29 de febrero de 2008

JUAN SALVADOR GAVIOTA

"Gaviota, gaviota, vals del equilibrio,
cadencia increíble, llamada en el hombro.
Gaviota, gaviota, blancura de lirio,
aire y bailarina, gaviota de asombro".
Silvio Rodríguez
Juan Salvador Gaviota
de Richard Bach
(Fragmento)

Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos. Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue mas que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro.. más... Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó. Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor. Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera. La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.

Juan Salvador, tengo tanto que aprender. Juan Salvador, enséñame a no rendirme, a tratar siempre; a cuando falle , volver a intentarlo, sin verguenza, sin desánimo. Yo también quiero alzar vuelo, contigo cruzar el firmamento y nunca detenerme. Como tú quiero amar quién quiero ser y lograr lo que quiero hacer. Siempre seguir "un centímetro más". Juan Salvador, no me dejes, ¡espérame!

Siluz

fotos en La Guancha (PR) y Lago Nahuel Huapi (Arg)

20 de febrero de 2008

Eclipse lunar

" La luna está desnuda, sin enigma,
y se tumba en las aguas, como un faquir.
Desde la estrella el mito aplaude, aplaude".
Luis Álvarez Piner

a mi hija, gracias por aplaudir conmigo...

Diferentes horas pero la misma. Pensamientos de amigos en diferentes partes del planeta se entrelazan. Todos observan el cielo al unísono. Es un espectáculo que nos brinda la Naturaleza. Una luna hermosa que de tantas miradas, se sonroja.

“Esa luna, esa luna...”*

Desde la ventana de su celda, una mujer observa. Con ella vuela su mente a su barrio. Imagina a los hijos en el patio del que fue hasta hace poco su hogar. Le parece escuchar a la abuela contándoles historias mientras ellos la miran embelesados.

“La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando”.*

A las once de la noche los ojos de un joven boricua intenta acortar la distancia. A la misma vez y en algún punto de ese inmenso cielo estrellado se cruza su mirada con la de la esposa quien espera que dé la una en el reloj porteño.

“En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño”. *

Como musa traviesa, revolotea entre los pinceles del artista, se cuela en la pluma de algún escritor, acompaña a estudiantes teatreros en noches de bohemia, susurra una melodía al compositor y unos versos al poeta.

“Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.
Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura. **


En el bosque, un toro abandona la “maná”, enamorado como nunca. A lo lejos, aúllan los lobos. Los coquíes cantan enloquecidos. Los microorganismos en la laguna resplandecen. El firmamento se oscurece para esperar el regreso de la diosa hechicera.

Entre árboles y trincheras, guerrilleros escondidos, ven signos redentores. Más escondidos aún, rehenes vislumbran señales de esperanza.
Es noche de magia, de ideales, de euforia y utopía.
Hoy hay eclipse.


Siluz Poemas: * Federico García Lorca y ** Jorge Luis Borges

14 de febrero de 2008

A mis amigos

A mis amigos les adeudo la ternura
y las palabras de aliento y el abrazo;
el compartir con todos ellos la factura
que nos presenta la vida, paso a paso.
A mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme las espinas más agudas;
los arrebatos de humor, la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas.
Un barco frágil de papel,
parece a veces la amistad
pero jamás puede con él
la más violenta tempestad
porque ese barco de papel,
tiene aferrado a su timón
por capitán y timonel:
un corazón.
A mis amigos les adeudo algún enfado que perturbara sin querer nuestra armonía;
sabemos todos que no puede ser pecado el discutir, alguna vez, por tonterías.
A mis amigos legaré cuando me muera mi devoción en un acorde de guitarra
y entre los versos olvidados de un poema, mi pobre alma incorregible de cigarra.

Un barco frágil de papel, parece a veces la amistad
pero jamás puede con él la más violenta tempestad
porque ese barco de papel, tiene aferrado a su timón
por capitán y timonel: un corazón.

Amigo mío si esta copla como el viento,
adonde quieras escucharla te reclama,
serás plural, porque lo exige el sentimiento
cuando se lleva a los amigos en el alma.

