras mentes que encontráramos lectores de países tan distantes como Australia, Japón o Hawai? Estemos de acuerdo o no, con sus pro y sus contra, sus limitaciones y maravillas, sus logros y fracasos, la literatura virtual llegó para quedarse.

Y aquí estoy, escribiendo en voz alta,
de mi isla al mundo,
conociendo gente real a través del mundo virtual
y llamándolos amigos.
Amén.

29 de noviembre de 2007

Buscando a Nora

Los mensajes en mi contestadora eran frecuentes:
“Comunícate, Nora. Mamá quiere hablarte".
“¿Estás hecha una falsa, Nora. ¿Ya no te acuerdas de los pobres?"
“Avísame si vas para la reunión del sábado".
“Te espero el viernes, Nora. No se te olvide".
Años recibiendo mensajes que nunca fueron contestados.
“Mañana te busco. Donde siempre".
“Gracias por lo de anoche, Nora. Te amo".
Lo extraño de todo esto es que yo no me llamaba Nora ni mis noches eran para ser agradecidas.
“Dile a tu hijo que mañana reparten las solicitudes de trabajo".
Entonces Nora no era tan joven como pensaba.
“Recuerda que te toca llevar el vodka”.
Las actividades eran frecuentes. Siempre la esperaban en algún lado. Fiestera la Norita...
“Nora, no has depositado lo de la sociedad".
¡Ay! Ahora también sus acreedores. Como si con los míos no bastara...
Fueron tantos los mensajes recibidos y durante tanto tiempo que terminé por acostumbrarme a ellos. Los borraba como una autómata, ya sin prestarles atención. Siempre supuse que su número tenía que ser muy parecido al mío. Jugué a ponerle un rostro, una familia, un amante, una vida. Pero nada más. Nora no pasó de ser un número equivocado.
Hasta que llegó un mensaje que me preocupó.
“Cuídate Nora. Te estoy velando...”
No suponía que Nora se hubiera muerto, así que eso de velarla me daba mala espina.
¿Cómo avisarle a Nora que se cuidara?
“Eso no se le hace a un hombre. Vas a pagarlo muy caro...”
¿Qué había hecho Nora? Y esa voz...la misma de aquella noche...
Brincaba cada vez que sonaba el teléfono esperando que fuera para ella. Que por lo menos encontrara un enlace, alguien que la procurara, alguien que la conociera, alguien que no fuera el hombre de la amenaza.
Pero todos los mensajes eran para mí, nadie volvió a preguntar por Nora.
Encontrar el número correcto era irrealizable. Podría estar meses cambiando cada número y la probabilidad de que consiguiera a Nora era mínima. Buscar su nombre en la guía telefónica. Sin apellido, imposible. Compré un identificador de llamadas.
Una noche, alrededor de la una de la mañana, sonó el teléfono. Algo me dijo que esa llamada era para Nora.
—Hola... sí, buenas noches... hola...
Solo oía una respiración jadeante al otro lado de la línea
—Te dije que te encontraría. Sé que estás en la casa.. y estás sola.
—¿Quién me habla? ¿A quién busca?
—¿Tan pronto te olvidaste de mí?
Era la misma voz. No sé si Nora lo había olvidado pero yo no. Me asusté tanto que colgué. No debí hacerlo pues aun no sabía el número de Nora y el de quién llamaba aparecía bloqueado. Sonó el teléfono otra vez.
—He dado con tu escondite. Pensaste que no te hallaría. Mira por tu ventana.
Miré. Por un momento, olvidé que yo no era Nora ni conocía a ese hombre . Pero allí , a lo lejos, estaba. Podría jurar que era él, el hombre de la voz, el hombre que buscaba a Nora.
Llamé a la policía, a emergencias, a la guardia municipal, a los bomberos, a cuánto teléfono me acordé que daban para estos casos. Todos me dijeron que cerrara bien la casa, que esperara por ellos, que vendrían a ayudarme. Tengo la idea que no me creyeron pues nadie vino. Total, ¿que podía decir, que una voz buscaba a Nora pero yo no era Nora? ¿Qué no tenía idea de quienes eran, ni él ni ella? Lo mínimo que me iban a decir era loca.
Mejor así porque el hombre se fue al poco rato con la vecinita del frente. No me esperaba a mí, sino a ella. Olvidé que era su costumbre de recogerla los sábados cuando salían a bailar. No era él. Esta persecución me hacía perder el sentido común y la lógica.
Al otro día escucho en las noticias por radio:
“Una mujer de cuarenta y siete años fue asesinada ayer por su novio quien luego se suicidó. Edgardo Sepúlveda, de cincuenta años, mató anoche a Nora Quintero, en la casa donde vivía la hoy occisa con su hijo. Aunque el joven dice que nadie llamó a su casa esa noche, Sepúlveda aún tenía en su poder un celular con el que se presume trató de comunicarse con la víctima. En el teléfono del asesino estaban registradas tres llamadas hechas poco antes de lo ocurrido que serán parte de la investigación.”
Sentí tambalearse mi mundo. Tres llamadas. Recordaba haber respondido a dos. ¿Habría entrado otra después de acostarme? Miré la máquina contestadora. Parpadeaba. Un mensaje recibido. Temblando apreté el botón.
“Te daré paz, Norita. No voy a molestarte nunca más".
Ya nada podía hacerse. Lloré. Aunque no lo creas, Nora, voy a extrañarte.
Sonó el teléfono. No me animo a responder.
—Por favor, deje su mensaje después del tono.
—Nora, soy yo. ¿Nos vemos mañana?

