29 de septiembre de 2007


“Lo mejor de este galardón no es el poder ahora tener un premio
para lucir en mi "sidebar" sino esas palabras hermosas
que expresaron cada uno de esos queridos blogueros.
Gracias ♥”.
(Rocío en su blog “Mis nuevos-buenos aires”)

Como bien dice Rocío al pasar el galardón, lo mejor del “Blog solidario” no es el premio en sí sino lo que dice de ti la persona que te lo otorga. Y cuando uno siente sinceridad, cariño, aprecio, estas palabras adquieren un valor incalculable.
Gracias, Rocío y Xaimy, por sus mensajes pero sobretodo por su amistad. A pesar de estar tan cerca es extraño que no nos hayamos visto. La cita está pendiente, algún día será. Pero eso no es razón para decir que no nos conocemos. Desde que coincidimos hace años en aquella sala de yahoo (tan llena de recuerdos, Cabita y Bori) hemos compartido muchas experiencias. Queda un mundo por descubrir; Internet no deja de maravillarme cada día. Seguiremos creciendo, aprendiendo, expresándonos, viviendo. Espero que siempre leyéndonos.

Y paso a citarlas:

Rocío: -> "Ahora me toca a mí pasar el premio... Algunos de los que mencionaré ya han recibido el premio, pero no puedo dejar de reciprocar la ayuda, apoyo y solidaridad que han tenido con esta humilde bloguera.
Siluz - Puertorriqueña 100%, escritora, maestra de teatro, mujer cálida, transparente y tan fuera de lo común [Ichión]”. (http://mis-aires.blogspot.com/)

Xai: “La persona que me otorgó el premio es una de las mejores personas que he tenido la dicha de conocer. Su calidad de ser humano es excepcional, tiene un corazón del grande del universo, además de ser una de las personas más brillantes que conozco. Sé que este ejercicio es una cadena que debe seguir adelante, pero por esta vez voy a hacer una excepción a la regla
Mi querida madrina SILUZ, en primer lugar quiero premiarte a ti y tu blog
ESCRIBIENDO EN VOZ ALTA. Gracias, Lucy, por ser quien eres, por ser como eres y por todo lo que he aprendido y sigo aprendiendo de ti.” (http://queodisea.blogspot.com/)

Menos mal que no tengo que agradecerles hablando en voz alta sino escribiendo, porque sé que la emoción me traicionaría. Solo puedo decirles, GRACIAS.
Un beso y que Dios las bendiga y las cuide siempre.

24 de septiembre de 2007

Blogs solidarios

Sé que hay muchas personas merecedoras del premio Blog solidario y son muchos los blogs cuya lectura disfruto. Entiendo que debe seguirse la cadena y no volverla atrás por lo que quise buscar personas nuevas para otorgarlo. Selecciono a:

Rocío , joven puertorriqueña dueña del blog "Mi buenos-nuevos aires" (http://mis-aires.blogspot.com/), "Piensa" (http://pensar-2.blogspot.com/) y "Enmudecida"(http://enmudecida.blogspot.com/) He sentido su apoyo y presencia constante, su solidaridad con los blogs amigos y su intervención en varios blogs como "Herencia literaria" (http://herenciasliterarias.blogspot.com/). Mención especial merece su antiguo blog "Hada Morena" enlazado con la mayoría de los blogs que leo y donde se percibían fuertes lazos de amistad.

Xai, otra joven de mucha sensibilidad de Puerto Rico, dueña del blog "O sea.. ¡qué odisea!" (http://queodisea.blogspot.com/) y colaboradora de "Herencias literarias" (http://herenciasliterarias.blogspot.com/).

Emma Rosa, asturiana, del blog "Opiniones de una ama de casa" (http://emmarosarg.blogspot.com/) porque demuestra como de una forma sencilla se puede opinar de todo y bien. También por sus blogs: "Enmaquetando palabras"(http://emmarrosarg.blogspot.com/) donde nos regala sus escritos "y Personajes, mitos y leyendas" (http://personajesyleyendas.blogspot.com/) del Fórum Letras Libres.