Letra y música: Alberto Cortez

31 de enero de 2008

Diez días en tierra lejana

"Va quedando lejano
el mundo que existía antes de conocertey va naciendo un nido de palabras y besos,un nido tembloroso de miedo y esperanzadonde a veces me siento retozando entre trinos,y otras veces me asusto,abro los ojos y me quedo quietapensando en este panal de mielque estamos explorando,como un hermoso, hipnotizante laberinto,donde no hay piedritas blancas,ni mágicos hilosque nos enseñen el camino de regreso".Gioconda Belli

Noche tras noche, cuando su reloj daba las veintidós. Sitio de reunión: la sala de chateo. Los seudónimos presentes en la lista de usuarios honraban años de amistad virtual. Allí la charla era amena y la música a su gusto. En ese breve espacio, coincidieron.


“El tiempo nos lanzó de lado a lado

trazos redondos surcando paralelos espacios
coincidimos desafiando las leyes deletreadas
infringiendo barreras quebrantadas al tacto”.*
A él le llamaron la atención sus pocas pero acertadas palabras y a ella la afinidad en gustos. Mientras, sin ellos saberlo, Gioconda se confabulaba con Joan Manuel. La conversación giraba entre poemas y canciones, vivencias paralelas, pensamientos . Luego, tras Oscar descubrir que ella amaba a Serrat casi tanto como él, dejó volar una canción para Lucía, se proclamó “sinceramente tuyo” y le afirmó: “no hago otra cosa que pensar en ti”.

Con el tiempo fueron abandonando la sala y hablaban más en privado. Y de la música pasaron a la poesía, de la poesía a la política, de la política a las luchas, de las luchas a las ideas. Para su sorpresa tenían puntos de vista similares.

“Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario”. *

Ambos rondaban los sesenta. Sabían de amores y fracasos. Como también que a través de la pantalla afloraba un sentimiento al que no querían aún darle nombre. Necesitaban acompañar sus soledades, acortar la distancia, hacer presente la ausencia .

“…te siento levantarte
desde el aire llenarme
pero estoy sola, amor,
y este estarte viendo
sin que estés,
me hace sentirme a veces
como una leona herida,
me retuerzo,
doy vueltas
te busco
y no estás
y estás allí
tan cerca”. *

Y se dio el viaje. Más de treinta años sin subir a un avión. Estaba aterrada. ¿Por qué era de tierra tan lejana? Gracioso que te preguntes eso, Lucía. Si no fuera así , ni siquiera le hubieras hablado. Sin embargo, otras cosas la asustaban más aún: que al verse todo cambiara, se desilusionara uno del otro, no pudieran mantener una conversación normal o ni siquiera se gustaran. No estaba en edad para aventuras; si no las había buscado en su juventud, menos le interesaban ahora. Pero ¿y si es él?. La vida te ofrece una nueva oportunidad. Escribir un epílogo para ese capítulo de tu vida que ya creías cerrado. Sus pasos la dirigieron a la agencia de viajes, y se vio con un pasaje en las manos. Saldría de su isla caribeña en pleno verano para ir a conocer el invierno del otro hemisferio.

“Todo dejé atrás.
No oí lamentos, ni recomendaciones
porque en todo el Universo de mi ceguera
solo vos brillabas
recortado sol en la oscuridad”.*
21 de julio de 2003

Mis nervios me traicionan. Tras una parada en el aeropuerto de Panamá, voy rumbo al de Ezeiza en Buenos Aires. En el avión, pero en primera clase, va Luis Rafael Sánchez, un reconocido escritor de mi país. El miedo me hace pensar lo terrible que puede ser viajar con famosos. ¿Quién se acuerda de los que murieron con Gardel o con Clemente**? Trato de acallar esos pensamientos tétricos. Intento leer. Para hacer más llevaderas las once horas de viaje llevo la novela “El país bajo mi piel” de mi escritora favorita: Gioconda Belli. Leo el epígrafe en la introducción: “La verdadera felicidad no consiste en tener todo cuanto se desea, sino en desear cosas que no se tienen y en luchar por conseguirlas.” De acuerdo. Hacia eso vas. Cálmate.