Elsia Luz Cruz Torruellas
(Siluz)


24 de noviembre de 2007

Eterno verano


—No te apartes mucho.
—Hasta las boyas nada más.

A pesar de las protestas de mi madre, siempre me distanciaba un poco más. La atracción de ese mar abierto, la inmensidad del horizonte, el golpear de las olas contra la roca enorme, el azul diáfano del infinito, todo era una llamada irresistible. Me llenaba de una paz embriagante al mirar desde lo lejos a la gente en la playa , alejada de todo y de todos, flotando en esas aguas claras y cálidas. Sentía ser astronauta en el espacio, mirando a mi planeta a distancia, siendo parte del todo pero observándolo imperturbable y ajena.

Cada verano el balneario se llena de gente. El sol quema las pieles blancas de turistas extranjeros mientras los visitantes del interior y los jubilados buscan la sombra que los almendros y las palmas de coco ofrecen. Sobre la arena, los estudiantes de vacaciones durante los meses de junio y julio, forman equipos de volibol playero; los niños hacen castillos o entierran sus cuerpos hasta el cuello y las parejas de adolescentes van dejando sus huellas o escribiendo sus nombres. Hoy, también yo, observo el ir y venir de las olas desde la orilla y escucho su murmullo suave y rítmico.

Tenemos la bendición de poder gozar de la playa el año entero. Aún en “invierno”, cuando las aguas están un poco más frías, disfrutamos de ella como en cualquier otra época. Cuando era niña, los viejos nos advertían que en diciembre cambiaba el viento y llegaban las aguavivas* a la ribera. Decían que si se pegaba una a la piel, producía un terrible ardor y que había que estar muy pendiente, pues eran casi transparentes y pasaban inadvertidas. Pero nunca me encontré una, así que lo tomé como un mito que mi madre repetía, para tratar de asustarme un poco. Para mí, como para mis hermanos y mis primos, no había nada más allá de nuestro océano, ni más estación que el eterno verano.

Nadé desde niña, por lo que me sentía tan segura en el mar como en tierra. Quizás por eso, me atrevía a lanzarme, sin ningún temor, desde la inmensa peña que divide nuestra playa en dos. De un lado, las olas se alzan violentas, iracundas; del otro, descansan pasivas, mansas. ¡Quién dice que son las mismas aguas! Ese caer sobre ellas, es lo más parecido a volar. ¡Una sensación indescriptible!