Hilda, también puertorriqueña, de un blog que encontré hace poco (o más bien, me encontró ella a mí) y que me encantó por lo variado y valioso: "Los tereques de Hilda"
(http://hilda-losterequesdehilda.blogspot.com/)

A ellas cuatro, mi aplauso y este premio que yo también recibí con mucho orgullo y alegría de las manos de Claudia y Héctor para que lo copien y peguen en su blog.

20 de septiembre de 2007

Para siempre



El domingo, 23 de septiembre, se conmemora en Puerto Rico el Grito de Lares. Lo que fue en 1868 un acto de emancipación del imperio español es hoy un acto de reafirmación patriótica contra el imperio estadounidense. Con un total menosprecio por nuestros días patrios, fue además hace dos años el día escogido para asesinar a uno de nuestros más bravos combatientes: Filiberto Ojeda Ríos. En otro abuso de poder, de brutalidad, de falta de respeto por la vida ajena y los sentimientos y valores del pueblo puertorriqueño, EL FBI irrumpió en el hogar del luchador independentista y sabiendo que estaba herido de muerte, lo dejó morir desangrado.

Van, Comandante, mis respetos para usted y su viuda, con este sencillo homenaje a su memoria.

Para siempre

“Le dije 'te entrego mi corazón y mi vida’
y su respuesta fue:
'te entrego mi corazón porque mi vida es para la patria'.”
Elma Beatriz Rosado


“¡Lo mataron, lo mataron!”

El grito retumbó por toda la isla. La reacción general fue de incredulidad. Tras quince años prófugo parecía ser invisible, indestructible, inatrapable. Los prepotentes quisieron demostrar que no lo era y lo hicieron inmortal.

“Se lleva a cabo un gran operativo; cientos de agentes han atacado por sorpresa un tranquilo y apartado barrio del oeste.”

Tembló al escuchar las noticias. Eran tan imprecisas. Le preocupaba ella, su amiga de la infancia, esa jovencita a quien no veía hace mucho tiempo y quien abandonó todo para irse con él al clandestinaje. Esa muchacha, estudiante de leyes, practicante en uno de los bufetes más importantes de la capital, con un futuro prometedor el cual ella pensó entonces que había echado por la borda.

“Rodearon la casa. A ella la sacaron herida. El está adentro.”

Circulaban rumores y especulaciones. Progresaba la tensión y el desasosiego. ¡Esto no podía estar pasando! Se habían criado juntas, compartido juegos, muñecas, libros, pinceles, travesuras, secretos. Juntas descubrieron palabras prohibidas, juntas rebuscaron temas tabúes, juntas soñaron con el galán de turno, juntas aprendieron a bailar y coquetear, juntas pasaron de la niñez a la adolescencia... siempre juntas. Hasta que lo conoció.

“Han controlado todo el área. No dejan entrar ni salir a nadie. Hay francotiradores en los helicópteros.”

Entonces las confidencias fueron imposibles y los silencios, inquebrantables. Ya no era capaz de leer en sus ojos ni adivinar sus pensamientos. Los temas de conversación eran otros: injusticias, imperialismo, coloniaje, patria, presos políticos, guerra, paz, socialismo, lucha, amor, libertad, revolución. Hasta que se fue sin decir adiós.

“La dejaron salir. Ella está bien; él, muerto. Desangrado. ”

Su amiga de siempre. A que precio tan alto la recuperaba. La ve en el noticiario, el dolor reflejado en el rostro. Sabe que tiene que vivir para que el pueblo se entere de lo ocurrido. Es lo único que ya puede hacer por su maestro, por su compañero, por el héroe de la patria. Es dueña de la verdad y tiene que transmitirla.

“Quisieron hacerla arrodillar. Ella se negó. Él no se lo hubiera perdonado. Entonces la tiraron contra la tierra. Más de 100 tiros desde lo alto. Uno lo alcanzó. ”

El pasó a la eternidad, junto a Albizu, a Bolívar, a Sandino, a Guevara. Ella, que lo acompañó, lo comprendió, lo amó, no se conformará con llorarlo.