Sigo leyendo: “Julio Verne y mi abuelo Pancho –que me proveía de libros- fueron los responsables de que desarrollara una imaginación sin trabas y llegara a creer que las realidades imaginarias podían hacerse realidad”. Mi mente empieza a dar tumbos. Todavía me pregunto qué hago yo aquí, qué busco. Sabes la respuesta y te da miedo descubrirla. Has estado muy sola, a pesar de tus tres hijos, a pesar de tu profesión, a pesar de tu estabilidad. Se me llena el corazón de dudas y trato de no aferrarme a ellas. Miro por la ventanilla. Ya no veo nada abajo, ni tierra, ni mar. Volamos sobre las nubes. ¿Qué haces aquí? Deberías estar en casa, en tu calor, con tus pies firmes en tu suelo. Si Dios hubiera querido que volaras, te hubiera dado alas. Procuro convencerme y me repito: Voy en busca de mi realidad imaginaria, de un amor virtual que apareció sin buscarlo.

—Señoras y señores, el capitán ha comenzado su descenso hacia la ciudad de Buenos Aires. La hora local: 20:10.

Guardé el libro. No había pasado de la introducción. Saqué el bolso de maquillaje para retocarme un poco. Cierro los ojos. Suspiro. Y sin pensarlo más, descendí la escalinata del avión con el alma entre las manos y el corazón queriendo salírseme del pecho.

30 de julio de 2003

—…anuncia la salida de su vuelo con destino a San Juan de Puerto Rico. Pasajeros pueden abordar por la salida número 22.

A la una en punto de la tarde comienza a moverse el avión sobre la pista. No te olvides atrasar tu reloj. De regreso a casa; a mi sol, a mi mar, a mis hijos y nietos. Con mi maleta llena de recuerdos. Pero los que más atesoras son los que llevas en tu corazón. Abro la cortina de la ventanilla, doy una última mirada a la ciudad, tomo mi libretita de apuntes y escribo:

Vine a encontrarme con un amor, hoy me voy con dos:
Oscar y su ciudad de aires buenos.
¡Cómo me emocionó ver el Obelisco y encontrarlo desde cada calle del centro! Contemplarlo era la prueba de que llegué, de que estaba aquí, de que no era un sueño.
Fue una delicia pasear abrazados como adolescentes por San Telmo, Recoleta, Puerto Madero, los Bosques de Palermo y la Plaza de Mayo.
Disfruté comerme un choripán
en la Costanera, saborear las facturas (aunque esa palabra me acordara de mis cuentas), los alfajores, el dulce de leche y probar el mate. Que divertido fue tratar de cruzar la 9 de julio sin que cambiara el semáforo u oírlo discutir si River era mejor equipo que Boca, como si de eso dependiera que el mundo continuara girando. Me enamoró el río La Plata, ese mar dulce que llegué a confundir con mi océano por su inmensidad.
Me pareció curioso como Oscar pide todo con un "¿puede ser?" y no deja de decir "no, por favor" cuando le das las gracias, como puede “tener fiaca” pero no desgano, pensar que un “revolú” es un “quilombo” y terminar cada parlamento con un “Mira vos” o un ‘¿comprendés?” Todo dicho con ese acento porteño que me derrite y la seguridad y picardía de que lo sabe. “Tal cual”. Oscar…ay, Oscar...¿dónde estarás ahora?

“Sola yo, amor,y vos quién sabe dónde;

tu recuerdo me mece como al maíz el viento
y te traigo en el tiempo,recorro los caminos,
me río a carcajadas
y somos los dos juntos
otra vez,
junto al agua”. *
Recuesta su cabeza del espaldar, cierra los ojos, no viaja sola. Trae a Oscar en el tiempo, los dos juntos. Recuerda el primero de esos diez días. Al cruzar la puerta de la aduana temió que sus nervios la traicionaran. Sus ojos lo buscaron entre la gente. Ya él la había divisado. Se acercó sonreído, Lucía temblaba. Él le puso otro abrigo sobre los hombros, sabía que no estaba acostumbrada al frío. ¿Era el clima lo que te estremecía, caribeña? La abrazó con fuerza, y al cruzarse sus miradas, percibió seguridad y ternura sin necesidad de palabras.