Aquel día caminaba con mi hermanito por la roca. Iba a enseñarle como tirarse al mar desde su cima, al igual que un día me enseñó mi hermano mayor. Tenía que saber exactamente el momento en que las olas se lo permitirían, y el punto exacto donde debía caer. Pero ese día el viento sopló más de lo acostumbrado, y luego cambió su rumbo. Al momento de lanzarme, percibí algo distinto en el ambiente. “No estamos en verano” pensé. Recordé las aguavivas , sentí nuevamente el golpe de aire, el batir de las olas y dudé. Ese instante de indecisión me hizo dar un paso en falso, y caí. Fue el último paso que di.

Hoy empieza oficialmente un nuevo verano. Allá, al frente, el océano. Aún no me acostumbro a contemplarlo desde este ángulo. Siento que voy a contramano. Lo miro desafíante desde mi silla de ruedas. Sigue ejerciendo un poder cautivador sobre mí. Pero esta vez me devuelve la mirada.

—Sigo aquí. Estoy viva —le grito victoriosa.
— Y tu hermanito también —le escucho responder.

Hoy el mar y yo hicimos las paces.

Elsia Cruz Torruellas
(Siluz)
Escrito para un ejercicio de "Tallerines" en Oct. 05


*aguaviva: La fragata portuguesa o aguaviva, es una especie colonial que vive flotando en la superficie del mar gracias al gran flotador que posee (pneumatóforo), que está lleno de gas, y que puede alcanzar los 30 cm de largo por 10 cm de ancho. Su picadura es muy dolorosa e, incluso, peligrosa para personas débiles o niños. El contacto con sus tentáculos provoca quemaduras en la piel. En determinadas personas sensibles puede llegar a provocar un shock anafiláctico y causar la muerte por paro cardíaco o ahogamiento.

5 de noviembre de 2007

Su mejor homilía

Las monótonas pisadas del cura al ascender al púlpito hicieron crujir los peldaños de madera. Como todos los domingos se aclaró la voz, pero se le olvidó el tema de la homilía al ver entre los feligreses a aquella mujer que había entrado a su confesionario la noche antes. Sentía su mirada fija en él, aquellos ojos negros lo atravesaban como la espada al santo cerca del altar. Recordó las palabras pronunciadas:

—Padre, estoy embarazada.

No hubo reproches ni exigencias. Ni siquiera sorpresa. Quiso disimular pero ella notó su espanto. Sí que estaba aterrado. Su reputación, su carrera, todo por lo que había vivido hasta ahora se iba abajo.

—Déjeme. Yo sigo sola.

Tiempo después me contó que esas frases lo persiguieron toda la noche, que fueron cruciales pues lo obligaban a todo lo contrario. Era necesario enfrentar lo ocurrido. Por dignidad, por principios, por pura decencia. Si antes obró por los impulsos de la pasión, ahora tenía que hacer lo que le dictaba la conciencia. Es así que lo recuerdo: un hombre íntegro, honesto, dispuesto a afrontar las consecuencias de sus actos, a reconocer que no era infalible y sí responsable de sus errores.

Ya en el púlpito miró a todos los pares de ojos que lo observaban con curiosidad. Debió haber palidecido pues el monaguillo se le acercó:

—Padre, ¿se siente usted bien?

Padre. Aquel nombre por el que todos lo llamaban pareció retumbar entre las paredes del templo. Padre...Padre...Si alguien tenía derecho a llamarlo así era el niño que ella llevaba en su vientre. Ése que estaba considerando no traer al mundo.

—Haré lo que usted me diga. No quiero perjudicarlo.

Amigos, no la culpo. Entiendo que estaba asustada, eran otros tiempos. El amor y la admiración por él la obligaban a querer protegerlo. Fue él quien decidió.

— A veces nos dejamos llevar por los instintos. No somos de piedra y el amor nos puede llevar a ser impulsivos. También a recapacitar. Se dice en Corintios que “El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. El amor nunca pasará”.* Por eso, por lo que creo y por lo que espero, en nombre de la Verdad y del Amor, doy paso a la Vida.