Se oye una canción de Silvio: “...te amaré si estoy muerto, te amaré el día siguiente además...”

Se ha visto obligada a renacer, a volver a la luz. Tiene que caminar con la cabeza en alto por la ruta marcada con su sangre. Hoy, aún en soledad, se ve segura, luchadora, decidida, con el inmenso orgullo y la responsabilidad de ser la viuda del Comandante.

18 de septiembre de 2007

PREMIO BLOG SOLIDARIO

Hace unos días, Claudia, mi amiga
del taller literario Tallerines,
desde su blog "La perla de Janis"
me otorgó el premio Blog solidario:
"Elsia Luz, de Puerto Rico, por su blog "Siluz" http://www.siluz.blogspot.com; escritora, medio argentina también, porque adoptó este país. Pensé en ella por su calidad de persona, su dulzura, sus cuentos, su buena predisposición para con los demás."
Ella recibió el mismo de manos de Marcela del blog "Mujeres de 40 y más" (http://www.mujeresde40.blogspot.com/).

Hoy tengo doble alegría, pues mi amigo Héctor
de Hectoriadas-Ficciones y realidades
me otorga el mismo premio:
"Claudia me dio el premio Blog solidario, que es un premio que circula de mano en mano, o sea, el que lo recibe tiene que otorgarlo a otras personas. A quienes se destacan por algo, a nivel personal o general, a aquellos que te hacen bien...yo te elegí a ti para el premio, siempre y cuando estés de acuerdo. Mi abrazo. Héctor"
Solo puedo responder a sus palabras con una de las más lindas que conozco: ¡Gracias!
Un beso y asumo la tarea de pasarlo en los próximos días.
Una vez más, gracias, muchas gracias.

15 de septiembre de 2007

Basquencuentro

Entre el deporte y la literatura

Mucha gente me ha comentado que no les cuadra que una persona que le gusta tanto leer y escribir se apasione por el deporte, sobretodo por el baloncesto. No creo que una cosa impida la otra sino que hasta ambas aficiones pueden unirse. Para muestra, basta un botón.


Basquencuentro
Siluz


Arroyo se prepara, tira de tres y.. ¡encesta! La ventaja es para Puerto Rico: 21-18”

La imagen era frecuente: el televisor en el patio y toda mi familia alrededor para ver el partido de baloncesto. Un evento crucial: la oportunidad de la isla para participar en las Olimpiadas estaba en juego: tenían que ganarle a Canadá. Entre picadera y cervezas , los gritos de mis tíos eran descomunales cada vez que uno de “los doce magníficos” anotaba.

“El rebote es para Peter John, la pasa a Barea, la recibe Ayuso, tira y.. ¡encesta!”

Cualquier partido era una excusa para que se reunieran todos. La abuela seguía con ahínco cualquier partido de béisbol, pelea de boxeo y hasta competencias de natación o pista y campo. Pero se desvivía por el básquet. Fueran Juegos Centroamericanos, del Caribe, Panamericanos, Mundiales, Olímpicos, del Sistema Solar, de la Vía Láctea o más allá, ¡no importa!
Allí estaba ella para vitorear al equipo nacional.

“Terminada la primera mitad, los boricuas se van al camerino con solo un punto de ventaja”

En el intermedio, la familia se dispuso a comentar estrategias, a criticar árbitros, a sentar jugadores, a activar a otros, a dirigir a distancia. Yo me disfrutaba toda aquella efervescencia pues la emoción colectiva era tanta, cual si ninguno de nosotros fuera a sobrevivir si Puerto Rico perdía esa noche.

Fue entonces que lo vimos. Entre la pasión por el básquet y el bullicio, nadie había advertido la presencia de ese hombre. De unos seis pies de altura y unos setenta años, no era conocido de ninguno de nosotros .