“Hablamos un lenguaje de jeroglíficos
y me vas descifrando sin más instrumentos
que la ternura lenta de tus manos,
desenredándome sin esfuerzo,
alisándome como una sábana recién planchada,
mientras yo te voy dando mi universo;
todos los meteoritos y las lunas
que han venido gravitando en la órbita de mis sueños,
mis dedos llenos del deseo de tocar las estrellas
los soles que habitan en mi cuerpo”. *

Lucía toma el bolígrafo y continúa:
Hoy amo esta ciudad porque es la suya, porque bajo su cielo nos miramos, nos reconocimos, nos amamos. Unimos nuestros sueños y realidades, nuestros muchos años, nuestras fantasías, nuestras inseguridades y fracasos, nuestras luchas y experiencias, su sol y mi estrella, nuestras patrias, nuestras vidas. Porque a pesar de habernos encontrado sin buscarnos, entendimos que la espera ha terminado.

“Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza”. *
Guarda la libreta y se coloca los audífonos. Otra vez Serrat: “Tanto tiempo esperándote… fue sin querer… es caprichoso el azar.” Suspira. Volverás. Estos diez días no han sido un paréntesis, sino un empezar. Volverás... A pesar de unas lágrimas que logran escapar, sonríe. Abre su libro. Ahora sí podrá leer a Gioconda. También ella siente un país bajo su piel y en sus oídos “paraules d’amor” . Ya no tiene dudas. Es él.

“Usamos el derecho a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado compañero
y compartir el pan, el dolor y la cama”. ***

Notas:
*Todos los poemas incluidos son fragmentos de la poesía de Gioconda Belli, una de las voces femeninas más destacadas de la literatura nicaragüense y pionera de la poesía revolucionaria. El propósito del ejercicio en “La navaja de Occam” era unir nuestro estilo con el de nuestra escritora favorita. Ver entrada "Redescubriendo a Gioconda Belli" http://siluz.blogspot.com/2007/10/redescubriendo-gioconda-belli-en-uno-de.html

**Carlos Gardel, la leyenda del tango, perdió la vida en un accidente de aviación en Medellín, Colombia el 24 de junio de 1935. Roberto Clemente, destacadísimo jugador puertorriqueño del béisbol de Grandes Ligas, murió el 31 de diciembre de 1972 cuando el avión en que llevaba ayuda a las víctimas del terremoto de Managua, Nicaragua, cayó al mar a pocos minutos del despegue.

***Recordando a Oscar en sus 60.

Elsia L. Cruz Torrruellas
(Siluz)

25 de enero de 2008

Un año escribiendo en voz alta

El 25 de enero de 2007 a las 7:33 de la mañana abrí la puerta de este blog dando la bienvenida a quien quisiera leer lo que escribía en voz alta. Dos horas después publicaba “Iguazú, agua grande”, la primera entrada en ver la luz.
Ha pasado un año; 47 entradas, Más de dos mil visitantes registrados a partir de agosto. Unos firman, otros no. Unos leen, otros no. Unos buscan algo en específico, otros entran por casualidad. Unos se quedan, otros se van. Pero lo importante es que estuvieron aquí, en ocasiones desde países tan distantes como Australia o Japón. Muchas visitas de Puerto Rico, Argentina, México, Estados Unidos y España. Varios lectores fieles. Tres comentaristas que no fallan: Cabita, Xai y Claudia. Muchos amigos, alegrías y satisfacciones. Muchos recuerdos, historias, pensamientos, aficiones, vivencias compartidas.
Ese día abrí la puerta hacia un mundo nuevo. Una de esas puertas que luego se hace imposible cerrar.
Gracias a todos ustedes por acompañarme en el camino.

Siluz

14 de enero de 2008

Reflexiones del Lobo Feroz



Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como una agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,

y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente”.
Los motivos del lobo
Rubén Darío


Me miro al espejo y no lo entiendo. Tengo los ojos muy grandes, es cierto. Y una boca enorme. “Para comerte mejor” comentan que dije. Esa frase ha dañado mi reputación por los siglos de los siglos. Mi nombre se convirtió en sinónimo de peligro y maldad, quizás solo superado por el cuco y las madrastras.

¿Tengo la culpa de que aquel pastor mentiroso gritara “¡Ahí viene el lobo!” por divertirse? Hasta me acusó de haberme tragado el rebaño completo. Tremendo estómago el tuyo, Lobito. Bueno, si me tragué a los seis cabritos, a la Caperucita y a la abuela, todos enteritos, debo tenerlo. ¡Y con tan buenos dientes que poseo como para haberlos hecho trocitos!