Dicho esto, bajó del púlpito y fue hacia el último banco desde donde ella lo contemplaba atónita. Ante la sorpresa de todos salieron abrazados, dejando atrás un torrente de murmuraciones y habladurías. La Iglesia no le perdonó su afrenta, nunca volvió a oficiar una Misa, lo llamaron indigno y traidor. Para mí, no obstante, fue el más valiente de los hombres. Hoy que marcha a encontrarse con el Dios en el que nunca dejó de creer y con mi amada madre, quien se le adelantó en el camino, le agradezco ser quien soy.

Padre, hoy, ante tu féretro, recuerdo aquellos sucesos, porque sin lugar a dudas ese día diste tu mejor homilía. Gracias, papá.

Elsia L. Cruz Torruellas
(Siluz)

* (1Cor. 13:4-8)

30 de octubre de 2007

Reencuentros en Facebook

Hay personas que calan hondo en nuestras vidas, que por un motivo u otro nunca olvidamos. Hay rostros que podemos reconocer aunque hayan cambiado con el paso de los años . Hay amigos a los que no vemos en mucho tiempo pero que al volverlos a encontrar, es como si los hubieras visto ayer.

En Internet hay millones de formas de hacer nuevos amigos, de “conocer” gente de diferentes países del mundo, de todas las creencias y de diversas edades. Entre esos medios, he encontrado una herramienta ideal y efectiva, no para hacer nuevos amigos (¡lo que es fabuloso!) sino para reencontrar aquellos que un día fueron significativos en mi vida. O yo en la de ellos. Me refiero a excompañeros de escuela, excompañeros de trabajo, ex vecinos, ex estudiantes...a tantos ex que se van acumulando a lo largo de los años.

Cuando llega ese temido y esperado día en que nos alejamos de nuestra escuela superior, de los compañeros con los que hemos compartido tantos años y experiencias, juramos que nunca nos alejaremos. “Te recordaré siempre”, “no te olvidaré”, son frases escritas en los dorsos de las fotos que repartimos. Y luego, sin poder evitarlo, cada uno escoge su sendero, y los caminos que corrían paralelos, se van por diferentes rumbos y se pierden en el tiempo y el espacio.

Llega nueva gente a nuestra vida, estudiantes universitarios, compañeros de hospedaje, compañeros de trabajo. Crece la familia, nos emparejamos, nos convertimos en padres, tíos, cuñados, suegros, abuelos. Conocemos clientes, pacientes, alumnos, colegas, jefes, subalternos. Nuestros círculos se amplían , se mezclan, se disuelven o desaparecen.

Se ha dicho mucho sobre facebook. Ha sido juzgado antes y después de ser analizado, por gente que lo usa y por gente que no lo conoce, por personas que desconfían y otros que les dedican horas. Como todo, tiene su lado bueno y su lado malo. Puede ser una herramienta útil o un arma de doble filo. Puede ser un instrumento social o una invasión a la privacidad. Aún así, a Facebook le debo haberme reencontrado con compañeros de escuela de los que no sabía desde que nos graduamos en el 1970. Me he comunicado con alumnos a los que le di clase a lo largo de treinta años en la Escuela superior de Vega Baja. He tenido noticias de muchos de ellos, cosa que no creo hubiera sucedido de otra manera. Algunos están fuera de Puerto Rico, otros en diversos puntos de la isla, algunos no recuerdo sus nombres pero sí sus caras. Compartir fotos de aquella época nos ayuda a recordar. Y como sabemos, recordar es revivir. Me entristece enterarme de sucesos desagradables o del fallecimiento de alguno, pero ¡qué lindo ver a la mayoría convertidos en padres y adultos responsables! ¡Cuánto orgullo siento al saber qué no me han olvidado!


Hacer un nuevo amigo es una maravilla. Recuperar a un viejo amigo es un milagro.

Teatreros de la Lino: http://www.facebook.com/group.php?gid=21228997176