—El tercer parcial es fatídico. Ahí se nos acaba la gasolina —comentaba la abuela cuando sus ojos se toparon con los de aquel hombre. La vimos enmudecer y de momento exclamó—: ¡Felipe! —El hombre no se movió, pensé que temía acercarse, vi que sus manos temblaban y la voz se le quebró cuando dijo—: ¡Rosa!

¿Rosa? A Abuela siempre la llamábamos la abuela, aún los que no eran sus nietos, pero que yo supiera su nombre era Blanca. Seguro que aquel desconocido la confundía con alguien. Pero ¡no! Dio varios pasos hacia él, ademán que le dio valor para acercarse y fundirse ambos en un largo abrazo. Y al mirarse no se vieron pues los dos tenían la vista nublada en lágrimas.

“Puerto Rico termina el tercer parcial con una cómoda ventaja de 58-43”

Los seguí al balcón. La atención de mis tíos y mis primos volvió al partido. La voz del narrador dominaba sobre la algarabía reinante. Mi abuela ya no lo escuchaba. Jamás la vi separarse de un juego antes.

—Tantos años, Felipe. Es increíble que estés aquí.
—Más de cincuenta años, Rosa. Lo sé. Supe que habías enviudado y...
—Te fuiste entonces. Querías jugar baloncesto en Estados Unidos. Desapareciste. Nunca supe más de ti.
—No tuve suerte. La vida me llevó por otros rumbos. Al principio me fue mal, Rosa, muy mal. Años después me enteré que te casaste y ya no tenía sentido regresar.

“Jugada de tres puntos de David Thomas de Canadá acerca el marcador 66-61”

La familia estaba histérica. Puerto Rico desperdició una ventaja que llegó a ser de diecinueve puntos. ¡ No era posible una derrota! La abuela seguía ajena a todo. Los vi perderse en la oscuridad. Ya no pude escuchar sus palabras pero lo que no oí lo imaginé.

“¡Se acabó el juego! 72-66: ¡victoria para Puerto Rico!”

Expresiones de júbilo estremecieron el aire. Canadá nos hizo pasar un buen susto cuando ya creíamos el juego decidido. Una velada inolvidable, sin duda. Esa noche descubrí que el nombre completo de mi abuela era Blanca Rosa. Que pude haber tenido un abuelo llamado Felipe. Y que el partido no termina hasta que llega el segundo final. Tampoco la vida.


Elsia Luz Cruz Torruellas
13 de septiembre de 2007


Publicado en "Ser abuelo" Relatos 3 (Antología - Literando's 2008)

11 de septiembre de 2007

Mi "Roosevelt" viejo

¿Dónde está el aljibe, dónde están tus patios,
dónde están tus rejas?
Volverás al piano,
mi hermanita vieja,
y en las melodías

vivirán los días claros del hogar.
(Cátulo Castillo, Caserón de tejas)

Ya mis amigos se fueron casi todos
y los otros partirán después que yo.
Lo siento porque amaba su agradable compañía
mas es mi vida tengo que marchar.
(José Feliciano)

Mi mundo de infancia era muy pequeño. Constaba de tres o cuatro calles, un colegio, una iglesia, un parque. A pesar de que salíamos a menudo a conocer lugares de la isla, aquellas pocas calles eran únicas porque eran mías y juntas formaban mi pequeño pueblo.
Allí, las personas de siempre.
En la esquina, Lolita, quien me llamaba cada vez que hacía bizcocho o polvorones. Vivía con su hermana Ana Luisa, ambas solteras. Los gritos de Lola rompieron la noche el día que Ana murió. Gritos desesperantes que más tarde se convirtieron en lamentos de soledad.
De vecinos inmediatos teníamos a Don Chago y doña Panchita. Ella, seria; el bonachón. Con ellos descubrí que a las personas también las seca el tiempo. Al otro lado, doña Nicolasa. Era la abuela de mi amiga Ligia y era tan estricta que hasta le temíamos un poco. Un día se fue de viaje: sin partir ni regresar. Tuvo una caída en el aeropuerto que la sumergió en un sueño eterno. No sospechábamos que Kiki, su nieto, nuestro amiguito menor, la seguiría, víctima de una pelea fatal, en plena juventud.