Pago pecados ajenos, no hay duda. ¿Por qué Doña Cabra dejó solos a sus siete hijos? Además de irresponsable es una bruja sádica y vengativa. Debe ser casi maga porque tras abrirme la barriga sacó a los seis cabritos, la llenó de piedras, cosió la herida y a todo esto ni me desperté. ¡Tengo más vidas que el coyote en manos del correcaminos! Aunque en cada una me achacan errores de otros. ¿Soy yo culpable si la madre de Caperucita fue tan negligente como para enviar a una niña sola a cruzar el bosque sabiendo que merodeaba un lobo feroz? ¿Por qué no fue ella misma a cuidar de su madre enferma? ¿De quién era el deber? Y además, ¿desde cuándo no iba la Caperucita a visitar a su abuela que fue capaz de confundirla conmigo? Y ¿dónde está su sentido de caridad? Le dije que tenía hambre, hasta me detuve a charlar con ella. ¿Por qué no me ofreció uno de los pasteles que llevaba en la canasta? ¡Si mi intención fuera comérmela, lo hubiera hecho allí mismo!

Esas cosas les pasan por egoístas. ¿Por qué los tres cerditos no vivían juntos en lugar de vivir cada uno por su cuenta? ¿No creen, como nosotros, en la cooperación y el compañerismo? Yo no permitiría que mi hermano viviera en una casa de paja cuando yo tengo una de ladrillo, por muy vago que éste fuera. En lugar de soplar, debí haber tumbado las puertas de una patada. Fuiste un tonto, Lobito. No viste el humo que salía por la chimenea y por poco te hacen sopa.

Esos dos hermanos contaron puras mentiras a todos los niños, tantas que no sé como pueden dormir después de oír historias tan aterradoras. Flautistas que secuestran chiquillos, niños abandonados por sus padres a su suerte, hechizos, engaños, hermanastras envidiosas, animales maltratados, monstruos, brujas que engordan a los chicos para comérselos. Después de escuchar todo eso, ¿quién le teme al Lobo feroz? Puedo ser insensible, pero no mato por diversión. Puedo ser despiadado pero no abandono a mis crías. Puedo ser cruel pero no provoco el sufrimiento de mis iguales. Puedo ser temible pero defiendo mi manada y nos mantenemos juntos ante el peligro. Puedo ser inconsciente pero no destrozo la tierra donde vivo.
Y son estos seres, los llamados humanos, los que se atreven a cantarle a sus hijos: “La loba, la loba, vendrá por ahí... si es que este niño no quiere dormir...” No, no puedo entenderlo
.
Siluz

9 de enero de 2008

Al recibir el nuevo año

2008. Octavo año de este nuevo siglo. Año olímpico y eleccionario. Año de promesas, cambios y soluciones. Hora de salvar al planeta, de traer paz y justicia, de erradicar el hambre y la corrupción, de traer la felicidad a esta vida y no a esperarla en la próxima..
Termina un año y empieza otro, hacemos muchas resoluciones. Ya en diciembre podremos mirar atrás y ver qué cumplimos, qué logramos, en qué nos sorprendió el año, que pasó que no esperábamos, qué esperábamos que no pasó.
¡Tantos proyectos comenzados! Un Manual para maestros de teatro me reclama que lo saque del olvido. Las primeras escenas de una obra de teatro piden un desarrollo. La tercera parte de una trilogía de cuentos mitológicos ha quedado en el tintero.
¡Tantas esperanzas y sueños! Ver contentos a mis hijos y saber que toman las decisiones correctas. Que mis nietos crezcan saludables y mi tía vuelva a caminar. Una plaza para Maritza, un diploma para Noel y la visita de Juan, Ale y Mía a Puerto Rico para compartir con familiares y amigos.
¡Tantas metas personales! Salud y entusiasmo para cumplirlas. Un reencuentro de Tallerines, una actividad de Navajeros. Otra antología. Alguna mención en un certamen. Volver a hacer teatro. Regresar a Buenos Aires.

Continuar “escribiendo en voz alta” y confiar que las musas no se vayan de vacaciones, ni siquiera con el Nano.

20 de diciembre de 2007

El inventario del 2007

"Y sabe que el ayer no es sino el recuerdo del hoy
y el mañana el sueño del presente."
(Khalil Gibrán)
Gracias por visitarme, por leer lo que escribo en voz alta, por dejar un comentario. A los compañeros de taller, gracias por sus correcciones y sugerencias. Gracias a mis amigos y a mi familia porque siempre están. A mis hijos y nietos, por ser la razón de mi vida.
El 2007 pronto no será más que un recuerdo y ese futuro que hoy soñamos será nuestro presente. Que el 2008 llegue acompañado de amor, salud, éxitos y paz. Que cada día estemos más cerca de alcanzar nuestras metas y si lo logramos, que tengamos el entusiasmo para trazarnos nuevas. Vivamos, decía Gandhi, como si fuéramos a morir mañana pero aprendamos como si fuéramos a vivir para siempre.
Conocí esta canción de Chico Novarro hace mucho tiempo interpretada por los hermanos Croatto: Nelly y Tony. Hoy encuentro otra versión del cantor dominicano, Fausto Rey.
Estoy haciendo el inventario
la lista de los bienes que poseo;
es tanta mi fortuna que me asusta,
es tanta que al pensarlo siento miedo.
Estoy haciendo el inventario
la suma de las cosas que yo tengo;
es tanto mi tesoro y tan profundo
pues nadie tiene más en este mundo.
Tengo el sol, las flores y la brisa.
Tengo el mar y la luz de tu sonrisa.
Tengo el cielo infinito.
Tengo miles de estrellas.
Tengo fe pues no hay nada sin ella.
Tengo al fin la suerte de estar vivo,
de tener un hermano y un amigo,
de abrazar a mi madre,
de besar a a mi hijo,
tengo a Dios que esta tierra bendijo.
Tengo amor
¿y qué más, qué más puedo pedir?
¡Nada más!
Para todos, ¡feliz Navidad y un nuevo año grandioso!

18 de diciembre de 2007

En cien palabras

La fotografía

De pronto la recordó. Esa fotografía era la única evidencia de aquel suceso. ¿Cómo no la destruyó antes? ¿Por qué venía a su mente ahora?


—Revisa ahí. Necesitamos el número de tu tía. Hay que avisarle.


No comprendía las palabras de su esposa. Ni porqué lloraba. Intentó levantarse sin éxito. Estaba en su cama pero rodeado de máquinas, cables, relojes, oxígeno. Tampoco pudo evitar que su hijo abriera esa gaveta y rebuscara entre papeles.

¡Allí estaba aquella vergonzosa fotografía!

En los oídos le retumbaron tres palabras:
—¿Papá, cómo pudiste?

Entonces lo arropó el silencio, la oscuridad, la inmensidad, la nada.


(Este cuento surgió de una consigna de Tallerines: escribir un cuento en cien palabras. Tuvo mención en el certamen de Librería Mediática de Venezuela en abril de 2006.)

11 de diciembre de 2007

Tric Trac: treinta y cinco años después

en memoria de "Mr. Edwin" Silva Marini
En 1972, siendo yo estudiante de Drama de la Universidad de Puerto Rico, montamos la obra "Tric-trac". Nuestra profesora, Myrna Casas, invitó al autor, Isaac Chocrón, quien vino de Venezuela para ver el estreno de su obra.

Lejos estaba yo de imaginarme que treinta y cinco años después mi hijo, Noel Ernesto, dirigiría esta obra. Y mucho menos que el Sr. Chocrón vendría a verla, invitado por la Universidad del Sagrado Corazón.

Fue una noche hermosa llena de recuerdos. Estar acompañada por mis amigas eternas, Magda y Toni, quienes fuimos parte del elenco original. Sentir la emoción de Myrna desde que vio el andamio, el "personaje más alto" del grupo. Recordar cada línea, como cuando se oye una vieja canción que podemos cantar sin saber por qué ni cómo. Ver que esta obra no ha perdido vigencia ni vitalidad. Conocer a un grupo de jóvenes que estaban tan emocionados con este montaje como lo estuvimos nosotros. Sentir el aplauso de un público que disfrutó la obra y comprendían el esfuerzo de "Casa abierta" por hacer lo que querían hacer: buen teatro.