Cruzando la acera, Doña Concha, una señora negra y menuda, que a pesar de sus muchos años conservaba su agilidad. Tenía una nieta, Elisa, varios años mayor que mi hermana y para quién, sospecho ahora, éramos sus muñecas. Un día dejó los juegos por la vida y se fugó a ser mujer.
Visitaba cada casa, una noche por mes, la imagen de la Virgen en una urna de madera. El turno tras el nuestro era de una anciana de grandes ojos claros posados en una cara cadavérica. Doña Mercedes no le abría la puerta a nadie después de las seis de la tarde por lo que teníamos que evitar que nos ganara la noche. Yo iba con Mami a entregarla, nunca sola, porque apenas osaba mirar aquellos ojos hundidos que parecían robarle días a la muerte.
A su lado, un matrimonio: doña Nieves y Don Emiliano, los abuelos de esa primera ilusión de amor , que es eterna, aunque termine. El no pudo vivir sin ella y tras ella se fue en silencio a la eternidad. En esa misma calle, Monsín, con sus ataques nocturnos de histeria que oíamos atónitas en casa y doña Angelita, la de la amplia sonrisa. Más arriba, Irma, en su salón de belleza, quien soñaba con que su niñita, hoy abogada, tuviera mi edad para peinarla (¡cuán grande me sentía entonces!) y Adelita, que practicaba en mi pelo largo los peinados que aprendía en la academia. El Sr. Venegas, dueño de un carro azul deportivo, envidia de los muchachos, y de un perro labrador, Bob, que salía a ladrarnos cuando pasábamos camino a Misa. Toñita, la española, en la casa del frente. Para mí ella era un acento extraño, un marcapasos, (ni idea de que era eso) y una media tejida llena de dulces el Día de Reyes. Y Mary Piñol, quien iba a ponerle a diario las inyecciones de insulina a mi abuelo, llena de relatos y anécdotas. Pero en cuentos, nadie se ganaba a mi abuelo Juan, protagonista de todas las aventuras y conquistador de las brujas. Jamás me hubiera imaginado yo que aquellas marcas en los brazos eran cicatrices de vacunas y no las huellas de los dedos de ellas al sujetarlo en una lucha violenta.
Y entre todas esas personas estábamos mi hermana y yo, en nuestro palacio, protegidas por mi tía y mi madre y mimadas por la abuela. Mi abuelita Esperanza... La consideré siempre la más buena, la más linda, la mejor cocinera, la que más refranes y adivinanzas sabía y la mejor hacedora de papelillos. Era la típica abuelita: gordita, con su pelo largo blanco peinado en moño, tejiendo en su sillón o haciendo crucigramas, con unos espejuelos que hacían ver sus ojos aún más grandes y claros y con cientos de poemas en su memoria. Pero también se fue, como se fue Mami años después, como se han ido casi todos a formar esta comunidad en el cielo.
Hoy mi pequeño pueblo se va convirtiendo en uno fantasma. Solo quedan las casas; muchas convertidas en negocios, otras, cerradas. La de Doña Adela se convirtió en una tienda, la de la otra Doña Mercedes en una enfermería, la de Tuti en una oficina escolar y hasta el pequeño convento, con su capilla al Niñito de Praga a quien las monjas cambiaban de ropa, es hoy una estación de radio. ¿Adónde fueron mis amigos? Cuando nos reuníamos en alguna casa, en la biblioteca, en el cine (¡curiosa forma de hangar!), en el parque, en las Niñas Escuchas, en las Hijas de María, en la JAC, pensábamos que nunca nos alejaríamos. El atrio de la Iglesia de La Merced, era nuestra plaza; sus fiestas parroquiales eran nuestras patronales. Estudiamos juntos todos los grados, compartimos todas las etapas, reímos y lloramos juntos, conocimos el amor y la muerte. Nos hicimos adultos sin darnos cuenta. Y casi todos abandonamos nuestro Roosevelt.
Pero mi recuerdo sigue allí, en la casa grande, aún rodeada de árboles, con su verja de granadas y su semáforo de ferrocarril. Encerrado en ella encuentro el espíritu maternal que hoy extraño tanto. Aún veo a mi madre recibiéndome en el portal y siento en cada esquina su presencia, su sonrisa, su alegría, su entusiasmo, su paz, su fe. Permanece en esa casa la ilusión, la fantasía, la inocencia de una infancia que ella supo hacer feliz.