1 de diciembre de 2007

PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE LITERATURA VIRTUAL


Invitada por la compañera del taller “La belleza de la sencillez: La navaja de Occam”, Carmen Amaralis Vega, participé de varias actividades del Primer Congreso Internacional de Literatura Virtual Iceberg Nocturno 2007. El mismo se celebró en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, desde el 27 al 30 de noviembre.
Una de las mayores satisfacciones fue conocer a varias personas que como yo, disfrutan de escribir en sus páginas y blogs y compartir en foros y talleres. Digo conocer, pero como he dicho antes, no es la palabra correcta. Afirmo con seguridad que ya nos conocíamos a través de nuestros mensajes, opiniones, comentarios, pero sobretodo a través de nuestros textos. Ahora pudimos vernos en persona, olvidarnos de la pantalla y mirarnos a los ojos, hablarnos cara a cara, abrazarnos, sentirnos. Y todo en tierra boricua, entre nuestras colinas, bajo nuestro sol y cerca de nuestro mar.

Jesús Fernández, a quien llamamos "Quixano,el manchego” presentó dos de sus trabajos. Un docudrama, "CENIZAS", sobre la violencia de género y un largometraje "ARAÑANDO LAS PUERTAS DE LA NOCHE", sobre la traición y la corrupción. Ambos excelentes. Bien digidos, actuaciones sobresalientes, temas profundos.
Gina Rivera, de Ecuador, representó nuestro taller, que se caracteriza por ser un foro libre, donde se respira respeto y compañerismo. Manuel Rosa y Carmen Amaralis Vega de Puerto Rico, también navajeros, presentaron sus páginas y sus escritos.


Disfruté de la excursión que hicieron a las Cavernas de Camuy y al Observatorio de Arecibo, pero en especial de la compañía de Gina, Jesús, Carmen, Manuel, Norma, Alvaro, Ernesto quienes hicieron que mi hija y yo nos sintiéramos parte del grupo. Felicito a Carmen Amaralis, una de las organizadoras de este evento, por el éxito obtenido. Espero que el año siguiente haya un segundo congreso. Y que esta vez “Tallerines”, del que soy una de las coordinadoras, esté representado también.

No podemos negar la importancia y popularidad de los blogs y las páginas personales. No solo permiten una fácil publicación de textos sino una interrelación con los lectores. Interactúan además diferentes formas y medios: música, sonido, literatura, imágenes. Los mismos han sido elogiados y criticados, como ocurre por lo general cuando aparece alguna innovación, algo que atenta contra lo tradicional. Lo que no podemos negar es el alcance que éstos tienen. ¿Hubiera sido posible, sin los talleres y foros, que escritores de diferentes países, profesionales y aficionados, se encontraran en un congreso como éste? ¿Estaría siquiera en nuestras mentes que encontráramos lectores de países tan distantes como Australia, Japón o Hawai? Estemos de acuerdo o no, con sus pro y sus contra, sus limitaciones y maravillas, sus logros y fracasos, la literatura virtual llegó para quedarse.

Y aquí estoy, escribiendo en voz alta,
de mi isla al mundo,
conociendo gente real a través del mundo virtual
y llamándolos amigos.
Amén.