A Sandra, mi hermana, a quien siempre traté de imitar,

a Ligia, mi amiga, con quien jugué, peleé, reí y lloré,
a Titi, quién es hoy el tronco de aquel hogar.


Elsia Luz Cruz Torruellas


Urb. Roosevelt está ubicada en Hato Rey,
Río Piedras (San Juan de Puerto Rico)

video
Caserón de tejas (Canta: Gina María Hidalgo)

5 de septiembre de 2007

TATA

—Vístete, Piru, que vamos para casa de Tata.

Oír eso y estar lista era simultáneo. Aquella finca para mí, criada en una urbanización de la ciudad, era sinónimo de aire, naturaleza, sueños, libertad. No quedaba lejos, lo sé ahora, pero el ambiente era tan distinto que hubiera jurado que cruzábamos alguna frontera. Anunciaba nuestra llegada Chispita, la perrita de turno. No sé cuantas conocí, pero nunca faltó una chihuahua con ese nombre. A la entrada, una hilera de árboles de María que conducían a una casa de madera rodeada de miramelindas. Afuera, un buzón amarillo con letras negras que decían “El Mundo” y un “coroto” colgando de una rama que Tata llenaba de azúcar para que comieran las reinitas. El techo a dos aguas sobre dos habitaciones amplias, una de las cuales eran “mis aposentos” cuando pernoctaba allí. Entonces me sentía princesa y dueña de aquel reino cual protagonista de cuento de hadas. Luego a dormir escuchando la nana de los coquíes para despertar con el canto de los bienteveo. Hoy, ya nada es lo que fue. No se publica “El Mundo’ ni ladra “Chispita”. Tampoco hay casa, ni finca... ni Tata.

Nació a principios del siglo XX en Maracaibo y fue bautizada Romelia Elena. Desconozco cuándo llegó a Puerto Rico pero contaba que conocía a mi madre desde niña. Eso me parecía fascinante, no porque entendiera el valor de esa amistad eterna sino porque para mí era increíble que Mami alguna vez hubiera tenido cinco años. Me intrigaban el acento que nunca perdió, su elegancia, su carácter. Muchos la tildaron de gruñona, antipática, estirada pero jamás de hipócrita. Sus relatos del caserón de la hacienda venezolana, de muchos hermanos a la mesa con el padre a la cabecera, de correr a caballo sin silla, de bohemias, me transportaban a un mundo desconocido. Bebía, fumaba y relataba aún con orgullo rebelde que huyó de su casa cuando no le permitieron cortarse el pelo, quitarse el corsé ni cantar acompañándose con guitarra. Su aire misterioso se acrecentaba al narrar haber sido reina del Carnaval del 28 y haber perdido a su primer esposo en el accidente de Gardel. Después, su matrimonio con Mariano, tirar el ancla en Borinquen y dejar de ser Romelia para convertirse en Doña Melly. Yo la llamé siempre Tata. Entonces yo era Piru (para mi familia, aún lo soy). —Debieron llamarte Siluz —comentaba mezclando mis nombres. No sospechó, ni yo tampoco, que Siluz nacería casi medio siglo después.

Pero llegó la autopista. La red de carreteras de la isla se modernizaba. Fue la única vez que la vi llorar. —Nos expropian. Por aquí justo pasará el expreso.

Y con el progreso se fue mi reino mágico. Aquella finca desapareció en el tiempo. Como Tata. Como mi niñez. O quizás no, miento. Las tres permanecen intactas en mis recuerdos de mujer, aún con sueños e ilusiones, aún con fe.

Elsia Luz
(Siluz)