29 de noviembre de 2007

Buscando a Nora

Los mensajes en mi contestadora eran frecuentes:
“Comunícate, Nora. Mamá quiere hablarte".
“¿Estás hecha una falsa, Nora. ¿Ya no te acuerdas de los pobres?"
“Avísame si vas para la reunión del sábado".
“Te espero el viernes, Nora. No se te olvide".
Años recibiendo mensajes que nunca fueron contestados.
“Mañana te busco. Donde siempre".
“Gracias por lo de anoche, Nora. Te amo".
Lo extraño de todo esto es que yo no me llamaba Nora ni mis noches eran para ser agradecidas.
“Dile a tu hijo que mañana reparten las solicitudes de trabajo".
Entonces Nora no era tan joven como pensaba.
“Recuerda que te toca llevar el vodka”.
Las actividades eran frecuentes. Siempre la esperaban en algún lado. Fiestera la Norita...
“Nora, no has depositado lo de la sociedad".
¡Ay! Ahora también sus acreedores. Como si con los míos no bastara...
Fueron tantos los mensajes recibidos y durante tanto tiempo que terminé por acostumbrarme a ellos. Los borraba como una autómata, ya sin prestarles atención. Siempre supuse que su número tenía que ser muy parecido al mío. Jugué a ponerle un rostro, una familia, un amante, una vida. Pero nada más. Nora no pasó de ser un número equivocado.
Hasta que llegó un mensaje que me preocupó.
“Cuídate Nora. Te estoy velando...”
No suponía que Nora se hubiera muerto, así que eso de velarla me daba mala espina.
¿Cómo avisarle a Nora que se cuidara?
“Eso no se le hace a un hombre. Vas a pagarlo muy caro...”
¿Qué había hecho Nora? Y esa voz...la misma de aquella noche...
Brincaba cada vez que sonaba el teléfono esperando que fuera para ella. Que por lo menos encontrara un enlace, alguien que la procurara, alguien que la conociera, alguien que no fuera el hombre de la amenaza.
Pero todos los mensajes eran para mí, nadie volvió a preguntar por Nora.
Encontrar el número correcto era irrealizable. Podría estar meses cambiando cada número y la probabilidad de que consiguiera a Nora era mínima. Buscar su nombre en la guía telefónica. Sin apellido, imposible. Compré un identificador de llamadas.
Una noche, alrededor de la una de la mañana, sonó el teléfono. Algo me dijo que esa llamada era para Nora.
—Hola... sí, buenas noches... hola...
Solo oía una respiración jadeante al otro lado de la línea
—Te dije que te encontraría. Sé que estás en la casa.. y estás sola.
—¿Quién me habla? ¿A quién busca?
—¿Tan pronto te olvidaste de mí?
Era la misma voz. No sé si Nora lo había olvidado pero yo no. Me asusté tanto que colgué. No debí hacerlo pues aun no sabía el número de Nora y el de quién llamaba aparecía bloqueado. Sonó el teléfono otra vez.
—He dado con tu escondite. Pensaste que no te hallaría. Mira por tu ventana.
Miré. Por un momento, olvidé que yo no era Nora ni conocía a ese hombre . Pero allí , a lo lejos, estaba. Podría jurar que era él, el hombre de la voz, el hombre que buscaba a Nora.
Llamé a la policía, a emergencias, a la guardia municipal, a los bomberos, a cuánto teléfono me acordé que daban para estos casos. Todos me dijeron que cerrara bien la casa, que esperara por ellos, que vendrían a ayudarme. Tengo la idea que no me creyeron pues nadie vino. Total, ¿que podía decir, que una voz buscaba a Nora pero yo no era Nora? ¿Qué no tenía idea de quienes eran, ni él ni ella? Lo mínimo que me iban a decir era loca.
Mejor así porque el hombre se fue al poco rato con la vecinita del frente. No me esperaba a mí, sino a ella. Olvidé que era su costumbre de recogerla los sábados cuando salían a bailar. No era él. Esta persecución me hacía perder el sentido común y la lógica.
Al otro día escucho en las noticias por radio:
“Una mujer de cuarenta y siete años fue asesinada ayer por su novio quien luego se suicidó. Edgardo Sepúlveda, de cincuenta años, mató anoche a Nora Quintero, en la casa donde vivía la hoy occisa con su hijo. Aunque el joven dice que nadie llamó a su casa esa noche, Sepúlveda aún tenía en su poder un celular con el que se presume trató de comunicarse con la víctima. En el teléfono del asesino estaban registradas tres llamadas hechas poco antes de lo ocurrido que serán parte de la investigación.”
Sentí tambalearse mi mundo. Tres llamadas. Recordaba haber respondido a dos. ¿Habría entrado otra después de acostarme? Miré la máquina contestadora. Parpadeaba. Un mensaje recibido. Temblando apreté el botón.
“Te daré paz, Norita. No voy a molestarte nunca más".
Ya nada podía hacerse. Lloré. Aunque no lo creas, Nora, voy a extrañarte.
Sonó el teléfono. No me animo a responder.
—Por favor, deje su mensaje después del tono.
—Nora, soy yo. ¿Nos vemos mañana?

Elsia Luz Cruz Torruellas
(Siluz)